El odio y la ignorancia de Luis Almagro

Elso Concepción Pérez

Luis Almagro da muestras cada día de hasta dónde puede llegar una persona dominada por el odio, a la vez convertida en un vocero del anexionismo en América Latina.

La semana pasada llamó a una acción militar contra Venezuela y ahora compara a la nación bolivariana con Ruanda, el país africano que estremeció al mundo en 1994, cuando casi un millón de hijos de esa tierra murieron a causa de enfrentamientos entre dos facciones étnicas: los Hutus y los Tutsis.

Si acudimos a la historia, en la nación bolivariana no hay ni uno ni otro grupo étnico, y si existe confrontación, es entre una derecha recalcitrante, aupada y financiada por Estados Unidos, con el ingrediente anexionista de los llamados a la guerra del señor secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), y un pueblo noble que está decidido a no someterse a los designios de Washington.

Pero, además, sus últimas apariciones –esta vez a través de tuits– dan fe de que este señor es un ignorante de la historia y por ello llega a comparar a Venezuela con Ruanda, y llama a sus seguidores a no permitir lo ocurrido en la nación africana. Sería bueno preguntar a Luis Almagro quiénes son los Hutus y quiénes los Tutsis, que en su dominio de la antihistoria él cree que existen en Venezuela. Que explicara, al menos someramente, un solo elemento para comparar ambos escenarios.

O es que, con sus llamados a una intervención militar foránea, que ha hecho reiteradamente, lo que pretende es una masacre al menos parecida por su trágico desenlace, aunque ahora diga que sus palabras «fueron manipuladas».

Para sus trasnochadas diatribas contra Caracas y el presidente Nicolás Maduro, trajo a su imaginario datos que ni siquiera la Organización Mundial de la Salud reconoce. Y cito: «Un niño por día se muere de desnutrición infantil en Venezuela. Eso es una campaña de exterminio. ¿De qué estamos hablando? ¿Eso es lo que defienden? ¡Por favor! Defienden dictaduras, defienden opresión, defienden represión, defienden torturas, defienden torturadores, defienden a los asesinos, a aquellos que violan a los presos políticos. Eso es lo que están defendiendo. ¡Por favor! ¡No sean ridículos! ¡No sean imbéciles!», remató el personaje de la OEA.

Del bloqueo y otras sanciones de Estados Unidos contra Caracas, de la guerra económica que están alentando desde el exterior, ni una palabra salida de la «sabiduría» del personaje.

Envalentonado, el Sr. Almagro, además de no saber lo ocurrido en Ruanda, se empeña en ignorar que Venezuela es el segundo país latinoamericano declarado Libre de Analfabetismo. Que allí a ninguna persona y mucho menos a los niños, les faltan los servicios de salud de calidad y gratuitos. Que es el país del mundo que más viviendas ha construido para su pueblo, con cifras que superan los 2 millones solo en los últimos años.

¿De qué habla Almagro? ¿Cuál es la fábula inventada ahora? Hace unos años escribí, junto a otra periodista cubana, un libro que se llama Dios, Chávez y Fidel, con decenas de testimonios de venezolanos de las capas más humildes de la población a los que la salud pública venezolana y la solidaridad cubana les han salvado sus vidas. En todos los casos ellos expresan lo que ha significado la Revolución Bolivariana, cómo miles han salvado sus vidas y de ello daban las gracias al Dios, en quien tienen fe, y a los líderes de su país y de Cuba.

Si al personaje de la OEA y al imperio les interesara, podría obsequiarles un ejemplar del citado libro, y les agregaría algunos materiales periodísticos sobre lo ocurrido en Ruanda en 1994, con la recomendación de que un político debe leer, leer mucho. De lo contrario es un analfabeto funcional. Y ese término es algo obsoleto en naciones latinoamericanas beneficiadas por el método cubano de alfabetización Yo sí puedo. También le podemos hacer llegar una cartilla de ese programa, de manera que se incorpore a los millones de alfabetizados.

Ruanda está en la empobrecida África, allí donde las metrópolis han saqueado sus recursos y ahora hasta les niegan a sus ciudadanos la posibilidad de que emigren a ellas en busca de algo que no sea el hambre y las enfermedades.

Ruanda fue un capítulo de una historia de conflictos entre tribus, sectas y otros componentes étnicos, en territorios que fueron colonias –antes esclavizados– y donde al ser humano se le negaba el acceso a la educación, la salud, el agua potable y otros programas sociales. La historia recoge que los tutsis, en su mayoría ganaderos, fueron favorecidos por los colonialistas alemanes y luego por los belgas, en detrimento de los hutus.

Se estima que entre un 20 y un 40 % de la población de Ruanda fue masacrada. Durante el periodo colonial, los tutsis eran quienes conformaban el gobierno, bajo el control de Bélgica. Una vez llegada la independencia de Ruanda, en 1962, se instauró un gobierno liderado por los hutus que buscaba invertir los roles heredados de la etapa colonial. Le recuerdo al señor Almagro que durante los cien días que duró el genocidio en Ruanda, Estados Unidos se limitó a definir la masacre como una «guerra civil». ¿Sabrá algo de estos datos el señor secretario general de la desprestigiada OEA?

Julian Assange, refugiado político

El 28 de marzo, el gobierno ecuatoriano confirmó que había incomunicado a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, en represalia por un tuit. En dicho tuit, Assange había equiparado el arresto del presidente de Cataluña Carles Puigdemont, en Alemania y a pedido del gobierno español, con el arresto en 1940 del presidente catalán Lluís Companys por la Gestapo. Companys fue deportado a España y ejecutado por el gobierno fascista de Franco.

