Elizabeth Naranjo | Granma
*Al querer ser protagonista de la historia moderna, y actuar como un presidente «pacificador», el mandatario estadounidense Donald Trump ha conseguido gran parte de su deseo: acercar al mundo entero. Pero no contaba con que el acercamiento fuera en su contra.
El comienzo de lo que Trump bautizó como «el día de la liberación de EEUU», ha impulsado a varias naciones a tomar medidas y retomar viejas alianzas para mitigar los efectos de los gravámenes.
Al querer ser protagonista de la historia moderna, y actuar como un presidente «pacificador», el mandatario estadounidense Donald Trump ha conseguido gran parte de su deseo: acercar al mundo entero. Pero no contaba con que el acercamiento fuera en su contra.
Su administración, con claro mensaje de «primero mis dientes y luego mis parientes», demostrado en su política de guerra arancelaria, omite todo lo relacionado con la lealtad a países que han sido sus aliados, tanto económicos como militares.
El anuncio de Trump de lo que comenzó ayer y bautizó como «el día de la liberación deEEUU.», ha impulsado a varias naciones a tomar medidas y buscar otras nuevas, o retomar viejas alianzas para mitigar los efectos de los gravámenes.
Los gobiernos de México y Canadá decidieron devolver la mala jugada de su vecino con aranceles, pues el jefe de la Casa Blanca ni siquiera respetó el Tratado de Libre Mercado entre las tres naciones.
La Unión Europea (UE) tampoco se amilanó ante las amenazas. Muchos de los países que la integran prometieron responder a las nuevas imposiciones estadounidenses, según Russia Today.
En Asia se aliaron las tres potencias del continente: China, Japón y Sudcorea; se reunieron el fin de semana pasado, por primera vez en cinco años, informó Reuters.
La narrativa oficial apunta a una simple cooperación para fortalecer las cadenas de suministros, con Japón y Sudcorea importando materias primas para semiconductores, de China, y el gigante asiático interesado en los productos de alta tecnología, como los chips, de sus vecinos. Sin embargo, este intercambio parece esconder una motivación más profunda: la necesidad de protegerse de los aranceles impuestos por Washington.
El acuerdo promete ir de cara a un «terreno global que permita un entorno de comercio e inversiones libre, abierto, justo, no discriminatorio, transparente, inclusivo y predecible», tal como reza el comunicado derivado de la reunión.
Se pretende crear un entorno predecible de negocios e inversión, así como el fortalecimiento de las cadenas de suministros. Varios analistas hablan del nacimiento de un bloque comercial con una clara intención estratégica: desafiar el dominio estadounidense en la región que, además, podría sellar el fin del multilateralismo, dando paso a una era de regionalismos económicos.
La realidad es que las políticas arancelarias de Washington están impulsando a las tres potencias asiáticas –que, según datos del Banco Mundial, representan aproximadamente un cuarto de la economía del mundo– a buscar una alternativa al modelo de comercio global liderado por Estados Unidos.
En tanto, el 60 % de los estadounidenses muestra un descontento con la gestión de Trump en política exterior, y un 58 % en materia económica. Así lo reveló una encuesta realizada por Associated Press y el centro de Investigación de Asuntos Públicos, lo que subraya la creciente impopularidad de su enfoque proteccionista.