Armenia y la desestabilización USA

 

Pablo Jofre Leal

* “Allí donde esté y actué Estados Unidos, constataremos golpes de estado, desestabilización, agresiones, muerte, destrucción, inestabilidad. En Armenia, los gobiernos estadounidenses, bajo Trump ayer y Biden, hoy han desarrollado programas que suelen denominarlo “programas de cooperación” en las esferas de la biología, por ejemplo, por más de 50 millones de dólares, que significa avanzar en el desarrollo de armas de este tipo”.

Armenia, país ubicado en la zona del Cáucaso Sur, que apareció profusamente en los medios en el último lustro tras la guerra con Azerbaiyán el año 2020, que terminó con su derrota ante Bakú y con ello con la recuperación por parte de su vecino de gran parte de los territorios conocidos como Karabaj, volvió a la palestra noticiosa.

Esto, el pasado mes de septiembre tras la acción de fuerzas separatistas en la región controlada hoy por Azerbaiyán, que con sus tropas y tan sólo en un día de combates logró asestar un duro golpe a las fuerzas armenias y con ello forzar la salida de gran parte de la población de origen armenio que aún quedaba en la región de Karabaj, que significó tres décadas de conflicto.

Armenia y su estratégica ubicación en el Cáucaso sur, en medio de Asia occidental y Rusia, a mitad de camino de la República Islámica de Irán y el tránsito hacia Türkiye y el Mar Negro y con ello el acceso marítimo a Europa, representa desde el punto de vista geopolítico y estratégico un área tremendamente apetecida, ya sea por las riquezas energéticas allí presentes, como también por la ruta de oleoductos, gasoductos y parte de la llamada nueva ruta de la seda, que representa un duro varapalo político, económico y de avance multilateral para un occidente cada día más a la baja.

Y, en esa lógica representa una zona de actividad de Washington para socavar los intentos de desarrollo e influencia de la Federación Rusa, generando procesos de desestabilización como los vividos en Georgia y aquellos iniciados en Ucrania el año 2014.

Finalmente desembocaron con la operación militar rusa en febrero de aquel, para contrarrestar las presiones y agresiones del gobierno de Kiev contra el Donbás, bajo la égida y mandato de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte -OTAN-. Una Ucrania, que bajo Zelensky ha servido de testaferro en su política de máxima presión contra el gobierno de Vladimir Putin.

Ayer Ucrania, hoy Armenia, son las hogueras que desea encender Washington. Estrategias de desestabilización, guerras híbridas y golpes suaves al estilo de lo signado por el politólogo Gene Sharp, son parte del teatro de operaciones internacionales de las administraciones estadounidenses y sus incondicionales, como ha sucedido también en Latinoamérica, África y el levante mediterráneo.

Allí donde esté y actué Estados Unidos, constataremos golpes de estado, desestabilización, agresiones, muerte, destrucción, inestabilidad. En Armenia, los gobiernos estadounidenses, bajo Trump ayer y Biden hoy han desarrollado programas que suelen denominarlo “programas de cooperación” en las esferas de la biología, por ejemplo, por más de 50 millones de dólares, que significa avanzar en el desarrollo de armas de este tipo.

Apoyo que se va desarrollando también en el ámbito de ejercicios militares como el que se llevó a cabo en septiembre pasado denominados “Eagle Partner 2023″, cuyo objetivo fue buscan elevar el nivel interoperativo de las fuerzas estadounidenses y armenias.

En trabajos periodísticos, desarrollados en la propia Armenia, se ha señalado que, desde el año 2008 Estados Unidos estableció en territorio armenio una docena de bio laboratorios, cuyas labores se realizan bajo el marco del llamado “Programa Biológico Conjunto de Defensa de Estados Unidos (CBEP).

Una organización asociada a diversos países en al menos 25 países para supuestamente abordar “diversas amenazas a la seguridad internacional”, entre las que enumera a “las organizaciones terroristas que buscan adquirir patógenos, como también evitar la propagación de enfermedades con posibles consecuencias económicas o de seguridad”.