Según el gobierno ecuatoriano, Assange había acordado no interferir en asuntos de política exterior mientras estuviera en la embajada ecuatoriana en Londres. ¿Pero bajo qué punto de vista el tuit de un periodista representa “injerencia” en política extranjera? Argumentar que un tuit de Assange es injerencia en asuntos extranjeros equivale a negarle la libertad de expresión a uno de los periodistas y editores más destacados de la última década. Recordemos que WikiLeaks publicó en los últimos diez años más información secreta que todos los demás medios de prensa combinados sobre tratados comerciales, vigilancia masiva, ataques contra civiles, torturas y asesinatos cometidos por los gobiernos de EE.UU. y otros países en Irak, Afganistán, Yemen, Siria… Gran parte de las revelaciones fueron proporcionadas por denunciantes de conciencia, como Chelsea Manning, quienes pusieron en riesgo su vida y su libertad en defensa del derecho de la gente a estar informada, a saber la verdad.

El gobierno de Ecuador al otorgarle protección en su embajada en Londres hace seis años demostró su apego y respeto a las leyes internacionales a favor de los refugiados, y resistió con integridad las presiones de Estados Unidos y del Reino Unido.

Sin embargo, tanto el anterior como el actual gobierno ecuatoriano, manifestaron en diversas ocasiones su malestar por las opiniones políticas que Julian Assange emite desde el consulado ecuatoriano en Londres. En octubre de 2016 el gobierno de Rafael Correa le cortó la conexión a internet durante la última etapa de las elecciones estadounidenses, respondiendo quizás a presiones del Partido Demócrata que consideraba que su candidata Hillary Clinton había sido perjudicada por las revelaciones difundidas por WikiLeaks sobre diversos temas: desde favoritismo en el manejo de las primarias que perjudicaron al candidato Sanders hasta acuerdos secretos con Wall Street y el rol clave que tuvo como Secretaria de Estado en la sanguinaria invasión de Libia y el golpe de Estado en Honduras.

Recientemente, el presidente Moreno le advirtió públicamente a Assange que no intervenga en asuntos políticos, poco después de que este difundiera información favorable al independentismo catalán. Moreno, quien se precia de ser una persona abierta al diálogo y moderada, no tuvo reparos en calificar a Julian Assange como una “piedra en el zapato”.

Expresiones como esta distorsionan la realidad. La piedra en el zapato sería en todo caso el gobierno del Reino Unido que persiste en desconocer el mandato de Naciones Unidas de febrero de 2016 recomendando la “libertad inmediata” de Julian Assange. El grupo de trabajo de Naciones Unidas equiparó el confinamiento de Assange en la embajada a una “detención arbitraria” y conminó al gobierno británico y al sueco a poner fin a la persecución contra el editor de WikiLeaks. Sin embargo, dos años después, el gobierno británico continúa negándose a aceptar la recomendación de Naciones Unidas y continúa poniendo en riesgo la seguridad y la vida de Julian Assange al igual que su derecho humano a estar con su familia y en libertad.

Calificar a Assange como “el problema” no es la única distorsión de la realidad. Políticos y periodistas persisten en definir como “hacker” a Assange, y a confundir el rol de un denunciante de conciencia con el trabajo de WikiLeaks. Ni WikiLeaks ni Julian Assange son denunciantes de conciencia (whistleblowers). Assange es el fundador de una editorial online que difunde las revelaciones de los denunciantes, quienes respondiendo a sus deberes como ciudadanos, exponen ilegalidades cometidas por el gobierno. Si bien tanto denunciante como editor comparten el mismo objetivo de exponer acciones ilegales cometidas por el gobierno y/o corporaciones aliadas del gobierno, según la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos -por citar el país cuyo gobierno ha abierto un juicio secreto contra WikiLeaks Assange-, un editor y un medio de prensa comprometidos con revelar la verdad deben ser protegidos, y no perseguidos.

Sin embargo, Julian Assange y WikiLeaks no solo han sido atacados por sucesivos funcionarios, desde presidentes a senadores y políticos de los dos partidos mayoritarios estadounidenses (y de la Unión Europea y de la derecha mundial), sino que también han sido atacados por la misma prensa, que en las últimas décadas ha evitado toda confrontación con el poder.

Si el gobierno ecuatoriano le quitara la protección a Assange, de inmediato Gran Bretaña entregaría a Assange a Estados Unidos. Así lo han afirmado expertos en el tema, como los periodistas Glenn Greenwald y John Pilger, al igual que reconocidos denunciantes de conciencia como Daniel Ellsberg y Edward Snowden. Esperemos que Ecuador no abandone la defensa de Julian Assange, periodista y editor perseguido por difundir crímenes de guerra cometidos por el país más poderoso del planeta. Porque si Ecuador diera marcha atrás, no solo estaría abandonando a Assange sino también al casi 10% de la población ecuatoriana que vive en el exterior, y que necesita de la protección de las mismas leyes internacionales que hoy amparan a Assange. Ecuador es un país de emigrantes, de un total de 17 millones de habitantes, más de un millón residen en Estados Unidos, España y otros países. Que su gobierno sea un adalid de los derechos humanos, crea para todos ellos un espacio de respeto en el mundo.

Todos podemos ser emigrantes, todos podemos ser refugiados en una época signada por las migraciones masivas. Y Julian Assange -a pesar de la trascendencia inmensurable de su trabajo como periodista y editor de WikiLeaks, que ha sacudido las estructuras más poderosas del mundo- es un refugiado más, un perseguido confinado en una embajada desde hace seis años, a pesar de que su detención haya sido calificada como arbitraria e injusta por Naciones Unidas. Julian Assange quizás sea como decía John Berger “el ejemplo de aquellos reducidos a escombros por resistir”. Pero que aún reducidos a escombros tienen más integridad que nadie.

