‘Si tú pones las imágenes, yo pondré la guerra’

 

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El viernes, el New York Times publicó un artículo en portada titulado: “Una peligrosa campaña de sabotaje rusa en toda Europa amenaza con provocar un enfrentamiento con la OTAN”, con la cantinela de una “ola” de tramas rusas destinadas a atacar a los miembros de la Alianza.

Lo más sorprendente es que la “ola” no haya causado ni víctimas ni daños, lo que ha llevado a algunos a decir que lo único que hay son declaraciones rocambolescas de los cabecillas políticos y sus portavoces mediáticos.

La “peligrosa campaña de sabotaje rusa” es un bulo y una provocación. La única manera de que no se note es cometer un atentado espectacular de falsa bandera, al estilo de los que justificaron el inicio de la “guerra contra el terrorismo” de 2001.

El New York Times es prensa amarilla, al estilo de Hearst cuando en 1898 trataba de provocar la guerra contra España por Cuba: “Si tú pones las imágenes, yo pondré la guerra” (*). Al final, aquella guerra comenzó de la manera prevista, con un atentado de falsa bandera, la voladura del Maine, un acorazado estadounidense de cuya destrucción los medios acusaron a España, especialmente la cadena Hearst.

Más de un siglo después, el artículo el New York Times habla de la presencia de drones en el aeropuerto de Leipzig, del que ya hemos hablado en entradas anteriores. Como estaba previsto, el gobierno alemán dijo que los drones eran rusos. Pero al periódico eso no le basta, porque el Kremlin “tiene planes para colocar artefactos incendiarios en aviones de carga de DHL, volar líneas ferroviarias en Polonia e incendiar almacenes y centros comerciales en toda Europa”.

Como vemos, los medios ya no cuentan hechos sino intenciones. En su apoyo, el periódico de Nueva York cita a la inteligencia danesa, según la cual “Rusia está planeando y ejecutando actos de sabotaje contra empresas y la industria de defensa en Europa”.

Estas manipulaciones se vierten mientras los misiles fabricados por los países de la OTAN y guiados por sus satélites caen sobre las ciudades rusas. Por supuesto, el atentado contra el gasoducto NordStream queda fuera del foco. Es más, el 27 de septiembre de 2022, los farsantes del periódico atribuyeron el sabotaje a los rusos.

El New York Times no acabó con sus burdas mentiras hasta el 7 de marzo de 2023, cuando sus “fuentes de inteligencia” le soplaron a la oreja que debían cambiar de retórica para evitar el ridículo: el atentado era obra de un “grupo proucraniano”.

No vamos a sacar ahora los trapos sucios del periódico de Nueva York, pero no resistimos la tentación de recordar que fue uno de los que se empeñó en difundir el bulo de las “armas de destrucción masiva”, siempre basándose en “fuentes anónimas”.

Ya nadie se acuerda de aquello porque después de ahorcar a Saddam Hussein, los enemigos son otros países y tienen otros apellidos.

Es evidente para cualquiera que la estrategia que sigue Rusia es muy sencilla; consiste en evitar un choque directo con la OTAN, mientras que no hay equivalente por el otro lado: la política de los países de la OTAN consiste en impulsar la escalada.

(*) En febrero de 1897 el corresponsal de prensa, Frederic Remington, estaba en La Habana y les envió un telegrama a sus jefes en Nueva York: “No hay guerra. La situación es tensa, pero no hay combates, no hay imágenes que dibujar. No hay historia”. Sin guerra, el corresponsal se aburría y pedía regresar a su casa.

La respuesta que le llegó del director del New York Journal, de la cadena Hearst, se ha convertido en la consigna más conocida del sensacionalismo de todos los tiempos: “Si tú pones las imágenes, yo pondré la guerra”.

Las guerras no serían posibles sin las manadas de farsantes emboscados en las redacciones de los periódicos, las radios, las televisiones y las redes sociales. Por eso a la Guerra de Cuba le llaman también “la guerra de Hearst”.