Sociedad Geológica de Estados Unidos: Habrán más terremotos en el 2018

Roger Bilham, sismólogo de la U. de Colorado en Boulder (EE.UU.), y Rebecca Bendick, también sismóloga, pero de la U. de Montana, en Missoula (EE.UU.), presentaron este fin de semana un estudio en la reunión anual de la Sociedad Geológica de EE.UU. El informe señala que debido a la disminución en la velocidad de rotación de la Tierra, durante 2018 se verá aumentado considerablemente el número de terremotos. 

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España fumiga sus cielos para cambiar el clima

“El cambio climático y el calentamiento global son generados artificialmente, usando para ello el método de geoingeniería militar llamado ‘Chemtrail’. Recientemente ha estado circulando por la red una noticiaen la que se vincula a los meteorólogos españoles con una entrevista en una radio informando sobre el uso de prácticas para modificar el clima en España.

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El cocodrilo gigante que tenía la dentadura de un Tiranosaurio Rex

Restauración paleoartística del Razanandrongobe sakalavae alimentándose del cadáver de un saurópodo. Fabio Manucci

La isla de Madagascar es un auténtico oasis de conocimiento sobre los grandes saurios que poblaron este planeta. Desde un joven titanosaurio perfectamente conservado, hasta el descubrimiento de nuevas especies carnívoras, la isla del sureste africano acumula miles de secretos sobre la biología de las especies y su evolución. Pero también atesora secretos sobre los monstruos depredadores del pasado. Y hoy se desvela uno de ellos: el que corresponde al carnívoro terrestre más grande que habitó Madagascar durante el Jurásico Medio.

Se le conoce como “Razana”, y era un antepasado del Sarcosuchus, el cocodrilo gigante del Cretácico que devoraba dinosaurios. Pertenece al suborden de los Notosuchia, unos cocodrilomorfos de los que se sabe muy poco al respecto de su origen y temprana evolución, y cuya existencia se desconocía -hasta ahora- en el período Jurásico. Pero una nueva investigación sobre fósiles en Madagascar, publicada en la revista PeerJ por un equipo de paleontólogos liderados por el doctor Cristiano Dal Sasso, ha arrojado algo de luz sobre la brecha evolutiva de un millón de años entre ambos reptiles.

Las profundas y gigantescas mandíbulas del ‘Razana’ estaban armadas con enormes dientes serrados, y eran muy similares en tamaño y forma a las del temible Tiranosaurio Rex

Una combinación de características anatómicas identifica claramente al Razana como a un cocodrilomorfo del periodo Jurásico, cercano a las familias de los Baurusuchidae y los Sebecidae sudamericanos; unos depredadores que estaban altamente especializados en los hábitos terrestres, y que se diferencian de los cocodrilos actuales debido a su denso cráneo y a sus poderosas y rectas extremidades. El nombre completo del Razana es Razanandrongobe sakalavae, que significa “lagarto gigante antecesor de la región de Sakalava” en malgache.

Las profundas y gigantescas mandíbulas del Razana estaban armadas con enormes dientes serrados, y eran muy similares en tamaño y forma a las de los dinosaurios terópodos y, especialmente, a las del temible Tiranosaurio Rex. Estas mandíbulas son una notable evidencia de que, posiblemente, estos reptiles se alimentasen de tejidos orgánicos duros, como huesos y tendones.

“Al igual que los cocodrilos gigantes del Cretácico, el Razana pudo haber rivalizado incluso con los dinosaurios terópodos, aquellos que se encontraban en la cima de la cadena alimenticia”, dice Cristiano Dal Sasso, el investigador del estudio, que trabaja en el Museo de Historia Natural de Milán. A su vez, el análisis filogenético de este reptil indica que es una especie muy distinta de cualquier otra conocida en el género Notosuchia y que, de hecho, contribuye a rellenar el vacío de la evolución de este grupo, cuya estela se pierde en el Jurásico.

El Razanandrongobe sakalavae es, de lejos, el más viejo -y posiblemente más grande- representante del Notosuchia, y su existencia documenta uno de los más tempranos sucesos de crecimiento corporal exacerbado en conjunto al historial evolutivo de este grupo. “Su posición geográfica durante el período en el que Madagascar fue separado de otras masas terrestres sugiere la existencia de un linaje endémico. Al mismo tiempo, es incluso una señal mayor de que el suborden de los Notosuchia fue originario del sureste de Gondwana [el supercontinente que resultó de la partición en dos de Pangea]”, remarca el coautor del estudio, Simone Maganuco.

Fuente: El País

Las cámaras del futuro podrían funcionar como el cerebro de una abeja

El cerebro de las abejas percibe el color de una manera única, y por ello se está estudiando para integrar en las cámaras fotográficas

Pese a que normalmente se considera a las abejas una máquina de producir miel y de extender polen para fertilizar plantas, ahora mismo tienen también un interés especial como máquinas de catalogar colores. Y esto es lo que podría hacer que el mundo de la tecnología se volcara en estudiarlas.

Un grupo de investigadores ha publicado recientemente un interesante estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) sobre cómo estos insectos perciben el color y aseguran que sus descubrimientos podrían ayudar a crear mejores. Si se atiende a cómo funcionan los cerebros de las abejas, se podría conseguir una nueva forma de procesador el color y, por lo tanto, conseguir mejores fotos y vídeos.

El origen de este estudio está en la falta de consenso en la comunidad científica con respecto a cómo una abeja sabe que ya ha estado en una flor, pues los insectos nunca se repiten pese a los cambios en la luz ambiente. La solución más aceptada es que, como el ser humano, las abejas tienen un grado de adaptación cromática, esto es, que saben que algo es rojo pese a estar iluminado con una luz de otro color.

Sin embargo, este estudio sugiere que las abejas utilizan sus dos ojos (ojos complejos) para observar los colores, pero luego emplean sus tres ocelos (ojos simples en la parte superior de la cabeza) para identificar la luz ambiental y corregir su percepción de lo que están viendo.

Las terminaciones nerviosas de los ocelos están conectadas con el centro de visión del cerebro de la abeja, de modo que participan plenamente en el procesado de imágenes, y ahí es donde los científicos creen que podría haber un nuevo avanza en la forma en que se desarrollan las ópticas de las cámaras actuales.

La cámara es actualmente uno de los componentes más importantes de los teléfonos móviles, y cada vez más dispositivos las integran, ya sean drones o robots, por lo que un avance en la manera en que se reconoce y procesa el color ayudaría a crear mejores dispositivos en general.

Fuente: El Mundo