 

 

 

Tillerson y la nostalgia monroista

Paradójicamente, lo más relevante del periplo del Secretario de Estado, Rex Tillerson, por América Latina no ocurrió en la región, sino en Estados Unidos. Al anunciarse su visita a México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica ya se conocía el énfasis de su agenda política: la grave situación socio-económica y político-institucional en Venezuela y la búsqueda de un esquema de tratamiento que combinara una mayor presión diplomática de varios países hacia Caracas con la amenaza de sanciones materiales estadounidenses. También, como suele ocurrir con los viajes de presidentes y cancilleres estadounidenses, su propósito era procurar más mercados abiertos para las exportaciones de Estados Unidos a la región y bajar los reclamos por las dificultades de acceso de las mercancías de la región a Estados Unidos. Como lo muestra la historia, toda gran potencia promueve el aperturismo hacia afuera y el proteccionismo hacia adentro. En épocas de declive hegemónico, las superpotencias elevan el nivel de protección interno, mientras los poderes ascendentes—tal el caso de China ahora—promueven el libre comercio. Con independencia de ciertas especificidades temáticas, como la cuestión de las drogas en Colombia, Perú y México, en el periplo de Tillerson  no pareció observarse nada realmente novedoso o promisorio.

A mi entender, lo realmente interesante ocurrió en Austin donde, antes de emprender su viaje, el Secretario de Estado brindó una alocución sobre América Latina en la Universidad de Texas. Es difícil encontrar una pieza oratoria en las relaciones interamericanas contemporáneas en las que un Canciller estadounidense recurra más frontal y cándidamente a la Doctrina Monroe y su manifestación en Latinoamérica.

En el mensaje original del Presidente James Monroe al Congreso estadounidense en 1823, en referencia a los asuntos interamericanos, el referente fundamental era Europa. Monroe expresó que Estados Unidos iba a “considerar todo intento de su parte (Europa) para extender su sistema a cualquier nación de este hemisferio, como peligroso para nuestra (la de Estados Unidos) paz y seguridad”. Tillerson en Austin identificó dos contra-partes amenazantes para los intereses estadounidenses en América Latina. Por un lado, mencionó a Rusia, cuya “creciente presencia en la región es alarmante”. Por el otro, subrayó a China, cuya proyección en el área “tiene una apariencia atractiva”, pero en realidad conduce a una “dependencia de largo plazo”. En consecuencia, según el Secretario de Estado, “nuestra región debe ser diligente contra poderes lejanos que no reflejan los valores que nosotros compartimos”.

Adicionalmente, Tillerson intentó brindar un panorama histórico de los vínculos entre Estados Unidos y América Latina. Para ello utilizó ejemplos típicos del monroísmo. Por una parte, invocó la primera conferencia interamericana de 1889 en Washington donde se dio inicio a los cónclaves panamericanos para afirmar la influencia de Estados Unidos en el continente y evitar la injerencia en el área de otros actores extra-regionales. Es evidente que desde la mirada latinoamericana hubo, en distintas coyunturas, expresiones que buscaron limitar y hasta revertir el panamericanismo.

Por otra, evocó que Teddy Roosevelt fue el primer presidente estadounidense en ejercicio que hizo un viaje al exterior: Panamá en noviembre de 1906. Por supuesto que la memoria de la región respecto a Teddy Roosevelt es distinta: se lo recuerda por su papel en la separación de Panamá de Colombia en noviembre de 1903 y por el llamado “Corolario Roosevelt”—una variante de la Doctrina Monroe–formulado en 1904 y que se convirtió en la guía para racionalizar el intervencionismo estadounidense en la región para proteger sus intereses económicos y asegurar su predominio político (República Dominicana y Panamá en 1904, Cuba en 1906, Honduras en 1907, Nicaragua en 1910, Honduras en 1911, Honduras, Panamá, Nicaragua y Cuba en 1912, Haití y República Dominicana en 1914, y sucesivas).

La nostalgia de Tillerson por Monroe fue tal que ante la pregunta del moderador del evento, el historiador William Inboden, sobre su valoración de la Doctrina Monroe, que en 2023 cumplirá 200 años, el Secretario dijo: “pienso claramente que ha sido un éxito…Fue un importante compromiso en su momento y creo que con los años ha continuado enmarcando la relación (entre Estados Unidos y América Latina)”.

El Secretario fue inadvertidamente franco: la estrategia “Estados Unidos primero” del Presidente Donald Trump es, respecto a América Latina, probablemente el último intento de restaurar una doctrina obsoleta para lo que ya es y será el siglo XXI.

*Profesor plenario. Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales. Universidad Torcuato Di Tella.

Tillerson y la nostalgia monroista

Paradójicamente, lo más relevante del periplo del Secretario de Estado, Rex Tillerson, por América Latina no ocurrió en la región, sino en Estados Unidos. Al anunciarse su visita a México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica ya se conocía el énfasis de su agenda política: la grave situación socio-económica y político-institucional en Venezuela y la búsqueda de un esquema de tratamiento que combinara una mayor presión diplomática de varios países hacia Caracas con la amenaza de sanciones materiales estadounidenses. También, como suele ocurrir con los viajes de presidentes y cancilleres estadounidenses, su propósito era procurar más mercados abiertos para las exportaciones de Estados Unidos a la región y bajar los reclamos por las dificultades de acceso de las mercancías de la región a Estados Unidos. Como lo muestra la historia, toda gran potencia promueve el aperturismo hacia afuera y el proteccionismo hacia adentro. En épocas de declive hegemónico, las superpotencias elevan el nivel de protección interno, mientras los poderes ascendentes—tal el caso de China ahora—promueven el libre comercio. Con independencia de ciertas especificidades temáticas, como la cuestión de las drogas en Colombia, Perú y México, en el periplo de Tillerson  no pareció observarse nada realmente novedoso o promisorio.

A mi entender, lo realmente interesante ocurrió en Austin donde, antes de emprender su viaje, el Secretario de Estado brindó una alocución sobre América Latina en la Universidad de Texas. Es difícil encontrar una pieza oratoria en las relaciones interamericanas contemporáneas en las que un Canciller estadounidense recurra más frontal y cándidamente a la Doctrina Monroe y su manifestación en Latinoamérica.