Supuestamente, el proyecto debería estar desarrollando la capacidad de detectar virus y neutralizarlos. Armenia estableció también vínculos muy estrechos de trabajo y cooperación con la Agencia de Defensa para la Reducción de Amenazas (DTRA), dependiente del Departamento de Defensa (Pentágono) de los Estados Unidos, que incluye países como Kenia, Corea del Sur, Georgia, Ucrania, Kazajstán, Uzbekistán, Japón y Singapur, entre otros.

El acercamiento de Armenia a Estados Unidos y Europa se ha acrecentado en los últimos meses, que se expresan en declaraciones del primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan al criticar a Rusia por considerarlo – como fuerza de mantenimiento de paz – “incapaz de mantener el control sobre el corredor de Lachin o no tiene la voluntad».

Pashinyan criticó fuertemente a Moscú calificando las relaciones entre Rusia y su país como “un error estratégico” que suele ser el primer paso para ir acercando posiciones a ese occidente que utiliza a países como Armenia, Ucrania, Georgia, entre otros para intensificar sus presiones contra Rusia. Incluso, en un acto muy simbólico la esposa de Pashinyan viajó a Kiev para ser parte de un encuentro de esposas de aliados del presidente ucraniano y con ello dar su apoyo frente al conflicto que tiene a Estados Unidos y la OTAN contra Rusia, ocupando precisamente a Ucrania como testaferro.

Estados Unidos se propone convertir a Armenia – con el apoyo dado a Pashinyan – en un país cada día más pro estadounidense, tomando como ejemplo a Georgia, que terminó siendo parte de la serie de procesos desestabilizadores contra Rusia en las antiguas repúblicas soviéticas.

Recordemos lo que significó para Georgia esa incondicionalidad a occidente y con ello servir de punta de lanza en los procesos desestabilizadores contra la federación rusa. Sobre todo, en tiempos de Mikhail Saakashvili en que Abjasia, Osetia del Sur, Adzharia – esta última bajo control turco –. Esas pérdidas significaron que la propia carrera de Saakashvili terminara en el basurero de la historia tras servir a Washington y luego finalizar como material de desecho, tanto para Estados unidos como para la propia OTAN.

Mismo fin que le espera a Zelensky y los suyos, que poco a poco están perdiendo toda la confianza de aquellos que han llenado los bolsillos de militares y políticos ucranianos corruptos, generando un escenario donde la muerte y destrucción es el único panorama de futuro que visualiza Ucrania.

En tiempos de Saakashvili, Georgia intentó ingresar a la OTAN – en clara provocación a las exigencias rusas de seguir ampliando al brazo militar de la Unión Europea hacia su frontera occidental – no lo logró Georgia en ese entonces y hoy tienen aún menos posibilidades frente a una fuerte influencia turca en la zona del Cáucaso, que viene a ser una zona otanista de responsabilidad turca, en el panorama estratégico noratlántico.

Al repetir esa misma ruta, ese mismo tránsito prootanista y pro-europeista, Nikol Pashinyan está llevando a Armenia a la pérdida de su escasa soberanía, teniendo en cuenta que la OTAN, bajo la guía de Washington, sólo promete panoramas llenos de colores, para terminar después aterrizando en un campo plagado de dificultades. Lo más probable, viendo el panorama actual de las zonas que Armenia termine fagocitado y controlado por vecino turco, en un protectorado que va a generar tensiones futuras.

Un Pashinyan que además de conducir a Armenia a un despeñadero político, es sindicado como el político que permitió la derrota militar de su país a manos del ejército azerbaiyano, facilitando la imposibilidad de seguir controlando los territorios ocupados a Azerbaiyán desde la guerra del año 1992 y que hoy en un 70% han vuelto al redil azerbaiyano.

Esto, incluso, con la firma del reconocimiento de la integridad territorial de Bakú por parte de Pashinyan, quien declaró estar dispuesto a reconocer Karabaj como parte de Azerbaiyán si Bakú garantiza la seguridad de su población armenia y reconoce las fronteras de su país.

Hoy por hoy, este primer ministro armenio es considerado por la oposición a su gobierno como el político más beneficioso para el gobierno de Bakú y se está levantando una suerte de corriente de opinión, coordinado por el llamado “Comité Nacional”, que ha ido agrupando a empresarios, militares, políticos y ciudadanía y que cada día cobra más adeptos en su demanda de lograr la destitución de Pashinyn.

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