El error de cálculo de USA e Israel al atacar a Irán

Los cálculos no les están cuadrando a los agresores de Irán, el criminal sionista Benjamin Netanyahu y su tenebroso padrino, Donald Trump.

 

RT

*A pesar de las afirmaciones de Washington sobre el éxito de la agresión, surgen dudas sobre el desarrollo futuro de la situación. Los agresores criminales la tienen complicada.

La agresión de Israel y EE.UU. efectuada la madrugada de este sábado contra Irán se ha convertido en un conflicto más amplio, que se ha extendido por Oriente Medio después de que Teherán lanzara ataques de represalia contra objetivos militares en Israel y bases militares estadounidenses en la región.

Según el medio ruso Vzgliad, EE.UU. e Israel apuestan por una caída del Gobierno iraní sin repetir un escenario como Irak, para el que no tendrían suficientes tropas, legitimidad ni margen político. La estrategia descrita se apoya en varias etapas: primero, el golpe de decapitación con la eliminación del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí; después, una fase de ataques destinada a eliminar a otros dirigentes e intimidar a los que queden, con la expectativa de que acepten negociar garantías de supervivencia.

Si eso no ocurre, la siguiente fase sería presionar mediante una crisis económica y humanitaria causada por nuevos golpes contra la economía, con el objetivo de reactivar protestas en Irán.

Pero hay factores que ponen en duda ese guion. Jameneí tenía 86 años y estaba gravemente enfermo, por lo que el relevo era un escenario previsto, y además habría dejado nombrados sucesores, con un liderazgo temporal compartido por tres figuras, entre ellas el presidente Masoud Pezeshkian.

También es incierto que mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) opten por rendirse, en un país donde —sostiene el medio ruso— «no tienen adónde huir», mientras la resistencia a Estados Unidos cuenta con respaldo social y de parte de la élite. Además, se advierte que la ideología de la República Islámica funciona como factor de cohesión en una sociedad diversa y que un reemplazo abrupto podría abrir un escenario de fragmentación.

La escalada también tiene límites políticos y regionales. El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, difícilmente podrían mantener bombardeos prolongados sin costos internos, y el liderazgo estadounidense enfrenta presión de países árabes que rechazaban la guerra desde el inicio y no quieren asumir el impacto económico de un alargamiento del conflicto.

«Victoria» prematura

A su vez, el politólogo Andréi Kortunov afirmó que el inicio de la operación de Estados Unidos e Israel contra Irán equivale a un reconocimiento tácito de que la Guerra de los 12 Días del verano pasado no logró los objetivos de los aliados. Si hubo que empezar de nuevo, sostuvo, es porque los comunicados de victoria de junio fueron prematuros. Además, afirmó que Teherán siempre ha sido un adversario incómodo para Washington.

En este contexto, Kortunov enumeró varios factores que, a su juicio, empujaron a Donald Trump a lanzar la agresión más amplia contra la República Islámica: la presión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu y señales de líderes de la oposición iraní en el exilio. En conjunto, dijo, Trump asumió el mayor riesgo desde su regreso a la Casa Blanca, y ahora el objetivo de Washington iría más allá de cambios regionales para orientarse a un cambio en el sistema político, como indicaría el asesinato del líder supremo Ali Jameneí.

En su evaluación, incluso si el Gobierno actual cayera, las consecuencias podrían no estar plenamente calculadas en Washington y aumentarían los riesgos de una desintegración del Estado iraní con crisis en países vecinos, incluidos Turquía, Irak, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Kortunov agregó que una escalada prolongada podría traducirse en bajas estadounidenses por ataques contra bases de EE.UU. y salirles caro a los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre, además de desestabilizar mercados energéticos y financieros.

Órdenes sin plan

The Financial Times indicó que la muerte de Jameneí y de varios dirigentes militares y políticos iraníes no responde por sí sola a la pregunta sobre lo que viene después. Donald Trump pidió al CGRI «deponer las armas» y aconsejó a la población iraní «tomar el control de su Gobierno».

Pero esas instrucciones dejan un vacío de detalles: la Guardia Revolucionaria está siendo bombardeada desde el aire e, incluso si sus tropas abandonaran sus armas, dentro de Irán no hay una autoridad alternativa o un Ejército ante el que rendirse.

La expectativa sería que un golpe de «decapitación» del liderazgo y la destrucción del poder militar desemboquen en una transición «orgánica» hacia un nuevo sistema, sin más intervención de EE.UU. Sin embargo, se señala que no hay razones suficientes para creer que ese esquema vaya a funcionar.

Desde la óptica del Gobierno de Netanyahu, la coyuntura se presenta como una oportunidad para neutralizar a un enemigo considerado peligroso. No obstante, para los Estados del Golfo y para Estados Unidos, el cálculo sería más complejo. Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin y Arabia Saudita han buscado proyectarse como refugios seguros para personas y capital, pero han sido alcanzados o señalados como objetivos de misiles iraníes. Si el conflicto termina rápido o Irán agota sus reservas de misiles y drones, podrían tratarlo como «unos días malos», pero si la guerra se prolonga, el estatus de refugio seguro de estos países quedaría en serio riesgo.