En el mensaje original del Presidente James Monroe al Congreso estadounidense en 1823, en referencia a los asuntos interamericanos, el referente fundamental era Europa. Monroe expresó que Estados Unidos iba a “considerar todo intento de su parte (Europa) para extender su sistema a cualquier nación de este hemisferio, como peligroso para nuestra (la de Estados Unidos) paz y seguridad”. Tillerson en Austin identificó dos contra-partes amenazantes para los intereses estadounidenses en América Latina. Por un lado, mencionó a Rusia, cuya “creciente presencia en la región es alarmante”. Por el otro, subrayó a China, cuya proyección en el área “tiene una apariencia atractiva”, pero en realidad conduce a una “dependencia de largo plazo”. En consecuencia, según el Secretario de Estado, “nuestra región debe ser diligente contra poderes lejanos que no reflejan los valores que nosotros compartimos”.

Adicionalmente, Tillerson intentó brindar un panorama histórico de los vínculos entre Estados Unidos y América Latina. Para ello utilizó ejemplos típicos del monroísmo. Por una parte, invocó la primera conferencia interamericana de 1889 en Washington donde se dio inicio a los cónclaves panamericanos para afirmar la influencia de Estados Unidos en el continente y evitar la injerencia en el área de otros actores extra-regionales. Es evidente que desde la mirada latinoamericana hubo, en distintas coyunturas, expresiones que buscaron limitar y hasta revertir el panamericanismo.

Por otra, evocó que Teddy Roosevelt fue el primer presidente estadounidense en ejercicio que hizo un viaje al exterior: Panamá en noviembre de 1906. Por supuesto que la memoria de la región respecto a Teddy Roosevelt es distinta: se lo recuerda por su papel en la separación de Panamá de Colombia en noviembre de 1903 y por el llamado “Corolario Roosevelt”—una variante de la Doctrina Monroe–formulado en 1904 y que se convirtió en la guía para racionalizar el intervencionismo estadounidense en la región para proteger sus intereses económicos y asegurar su predominio político (República Dominicana y Panamá en 1904, Cuba en 1906, Honduras en 1907, Nicaragua en 1910, Honduras en 1911, Honduras, Panamá, Nicaragua y Cuba en 1912, Haití y República Dominicana en 1914, y sucesivas).

La nostalgia de Tillerson por Monroe fue tal que ante la pregunta del moderador del evento, el historiador William Inboden, sobre su valoración de la Doctrina Monroe, que en 2023 cumplirá 200 años, el Secretario dijo: “pienso claramente que ha sido un éxito…Fue un importante compromiso en su momento y creo que con los años ha continuado enmarcando la relación (entre Estados Unidos y América Latina)”.

El Secretario fue inadvertidamente franco: la estrategia “Estados Unidos primero” del Presidente Donald Trump es, respecto a América Latina, probablemente el último intento de restaurar una doctrina obsoleta para lo que ya es y será el siglo XXI.

*Profesor plenario. Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales. Universidad Torcuato Di Tella.

¿Nicaragua y Venezuela en el punto de mira del Pentágono?

Inmersos como estamos en el nuevo escenario teleonómico, asistiremos a la irrupción en el escenario geopolítico de América Latina de una nueva ola negra involucionista que consistirá en la implementación de “golpes de mano blandos“ con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes insensibles a los dictados de Washington (Nicaragua, Ecuador, Venezuela y Bolivia) por regímenes militares autocráticos, mediante la táctica del Big Stick o “Gran Garrote” incluida en la llamada Doctrina Monroe ,“América para los Americanos”.

¿Nicaragua en el punto de mira del Pentágono?

Petrocaribe fue creado en 2005 por iniciativa de Venezuela con el objetivo de suministrar combustibles a los países miembros en condiciones ventajosas de pago, como créditos blandos y bajas tasas de interés y estaría integrado por 18 países (incluidos Honduras, Guatemala, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Belice y una decena de islas del Caribe) y según las autoridades venezolanas, el país exporta 100.000 barriles diarios a los países del bloque que generaban una factura de 4.000 millones de dólares, de la cual una parte se paga en “efectivo” y el resto estaría subsidiado.

La nueva estrategia de EEUU sería estrechar lazos comerciales y militares con los países de Petrocaribe ante el peligro de contagio mimético de los ideales revolucionarios chavistas al depender en exclusiva de la venezolana Petrocaribe para su abastecimiento energético, empezando por el presidente dominicano Danilo Medina.

China habría asumido el reto de construir un nuevo canal en Nicaragua (Gran Canal Interoceánico) similar al canal del istmo de Kra que tiene proyectado entre Tailandia y Birmania para sortear el estrecho de Malaca, convertido “de facto” en una vía marítima saturada y afectada por ataques de piratas e inauguró en el 2010 el gasoducto que une a China con Turkmenistán y que rodea a Rusia para evitar su total rusodependencia energética al tiempo que diversifica sus compras, por lo EEUU procederá a desestabilizar el gobierno de Daniel Ortega dentro de su estrategia geopolítica global de secar las fuentes energéticas chinas.

Por otra parte, la instalación el pasado abril de una estación satelital rusa en Managua (laguna de Nejapa) para “controlar el narcotráfico y estudiar los fenómenos naturales” habría provocado el nerviosismo del Pentágono que acusa a Rusia de “estar usando Nicaragua para crear una esfera de espionaje militar” mediante el Sistema Global de Navegación por Satélites (Glonass), el equivalente al GPS de EEUU.

En consecuencia, la Administración Trump recurrirá a la doctrina kentiana, expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949).

Los fines de estos tipos de guerra fueron descritos por este autor de la siguiente manera: “En estas guerras no convencionales se trata de hacer dos cosas: debilitar la voluntad y la capacidad de resistencia del enemigo y fortalecer la propia voluntad y capacidad para vencer” ,y más adelante añade que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos, el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por otro”.

Así, podríamos asistir en breve a la aprobación por el Congreso y el Senado de EE.UU del proyecto de ley conocido como Nica Act (Nicaraguan Investment Conditionality Act of 2017), que siguiendo la estrategia kentiana busca congelar los préstamos internacionales de instituciones satélites de EEUU (Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo), a Nicaragua con el objetivo confeso de provocar su inanición financiera y posterior asfixia económica.

