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* Tras la desaparición de la URSS, una serie de países, empezando por Yugoslavia, se han visto masacrados por el imperialismo yanqui y, muchos años después, otros países como Libia, no han logrado levantar cabeza. Pero no se atreven a atacar a Pyongyang.
En su discurso sobre el Estado de la Unión de 2002, pocos meses después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Bush hijo introdujo una etiqueta, el “Eje del Mal”, que se convertiría en un tópico.
Pero Bush se limitaba a leer lo que le ponían por delante. El autor de la expresión fue el canadiense David Frumes, su redactor de discursos.
El “Eje del Mal” estaba compuesto por un trío de países considerados como peligrosos para Estados Unidos: Corea del Norte, Irán e Irak.
El presidente dedicó la mayor parte de su discurso al tercero. Unos trece meses después, ordenó su invasión, basándose en otro tópico: la posesión de “armas de destrucción masiva”.
Desde los primeros bombardeos contra Irak, la pregunta es: si el problema son las “armas de destrucción masiva”, ¿por qué no atacar a Corea del Norte, que se sabe -sin lugar a dudas- que posee armas nucleares?
Un cuarto de siglo después, tras el inicio de la agresión contra Irán, la pregunta podría resurgir: si el objetivo es impedir que un enemigo posea armas nucleares, ¿por qué no atacar a Corea del Norte?
En ambos casos, la respuesta debería ser obvia: nadie se atreve a atacar a un país que posee armas nucleares. Si Irán poseyera armas nucleares no hubiera sido atacado.
La conclusión es que la posesión de armas nucleares es la mejor garantía de supervivencia para un Estado.
Tras la desaparición de la URSS, una serie de países, empezando por Yugoslavia, se han visto masacrados por el imperialismo y, muchos años después, otros países como Libia, no han logrado levantar cabeza.
En los últimos años los imperialistas han dejado un rastro de poblaciones devastadas por la guerra, pero nunca se han atrevido con Corea del Norte, que a cada paso muestra su amplia gama de misiles.