Golpes de Estado

Eleazar Díaz Rangel.

Si yo les preguntara, ¿si recuerdan un golpe de estado? Los de mayor edad seguramente me hablarán del que hubo aquí (en Venezuela) el 24 de noviembre de 1948 cuando tumbaron al maestro Rómulo Gallegos y otros recordarán el del 11 de septiembre del 73, cuando derrocaron al presidente Salvador Allende en Chile.

 

Hubo dos circunstancias diferentes; en el de Chile, como está demostrado en miles de documentos desclasificados, intervino abierta y descaradamente EUA, a través de la CIA y altos funcionarios comenzando por el presidente Nixon y el secretario de estado Kissinger, y en segundo lugar, por la criminal represión que hubo seguidamente, con miles de muertos y desaparecidos.

Pero hubo más recientemente, otros dos golpes atípicos, que en absoluto se parecen a esos dos: el que derrocó al presidente Manuel Zelaya en Honduras (28-6-2009), con la complicidad de los otros poderes, y el que desplazó del poder al padre Fernando Lugo en Paraguay (23-06-2012) , que por sus características fue llamado «golpe constitucional».

Según lo que se ha denunciado aquí, el que se fraguaba en Venezuela no se parece a ninguno de los cuatro, no era un golpe típico, ni uno atípico con aquellas características. Este tenía otras modalidades, acaso impredecibles, en realidad, no se sabía cuál podía ser su desarrollo ni su desenlace.

Tal como se ha informado, un avión Tucano, con fuerte capacidad de ametrallar y de bombardear, piloteado por algunos de los oficiales de la Fuerza Aérea Militar detenidos, volaría el 12 de febrero sobre La Victoria, donde el presidente Maduro estaría en los actos del Día de la Juventud con algunos ministros y diputados. El piloto tendría como blanco el grupo presidencial. Se pueden imaginar el caos que generaría y como inmediatamente se difundiría informaciones de la muerte del presidente y varios ministros, lo que incrementaría la confusión, en La Victoria, en Miraflores, y es en esas condiciones donde seguramente surgiría un equipo dispuesto a anunciar que asumirían el poder, etc.

Es impronosticable lo que sucedería después. Depende de muchos factores, incluyendo la acción de los militares, intervención de EUA, capacidad organizativa y de respuesta del gobierno y del PSUV para reaccionar, de los sindicatos, etc. Tampoco sabemos cuáles serían los compromisos y la fuerza de los grupos más radicales de la oposición. El futuro está lleno de interrogantes e incertidumbres. Este golpe es más atípico que los anteriores.

En todo caso, el presidente Maduro ha sido reiterativo en sus advertencias, y ha pedido a los partidarios del proceso a no bajar la guardia.

El Minci informó cómo en los meses de enero y febrero se han producido 67 declaraciones intromisiones de altos funcionarios de Estados Unidos, a razón de más de dos cada día, proporción que supera los habidos en ese mismo periodo del año anterior, y de cualquiera otros dos meses.

Lo que más preocupa no es la acción de los involucrados locales, ni los planes descubiertos, sino la palabra de Washington, tal como las ha cuantificado el Minci. El presidente Daniel Ortega fue clarito en su intervención del viernes en la asamblea de Petrocaribe. El imperialismo no cambia, es que no puede cambiar, es inherente a su naturaleza, pues sino dejaría de ser imperialismo, y hoy está apuntando a Venezuela. Aquí sabemos bien que tiene como propósito aislar a Venezuela, ha hecho esfuerzos Con los países angloparlantes del Caricon en ese sentido y los seguirá haciendo. Y esto es realmente lo que debe preocuparnos a todos, y en primer lugar, al gobierno.

«Yo no desestimo ninguna amenaza; al contrario, le pido al pueblo que esté muy alerta y muy pendiente, porque Estados Unidos en su política ha demostrado que no juega, amenaza y lo hace», le dijo Diosdado Cabello a José Vicente Rangel en reciente entrevista en Televen.

Están avisados.

Torcer el brazo

Primero fue el presidente Obama, quien dijo una frase que las agencias noticiosas tradicionales (AP, Reuters, AFP, etc.) nunca difundieron y se conoció gracias a la rusa RT: amenaza con torcer el brazo a aquellos estados que no quieran hacer lo que Estados Unidos quieran que haga. Así de descarado fue.

Amenazas como estas ya se han cumplido históricamente en decenas, seguramente centenares, de situaciones, entre ellas en América Latina. Cada vez que hubo un gobierno que desatendiera sus orientaciones, que no hiciera lo que Washington quería, sencillamente le torcían el brazo, lo hacían chillar, hasta desaparecerlo de la faz de la tierra. Nuestra historia está llena de esos episodios. El más dramático de todos fue el de Chile en 1973, que se prolongó por varios años. Con dos características, una, que está documentado todo el proceso desde 1970, cuando Salvador Allende ganó las elecciones, hasta el 11-10-73 y porque nunca en la región hubo una dictadura tan severa y brutal como la que impuso Pinochet en Chile.

Luego habló el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, como si se hubiera puesto de acuerdo con Obama dijo muy clarito, como si quisiera darle un espaldarazo a las amenazas de torcer el brazo: «La soberanía de los estados no puede frenar a la comunidad internacional. Ya es hora de actuar para prevenir conflictos o proteger a la población».

Era la ONU la que abría las puertas a la intromisión extranjera.

La respuesta está en el Plan de la Patria, donde se fijó uno de los objetivos nacionales: contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual tome cuerpo el mundo multicéntrico y pluriplural que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria.

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