¿Venezuela delenda est?

En Venezuela, la decisión de Maduro de confiscar la planta de General Motors, será vista por la Administración Trump como un atentado contra los intereses de las multinacionales estadounidenses, escenario que será aprovechado por el Secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, antiguo Presidente y Consejero Delegado de Exxon Mobil cuando fue nacionalizada en el 2007 por Hugo Chávez, para intentar un golpe de mano contra Maduro.

Exxon Mobil formaría parte de la Cuarta Rama del Gobierno de EEUU, verdadero Poder en la sombra que toma las decisiones en política exterior y a instancias de Tillerson, la revolución chavista ya fue declarada “enemiga peligrosa de EE.UU”.

Además, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petro-química estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo en 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco, (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EEUU (cuyo objetivo inequívoco sería secar las fuentes energéticas de China).

En consecuencia, tras una sistemática e intensa campaña desestabilizadora basada en el desabastecimiento selectivos de artículos de primera necesidad, la amplificación en los medios de la creciente inseguridad ciudadana, la toma de las calles por la oposición y la posterior petición al Ejército para que se erija en “salvador de la Patria”, plan diseñado por la CIA y que contando con la inestimable ayuda logística de Colombia, convertida en el portaaviones continental de EEUU), intentará dar un “golpe de mano” a finales de Julio para finiquitar el legado chavista en Venezuela.

Objetivo: Irán

El asalto simultáneo acaecido ayer —en una acción reivindicada por el Estado Islámico— contra el Parlamento iraní y el mausoleo del ayatolá Jomeini en Teherán constituye un hecho de extraordinaria gravedad que se produce en un momento de máxima tensión en la región del Golfo Pérsico.

El grado de coordinación de la acción terrorista y el hecho de atentar contra el corazón del sistema legislativo iraní da muestra de la capacidad operativa del terrorismo yihadista. Con toda probabilidad, el balance de 12 muertos y casi medio centenar de heridos después de cinco horas de asalto podía haberse incrementado si los terroristas hubieran podido acceder al hemiciclo donde en esos momentos se celebraba una sesión plenaria. Afortunadamente no lograron ejecutar este plan, que habría tenido consecuencias imprevisibles.

La estabilidad de Irán es una pieza indispensable para la paz en Oriente Próximo. El país persa se encuentra sumido en un proceso de reformas aperturistas encabezadas por Hasán Rohaní, que acaba de volver a obtener el respaldo mayoritario de la población al ser reelegido presidente. Cualquier acción que fomente la inestabilidad da argumentos a los halcones partidarios de una vuelta al endurecimiento del régimen. Rohaní está a favor de la normalización de relaciones con Occidente y ha sido el impulsor, desde la parte iraní, del acuerdo nuclear firmado por Teherán que garantiza la desactivación de una escalada militar que podría acabar en conflicto bélico. Este acuerdo cuenta con importantes detractores tanto fuera del Irán —el propio Donald Trump— como en el interior. Es muy peligroso que el ataque de ayer pueda ser aprovechado por los sectores extremistas iraníes contrarios al pacto.

Además, para el yihadismo, cuya estrategia de expansión se alimenta del caos —como demuestran los casos de Libia, Siria, Irak, Somalia y Malí—, nada resultaría más apetecible que un Irán desestabilizado. Y aunque no le sirviera para su crecimiento en territorio persa —el yihadismo es suní, mientras que Irán es chií— indudablemente le dejaría las manos libres en la región.

La acción terrorista llega en un momento de tensión inédita, cuando varios países árabes, instigados por Arabia Saudí y con el apoyo explícito de Trump, han aprobado medidas extremas contra Catar. No se trata de una simple crisis diplomática; además de que hay graves acusaciones al más alto nivel, se está produciendo una expulsión masiva de ciudadanos cataríes de esos países. Y todo ello, días después de que Trump realizara su primera visita a la región, que ha mostrado tener profundos efectos desestabilizadores.

Fuente: El País

Un bulo gobierna

El esceptismo ante el cambio climático, o más precisamente ante la responsabilidad de la actividad humana en el aumento de temperatura de la Tierra, no solo forma parte de la satisfacción que Trump se ve obligado a dar a parte de sus clientes políticos, vinculados a la extracción del carbón. Su escepticismo climático satisface también la primera de sus atormentadas pasiones, y de gran parte de sus seguidores, que es la de la sospecha. Trump es un bulo que se ha hecho noticia. Ha sido así para asombro y desmoralización de las democracias. Y este cambio de la naturaleza trumpiana presagia graves imitaciones. Si Trump es el presidente de América ya casi todo puede ser verdad. Y mucho más, si el propio Trump anima a los bulos a seguir el exitoso camino que él ha seguido. Estoy convencido, por ejemplo, de que en algún momento de esta presidencia tendremos noticias de (más) signos de vida extraterrestre.

La confirmación del abandono americano del pacto climático supondrá también un retroceso en los trabajosos avances que la mejor política había hecho al lado de la ciencia. Entre las mayores catástrofes humanas (la del comunismo, por ejemplo) se cuentan aquellas que se han producido por el despotismo político respecto de la ciencia, por su exacerbación normativa y su correlativo desprecio de los datos de la realidad. No hay deber ser eficaz y duradero contra los imperativos del es. La política contra la realidad es peligrosa, porque la realidad acaba siempre tomándose trágicas venganzas. Naturalmente hay personas que piensan que el cambio climático es una invención. O que no debe vacunarse a los niños. Hay todo tipo de personas. Lo importante, de nuevo, es decir que una de esas personas ha llegado a la presidencia de América y que ya no es solo en las teocracias donde la política se ve amenazada por la superstición.

La reunión del pasado fin de semana entre Trump y el G-8 dejó en los líderes europeos una conclusión inquietante: América nos ha abandonado. Es probable que la conclusión tenga también su parte positiva, en la medida que obligue a Europa a ejercer su mayoría de edad. Pero la soledad rebasa la circunstancia europea. La decisión sobre el cambio climático, una vez más aislacionista, metaforiza con precisión que América está abandonando el planeta.

