
Juan Manuel Olarieta | mpr21.info
* Cuando Trump le dijo al príncipe saudí Mohammed Bin Salman que le “besara el culo”, fue un momento simbólico porque Riad es el pilar del petrodólar.
Al leer los diez puntos en los que Irán resume la negociación política con Estados Unidos para llegar a un acuerdo, no parece un alto el fuego, ni el final de una batalla campal. Es un programa para cambiar la correlación de fuerzas en Oriente Medio y, seguramente, también más allá.
Cuando Irán exige el pago de un peaje en criptomoneas o yuanes para atravesar el Estrecho de Ormuz, pone de manifiesto una cuestión militar, tanto como los problemas monetarios que arrastra el comercio internacional desde 1945. Lo mismo que en el caso de las bases militares, los países costeros no pueden dejar la travesía de Ormuz en manos de potencias extranjeras.
El 1974 el dólar salió de la crisis gracias a un acuerdo de Kissinger con Arabia saudí para vender el petróleo exclusivamente en dólares. El Pacto del Quincy se reformuló de una manera mafiosa y Estados Unidos se comprometió a garantizar la seguridad de las petromonarquías de la región.
Los países importadores de petróleo tuvieron que acumular reservas de dólares, lo que permitió a Washington financiar sus déficits y guerras sin correr el riesgo de quiebra.
Por el lado de los vendedores, el dinero recaudado por las petromonarquías no se quedaba en el Golfo sino que retornaba a los mercados financieros internacionales por dos vías: la compra de armas y las inversiones de los fondos soberanos.
Cuando Trump le dijo al príncipe saudí Mohammed Bin Salman que le besara el culo, fue un momento simbólico porque Riad es el pilar del petrodólar.
En la guerra Washington ha luchado tanto contra el yuan como contra el uranio para volver a imponer el dólar en el comercio internacional y contrarrestar los intentos de escapar a su control.
Irán ha triunfado porque no ha buscado derrotar militarmente a Estados Unidos; ha buscado agotarlo políticamente prolongando la guerra hasta que sus efectos económicos resulten insoportables, tanto para los agresores como para sus cómplices en Occidente.