Vanessa Silva, alias “Pepples García”, se sintió estafada. ¿Pero es que se puede esperar otra cosa de un estafador como Gerardo Sánchez? Para decirlo mejor, fue una mezcla de sentimientos encontrados: amor por el “héroe” antisandinista que ella creía haber encontrado, y odio y decepción al comprobar la calaña de su improvisado ídolo.
Se condolió la señora somocista por el dinero que le había entregado al timador que jugó con sus sentimientos, y le echó en cara sus “delirios de guerra”. Sánchez, un guerrillero virtual, le dijo descaradamente que él no vivía la “realidad del Facebook” –pese a que se pasa el día chateando-, y recibió como respuesta que el dinero que recibía gustoso no era nada irreal.
Con su dignidad por el suelo, la “Pepples” le pide a Sánchez que siga con el juego de que lo “hackearon” y “clonaron” (¿?), a fin de que no se crea que fue él quien la humilló delante los otros reclutas, en particular de las mujeres.
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