Fuente: El Mundo

La política exterior de Trump genera incertidumbre en todo el mundo

La estrategia exterior de la Administración Trump sigue causando desconcierto e incertidumbre en la comunidad internacional. Así, al menos, se ha puesto de manifiesto durante la primera parte de su primer viaje al extranjero, que le ha llevado a Arabia Saudí y a Israel. En ninguno de los dos países ha demostrado tener dotes diplomáticas, resolviendo los asuntos como si se tratase de cuestiones meramente comerciales en las que no existen implicaciones políticas, éticas y de defensa de los valores occidentales. Contrariamente a lo que han hecho otros presidentes, especialmente Obama, Trump dejó claro en Riad, tras la firma de un contrato de 110.000 millones de dólares para la venta de armamento, que no pretendía “dar lecciones” a nadie y que su interés pasaba por la búsqueda de “socios” que “compartan nuestros objetivos”, olvidándose de la exigencia de políticas respetuosas con los derechos humanos y con la democracia como parte esencial de la tradicional política exterior estadounidense.

Es obvio que esta actitud puede ser muy eficaz a la hora de hacer negocios, pero la diplomacia es bastante más compleja y de ella dependen unos equilibrios internacionales que requieren de estabilidad y confianza entre las potencias implicadas. El mismo presidente que pretende prohibir la entrada de inmigrantes procedentes de determinados países musulmanes, y que ha declarado reiteradamente que “el islam nos odia”, defendió una alianza de los principales líderes islámicos para combatir el terrorismo yihadista. El islam es una de las “confesiones más grandes”, declaró. Y lo hizo en un país que, como Arabia Saudí, mantiene un régimen en el que rige unas de las interpretaciones más radicales del Corán, como es el wahabismo, y que supone un foco de inestabilidad en la zona por su enconada lucha contra el chiísmo, especialmente en Yemen.

Por otra parte, ni siquiera la aplastante victoria electoral de Rohani en Irán, que garantiza cierto aperturismo de la teocracia islámica, ha aflojado su discurso anti iraní, lo cual contrasta con los hechos. Es cierto que Trump ha vetado recientemente a varios empresarios iraníes, pero ha respetado hasta el momento las condiciones del programa anti nuclear firmado entre Irán y la Administración Obama que consiguió implicar a la república islámica en la lucha contra el IS en Siria e Irak. A su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu, le aseguró el pasado lunes, en su visita a Jerusalén, que Irán nunca tendrá armamento nuclear y que el “terrible” acuerdo de 2015 lo único que ha propiciado es el enriquecimiento y fortalecimiento del régimen de los ayatolás.

Pero tampoco puede estar plenamente satisfecho el gabinete israelí, que celebró públicamente la victoria de Trump en noviembre y el fin de la era Obama, con el que mantuvo unas conflictivas relaciones. Trump no ha cumplido su promesa de reconocer la capitalidad de Jerusalén trasladando allí la sede de la embajada norteamericana, ha rechazado la creación de nuevos asentamientos en Cisjordania y se ha reunido en Belén con el presidente palestino Abu Mazen. Netanyahu, además, mira con desconfianza la venta de armas a Arabia Saudí, especialmente de F-15, ya que refuerza la hegemonía aérea de Riad en el Golfo. A pesar de eso, hizo varios gestos simbólicos, como visitar el Muro de la Lamentaciones y apostar, sin especificar cómo, por la paz entre israelíes y palestinos manteniendo la ambigüedad sobre la existencia de dos Estados.

Para terminar de añadir inseguridad a sus socios en la zona, Trump lanzó una amenaza a la OPEP, y en concreto a Arabia Saudí, que pretende controlar el mercado de petróleo. Es cierto que según sus propias previsiones, gracias al fracking, a la apuesta por hidrocarburos no convencionales y a la autorización de nuevas explotaciones petrolíferas en Alaska, EEUU pretende conseguir en pocos años su autosuficiencia energética, reduciendo a mínimos su dependencia del petróleo y del gas de los países del Golfo. De esta forma, el país podría dedicar toda su energía a combatir comercialmente a China, la potencia que cuestiona su hegemonía económica. Pero supone un desafío de consecuencias imprevisibles poner en el mercado las reservas estratégicas del país para reducir su deuda pública y dañar las economías de Arabia Saudí y Rusia, principalmente. La política exterior que ha empezado a diseñar Trump no genera confianza en ninguno de sus socios tradicionales en todo el mundo y de esta forma será difícil que EEUU pueda seguir liderando las relaciones internacionales.

Fuente: El Mundo

Una ‘tregua de Dios’

SORPRENDE LA fuerza de una simple carta. Me refiero a la escrita por Melania Trump al Papa, manifestando que reza por él como mujer de origen católico. Una carta extremadamente delicada, que ha contribuido a que los 28 minutos de entrevista entre Trump y Francisco de ayer hayan sido menos tensos de lo esperado. Es claro que una cosa son las relaciones “a distancia” -algo tormentosas entre el rubio presidente y el austero Papa- y otra las que tienen lugar cara a cara.

Trump desde que entró a las 8.30 de ayer en el palacio apostólico del Vaticano hasta que lo abandonó, lució una franca sonrisa como preanunciando que venía como amigo y no como adversario. Francisco en las sesiones fotográficas ha aparecido algo serio, pero en el cara a cara ha dulcificado el gesto. Sobre todo al saludar a Melania Trump que, desde mi punto de vista, ha sido la protagonista del encuentro en esta entrevista matutina y rodeada de un severo protocolo. Por lo demás, la duración de la entrevista (casi 30 minutos) ha entrado en márgenes de “normalidad”. Diez minutos habría sido un fiasco, menos, un desastre.

