
Miguel Carranza Mena
El “Jardín de Flores”, como le llamó Josep Borrell hace algunos años al continente europeo, está acelerando su gasto en el despeñadero de las armas, reduciendo de esta manera la inversión en sectores claves de su sociedad como salud, educación, pensiones y energía.
En los últimos años, los Estados miembros de la Unión Europea han incrementado su gasto militar en más del 60 por ciento, presionados sin duda, entre una de las causas, por el abandono de su hasta hace poco protector y principal aliado, Estados Unidos.
Las relaciones cada vez más tensas entre los países del “Jardín de Flores” y el inquilino de la Casa Blanca han llevado a los europeos a rearmarse, aumentando así el riesgo, según los expertos, de una guerra o el declive económico. La historia es sabia al recordarnos, por ejemplo, el rearme de la Alemania nazi en el Siglo XX que terminó en la II Guerra Mundial, el desastre del continente europeo y lo peor de todo, en la pérdida de millones y millones de vidas.
Y es que los políticos europeos, sin consentimiento de su población, planean gastar en los próximos años más de 800.000 millones de euros, desmantelando así el bienestar de sus electores para beneficiar, paradójicamente, a las grandes empresas de armamento de EEUU, el país que los abandona.
El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, señala que los países europeos han duplicado la importación de armamento desde 2022 y más de la mitad de ese material bélico procede del país norteamericano. Es así como los europeos están llenado las arcas de Lockheed Martin, Boeing, Raytheon y Northrop Grumman Corporation, “castigando” de esta manera (sarcasmo) el abandono que ha hecho la Casa Blanca de su seguridad.
Los fabricantes europeos como Thyssenkrupp y Rheinmetall, las francesas Thales y Dassault, la italiana Leonardo S.p.A y la sueca Saab no se quedan atrás, han aumentado también su valor bursátil en la bolsa entre el 60 y el 100 por ciento, beneficiándose del ReArm de Europa.
Alemania a la cabeza
De los países del “Jardín de Flores”, Alemania encabeza la lista con más de 100.600 millones de euros destinados a la compra de armas y representando más del 26 por ciento del gasto total de defensa de la UE, revelan datos de la Agencia Europea de Defensa (AED). Pisándole los talones está la Francia de Emmanuel Macron con 59.600 millones representando el 17.4 por ciento.
Italia, Polonia y España se encuentran en este TopTen bélico. Roma con 32.700 millones; Varsovia con 31.900 millones y la Madrid de Pedro Sánchez con 22.700 millones. Dinamarca la “dueña y señora de Groenlandia”, está en el puesto número 8 con 9.200 millones. Estará por verse si Copenhague elevará este presupuesto militar con las cada vez más mediáticas amenazas de Donald Trump de invadir su isla.
Alemania, la perdedora de las dos Guerras Mundiales parece no aprender la lección. Su Cámara Alta (Bundesrat) aprobó en diciembre pasado la Ley sobre el Nuevo Servicio Militar, que obligaría a los jóvenes alemanes a prestar servicio militar. La meta de esta normativa será aumentar el número de soldados en las Fuerzas Armadas de 184.000 a 255.000, con proyecciones de 270.000 para 2035. Por supuesto que está noticia ha caído como balde de agua fría entre la población juvenil de Berlín, que estaría en la primera línea del sacrificio.
Lo irónico de este Plan de ReArm de Europa es que el “Jardín de Flores” está gastando en su defensa 2 o 3 veces más que su enemigo imaginario, Rusia, y aun así los europeos consideran este gasto en defensa muy poco. Analistas han señalado que este gasto en defensa no será rentable, porque si no hay guerra todo ese armamento que se compre o fabrique quedará obsoleto ante las cada vez más sofisticadas armas que ha presentado el enemigo imaginario.
Ni para la lucha contra el Coronavirus en 2020, los europeos han gastado tanto como para su rearme, el cual sin duda los llevará a ahondar más en su crisis económica. Los dirigentes colonialistas aún discuten cómo conseguir los 800.000 millones de euros que necesitan, pero ya “sabiamente” consideran que el 25 por ciento de ese total lo conseguirán en crédito, es decir, será una deuda segura para los ciudadanos europeos, que verán mermados sus derechos en educación, salud, jubilación y energía.