Irán rechaza el Plan de 15 Puntos de Trump

Irán rechazó por inaceptable la última propuesta de Donald Trump para poner fin a la guerra, en tanto, espera preparado el presunto desembarco de tropas norteamericanas en su territorio. (Foto de referencia).

 

Tehran Times

* Es coerción disfrazada de diplomacia. Desde la perspectiva de Teherán, el plan de 15 puntos de Trump no es una hoja de ruta hacia la paz, sino un instrumento político diseñado para obtener concesiones unilaterales.

Teherán.– En la cuarta semana de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, la propuesta de alto el fuego de 15 puntos de Trump no se ha revelado como una iniciativa de paz genuina, sino como un paquete coercitivo diseñado para forzar la sumisión estratégica de Irán; un plan que Teherán ha rechazado rápida y categóricamente por considerarlo inaceptable. Desde la perspectiva iraní, la propuesta no es un marco de negociación, sino un intento de imponer condiciones bajo la sombra de la agresión militar en curso.

Los funcionarios iraníes han recalcado repetidamente que no se puede considerar un alto el fuego a menos que se aborden tres principios fundamentales: el cese inmediato de todos los ataques estadounidenses-israelíes, la compensación por los cuantiosos daños causados y garantías vinculantes de que Irán no sufrirá futuras agresiones.

En cambio, la propuesta exige que Irán desmantele elementos clave de su infraestructura nuclear, entregue el uranio enriquecido, restrinja su programa de misiles y rompa sus vínculos con los grupos de resistencia regionales. Analistas iraníes argumentan que estas exigencias equivalen a privar a Irán de sus derechos soberanos, al tiempo que permiten a Estados Unidos e Israel continuar ejerciendo presión militar y política sin consecuencias.

A principios de esta semana, una fuente política iraní de alto rango, en declaraciones al Tehran Times, calificó el mensaje diplomático de Washington como «un plan engañoso», advirtiendo que Irán no percibe sinceridad alguna en las iniciativas estadounidenses. La misma fuente recalcó que Estados Unidos no ha modificado su postura hostil, y señaló que Irán continúa observando los preparativos para futuras operaciones estadounidenses e israelíes. Esta valoración refleja un sentir generalizado en Teherán: la propuesta de alto el fuego no representa un paso hacia la desescalada, sino una continuación de las mismas tácticas de presión que precedieron a la guerra.

Los funcionarios iraníes también han señalado el momento en que se presentó la propuesta. Estados Unidos e Israel lanzaron sus ataques el 28 de febrero, mientras aún se desarrollaban las negociaciones nucleares, una secuencia que Teherán interpreta como prueba de que Washington nunca tuvo la intención de que la diplomacia tuviera éxito. La posterior afirmación de Trump de que las «conversaciones productivas» impidieron un ataque contra las centrales eléctricas iraníes fue desestimada en Teherán como un intento de estabilizar los mercados globales, más que como un reflejo de un progreso diplomático genuino.

Las disposiciones nucleares del plan han sido objeto de críticas particulares. La exigencia de desmantelar las instalaciones de Natanz, Fordow e Isfahán —pilar del programa nuclear civil iraní— se interpreta en Teherán como un intento de borrar décadas de logros científicos. Los funcionarios iraníes argumentan que tales condiciones van mucho más allá de los requisitos de acuerdos anteriores y equivalen a obligar a Irán a renunciar a su independencia tecnológica.

Igualmente polémica es la cuestión del estrecho de Ormuz. Funcionarios iraníes recalcan que esta vía marítima estratégica se encuentra a lo largo de la costa sur de Irán y dentro de su esfera de seguridad inmediata. Teherán sostiene que salvaguardar y regular el tráfico a través del estrecho no es una amenaza, sino un derecho soberano basado en la geografía y el derecho internacional.

Analistas iraníes argumentan que es Estados Unidos —una potencia geográficamente distante del Golfo Pérsico— quien ha militarizado repetidamente la vía marítima mediante despliegues y ultimátums. Desde la perspectiva de Teherán, el intento de Washington de imponer condiciones respecto al estrecho, al tiempo que ataca territorio iraní, refleja un doble rasero fundamental. Irán rechaza la idea de que deba renunciar a su influencia en su propia región mientras enfrenta una presión militar abierta.

La propuesta que exige a Irán que cese su apoyo a los grupos de resistencia regionales también ha sido rechazada. Teherán considera que se trata de un intento de aislar estratégicamente a Irán sin hacer nada para frenar las operaciones militares israelíes en la región. Analistas iraníes argumentan que tal condición es intrínsecamente unilateral e ignora la dinámica regional más amplia que ha alimentado la inestabilidad.

Quizás el defecto más evidente del plan, desde la perspectiva de Irán, sea la ausencia de un mecanismo de rendición de cuentas. La guerra ha incluido ataques a ciudades iraníes, bombardeos contra infraestructura y el martirio del ayatolá Seyyed Ali Khamenei, acciones que Irán considera actos de agresión que requieren reparaciones y garantías de no repetición. Sin embargo, el plan de 15 puntos no ofrece compensación alguna, ni reconocimiento de los daños, ni garantías de seguridad vinculantes. Para Teherán, esta omisión por sí sola hace que la propuesta sea insostenible.

El papel de Pakistán como intermediario no ha suavizado la postura de Irán. Según el Tehran Times, Trump intentó sondear la disposición de Irán a detener la guerra a través de canales pakistaníes, pero recibió una respuesta firme y coordinada. Los funcionarios iraníes han dejado claro que no negociarán bajo presión ni aceptarán propuestas que ignoren las demandas fundamentales de Irán.

Desde la perspectiva de Teherán, el plan de 15 puntos de Trump no es una hoja de ruta hacia la paz, sino un instrumento político diseñado para obtener concesiones unilaterales. Mientras la propuesta no aborde las condiciones esenciales de Irán —el fin de la agresión, el pago de reparaciones, el respeto a sus derechos soberanos y la garantía de su seguridad futura—, seguirá siendo, a ojos de Irán, un documento de presión más que la base de una diplomacia genuina.