Permítanme, pues, que en estas letras decrete una breve y personal “tregua de Dios”, en un momento de fuertes polémicas sobre Washington y el Vaticano. Efectivamente, de tanto acentuar las diferencias, se han olvidado los puntos de confluencia entre Francisco y Donald Trump, que hacen entender mejor el positivo sentido del encuentro de ayer entre la primera autoridad moral de la Tierra y el representante del mayor centro de poder político y económico del mundo.

Por ejemplo, ambos son descendientes cercanos de emigrantes. Francisco de italianos asentados en Argentina. Trump de madre escocesa y padre alemán, arraigados en EE.UU. Ambos son unos outsiders en el momento de su elección. De hecho, cuando el nombre de Bergoglio fue anunciado desde el balcón central de la basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, la sorpresa fue una reacción común en el público concentrado en la plaza y en la prensa de todo el mundo. Cuando Donald Trump anunció en junio del 2015 su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, hubo un escepticismo generalizado. Durante las primarias, el escepticismo se tornó en perplejidad. Y cuando en la noche del 9 de noviembre fue nominado presidente, todas las previsiones de los media sufrieron un duro vapuleo.

Ambos son cercanos al pueblo y lejanos del establishmentcurial vaticano (Francisco) y del aparato del Grand Old Party (Trump). Los dos se encuentran más cómodos en el contacto directo con los ciudadanos y los fieles, que en las reuniones con los líderes políticos.

En fin, no puede olvidarse que hay algunas otras convergencias más de fondo en cuestiones que no son estrictamente políticas sino de carácter ético, que tocan aspectos que la doctrina católica entiende esenciales para la tutela del derecho a la vida y de la familia. Me refiero a temas como el aborto, eutanasia y uniones entre personas del mismo sexo, ante los cuales Trump -con mayor o menor entusiasmo- se ha mostrado reticente. Reticencia que se convierte en rechazo en Francisco. Sin olvidar las acciones favorables del presidente americano a la libertad religiosa y a la protección de las minorías cristianas del Medio Oriente. Por otra parte, el Vaticano acogió con satisfacción el nombramiento de Neil Gorsuch para el Tribunal Supremo, magistrado con cierto bagaje pro life.

La “tregua de Dios” es algo transitorio (suspensión de hostilidades pro tempore) pero no esconde las latentes diferencias y desencuentros. Trump es un bon vivant que anda ya por su tercer matrimonio, con una ambición empresarial sin freno, “lanzando su apellido como una marca que presta y vende al mejor postor” (Ary Waldir Ramos ). Bergoglio es un papa austero que en su apartamento de Buenos Aires se hacía la comida y, cuando fue elegido, prefirió vivir en una modesta residencia y no en las habitaciones papales, prescindiendo de coches más o menos lujosos y ocupando primero un modesto Ford Focus y, ahora, un sencillo coche eléctrico Nissan Leaf, que acentúa su deseo de ejemplaridad en materia de protección del medio ambiente.

Esto conecta con desencuentros sustanciales entre Francisco y Trump en otras áreas, como el cambio climático, la inmigración y la justicia de las acciones bélicas. El Papa Francisco, es alguien preocupado por el medio ambiente, hasta el punto de haber dedicado una encíclica (Laudato si`) sobre la cuestión. Trump es un escéptico del calentamiento global y de las medidas excesivas en la protección del medio ambiente. Para Francisco, cerrar las fronteras o levantar muros para detener a los inmigrantes es un crimen de lesa majestad. Para Trump, un medio de defensa frente elementos potencialmente hostiles. En fin, utilizar “la madre de todas las bombas” lanzándola sobre escondrijos de la yihad ha enfurecido al Papa, no solamente por la utilización de un arma terrible, sino también por la propia definición de “madre”, que contrasta con la finalidad destructiva de las bombas.

No obstante esas divergencias, el comunicado vaticano de la entrevista entre los dos personajes ha pasado de puntillas sobre ellas. Ha mencionado la entrevista como “cordial”. Se ha complacido en las “buenas relaciones entre la Santa Sede y los Estados Unidos”, en especial por el compromiso común “a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia”. Ha estimulado la colaboración «serena» en los campos de la salud, la educación y la atención a los inmigrantes. En fin, ha manifestado una especial atención por la paz en las relaciones internacionales, impulsada por “la negociación política y el diálogo interreligioso”, sin olvidar la tutela de las comunidades cristianas en Oriente Medio.

Trump ha diseñado este primer viaje al extranjero, en parte, como un acercamiento a las tres religiones monoteístas. Pero no para dictarles cómo vivir, sino -según palabras del propio presidente- para “construir una coalición de amigos y de compañeros que compartan el objetivo de luchar contra el terrorismo y de ayudar a la seguridad y la estabilidad mundial, empezando por Oriente Medio azotado por la guerra”. De ahí la idea de iniciarlo en Arabia Saudita, con los enclaves vitales para los musulmanes de la Meca y Medina, después Jerusalén, y, al final el Vaticano.

En Arabia saudí, ante más de 50 dirigentes de países musulmanes, ha lanzado un atrevido discurso sobre “el islam pacífico”, llamando a un rechazo del odio y el extremismo: “una batalla entre el bien y el mal”. En Jerusalén y Belén, ha intentado acercar las posiciones entre su “amigo” Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas. Es muy sintomático que haya sido el primer presidente en activo que ha rezado ante el Muro de las Lamentaciones, así como visitado la Basílica del Santo Sepulcro. De este modo ha querido unir el triángulo islam, judaísmo y cristianismo en una simbólica liaison frente “a las fuerzas del mal”.

Este planteamiento del viaje -y la cordialidad que Trump ha manifestado en toda su entrevista con Francisco- tal vez solamente es posible en un americano, dada la peculiar visión estadounidense de las relaciones Iglesia / Estado. En Europa, el origen de la laicidad fue hostil a la religión. Incluso se ha hablado “de un genocidio en nombre de la Razón” (Michael Burleigh ). Para los americanos, al contrario, la religión no es una enemiga, pues en el inicio de la república el sentido original de la laicidad no fue tanto “el de hacernos libres de la religión como el de hacernos oficialmente libres para su práctica” (William Mclaughlin). De ahí la familiaridad con que en EE.UU. se habla de Dios.

Tal vez por esto, antes del encuentro de ayer, Trump decía : “Estoy entusiasmado por mi encuentro con el Papa Francisco”. Y de ahí también el “estoy honradísimo de estar aquí”, con el que el presidente saludó al Papa en el encuentro de ayer. Por su parte, Francisco se negó a juzgar a Trump, antes de entrevistarse con él. No le gustan los rumores: opina “una vez escuchado al interlocutor”.

La paz ha estado rondando los encuentros habidos ayer en el Vaticano. Un regalo del Papa Francisco a Trump se refería a ella. El Papa ha insistido en comentarle que se lo regalaba con el deseo de que sea “instrumento de paz”, a lo que Trump ha respondido “necesitamos la paz”. Probablemente el mayor acierto de Francisco haya sido huir de un maniqueísmo arrogante que hoy aflora fácilmente. Me refiero a actitudes del tipo “Trump es malo por definición, y quienes lo critican, también por definición, son buenos”. El Papa, consciente de su papel de máxima autoridad moral, sabe que el progreso en la búsqueda mundial de la paz y de la protección de los derechos humanos no es posible sin la colaboración del Estado más poderoso del planeta y de quien lo representa. Y ese, hoy por hoy, guste a unos y disguste a otros, es Donald Trump.

Para el presidente ha sido un momento de serenidad en medio del vendaval que le espera en EEUU, en torno al Russiagate. Para Francisco, una entrevista menos complicada de lo esperado. Un anticipo de paz, si es que Trump le hace algún caso.

Rafael Navarro-Valls es catedrático, académico y autor del libro Entre dos orillas: de Obama a Francisco (Ediciones Internacionales Universitarias).

Fuente: El Mundo

La lucha contra el Estado Islámico exige unidad europea

Un calambrazo de indignación y tristeza vuelve a sacudir al mundo por el brutal atentado en Manchester. Europa se ve golpeada de nuevo por el zarpazo yihadista, algo que por desgracia se viene repitiendo con demasiada frecuencia en los últimos años. Pero el hecho de que este ataque fuera deliberadamente dirigido contra adolescentes añade más dolor aún. La feroz escalada de maldad de los terroristas no tiene límites. Al menos 22 personas murieron -muchas, menores de edad- y casi 60 resultaron heridas por la explosión de una bomba activada según los investigadores por un yihadista suicida al filo de la medianoche del lunes, al término de un concierto de la famosa cantante estadounidense Ariana Grande. Como declaró ayer la premier británica Theresa May, el terrorista escogió la hora y el lugar apropiados para causar la mayor masacre posible.

El Reino Unido ha sido escenario de terribles atentados islamistas. El más mortífero se produjo en 2005, cuando una cadena de ataques de Al Qaeda contra autobuses y el metro de Londres dejó 56 muertos. Y, recientemente, en marzo, un yihadista mató a cinco transeúntes cerca del Parlamento arrollándolos con un coche, un método a imitación del seguido por otros islamistas en atentados en suelo europeo, como Niza o Berlín.

Las autoridades británicas están especialmente preocupadas por el fracaso que han tenido las políticas de integración. El propio autor de esta barbarie era un británico de 22 años, hijo de refugiados libios, que llegaron a Inglaterra en los 90 huyendo de Gadafi. Al igual que pasa en otros países europeos, muchas comunidades de ciudadanos musulmanes de origen inmigrante malviven en auténticos guetos en suburbios de las grandes ciudades azotados por la desigualdad y el desempleo. Una segregación económica en la que cala con mayor facilidad la radicalización. Además, se estima que casi uno de cada cuatro yihadistas que se han sumado al Estado Islámico en Oriente Próximo es de procedencia británica. Varios cientos han retornado, lo que supone el peor quebradero para los servicios de Inteligencia y la policía.

Pero cabe reiterar que, independientemente del lugar concreto en el que se producen masacres como la de Manchester, es todo Occidente -y en particular Europa- el que está en el punto de mira de los yihadistas, que han emprendido una cruzada de sangre contra unos valores y un modo de vida de los que abominan. El IS -que reivindicó el atentado- prosigue así su escalada en el viejo continente, recrudecida con un innegable afán propagandístico para contrarrestar el acoso que está sufriendo en Siria y, sobre todo, en Irak. El Califato ha perdido en los últimos meses el 45% del territorio iraquí que controlaba gracias a los bombardeos de la coalición internacional. Un declive imparable sobre el terreno que el IS intenta enmascarar redoblando su campaña de terror fuera.

Ésta es la dura realidad a la que nos enfrentamos. Y debemos ser conscientes de que el combate antiyihadista va a ser muy largo y doloroso. Pero exige, antes que nada, mantener, y aun redoblar, la coordinación internacional. En el caso europeo, son claves la unidad de acción entre los Veintiocho y la mejora en la coordinación tanto de las policías como de los servicios de Inteligencia. Y lo cierto es que se está avanzando. Los graves fallos detectados tras atentados como los de París llevaron a las autoridades comunitarias a mejorar los procesos de intercambio de información o a facilitar la cooperación policial, judicial y de Inteligencia, así como a perfeccionar los sistemas de prevención y lucha en la Red, principal campo de reclutamiento de yihadistas.

No es posible luchar contra el IS de otro modo. Y hoy se hace necesario subrayarlo. Recordemos que Theresa May lanzó un incomprensible chantaje a Bruselas, a propósito de la negociación del Brexit, insinuando que si Londres no logra un acuerdo económico ventajoso con la UE, disminuiría su contribución en materia de seguridad, defensa y lucha contra el terrorismo. Un órdago inadmisible que perjudicaría mucho a los propios británicos. El presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, lo subraya hoy en nuestras páginas: “La coordinación contra el terrorismo está por encima del Brexit”. Con algo tan serio no se puede incurrir en frivolidades.

Fuente: El Mundo