
RT
* Bruselas ha incorporado empresas chinas a su nuevo paquete de sanciones, una decisión que aumenta las tensiones comerciales con Pekín y que podría volverse contra la propia UE, debido a su fuerte dependencia de la economía china.
En el 21.º paquete de sanciones contra Rusia, la Unión Europea incluyó también a varias empresas chinas, acusándolas de apoyar la economía rusa y su industria militar.
Pekín no tardó en responder e impuso restricciones contra empresas europeas. Las medidas no solo afectaron a compañías del sector de la defensa, sino también a fabricantes de equipos electrónicos y ópticos.
No es la primera vez que la UE y China se ven inmersas en una confrontación comercial. Ante el temor que suscita una dependencia excesiva del gigante asiático, Bruselas sigue endureciendo las restricciones contra empresas chinas, mientras Pekín advierte de que una escalada de este tipo podría desbordar la capacidad del bloque comunitario.
Pekín devuelve el golpe
Pekín respondió a la decisión de la UE de incluir a 14 empresas chinas en su lista de sanciones —que fue calificada la semana pasada de «aberrante» por el Ministerio de Comercio de China— con la imposición de controles a la exportación contra 14 empresas europeas de los sectores de defensa y tecnología.
Entre las compañías afectadas figuran el fabricante italiano de motores eléctricos Lafert, el productor francés de drones Cavok UAS, la empresa alemana de defensa Rheinmetall, el astillero neerlandés IHC Merwede, que también opera bajo la marca Royal IHC, y el fabricante alemán de materiales de recubrimiento Sindlhauser Materials.
Las restricciones impedirán que empresas y operadores chinos suministren a estas entidades productos de doble uso, es decir, bienes y tecnologías con posibles aplicaciones tanto civiles como militares. Además, China prohibió a organizaciones y personas extranjeras que transfieran o faciliten a las compañías sancionadas artículos de doble uso de origen chino.
Pekín justifica la medida alegando la necesidad de proteger la seguridad nacional, salvaguardar sus intereses y cumplir con sus obligaciones internacionales en materia de no proliferación.
En este contexto, Politico señala que esta decisión constituye «la respuesta más directa y contundente de Pekín hasta la fecha a las inclusiones de empresas en las listas de sanciones de la UE».
La tensión comercial se dispara
Este nuevo episodio pone de relieve unas tensiones comerciales cada vez más agudas entre Pekín y el bloque comunitario. En 2025, el déficit comercial de la Unión Europea con China en materia de bienes se amplió hasta los 359.000 millones de euros (418.000 millones de dólares), lo que supone un aumento de casi el 15 % respecto a la cifra del año anterior y más del doble del déficit registrado en 2019, el último año antes de la pandemia de covid-19.
China vendió casi 560.000 millones de euros (unos 650.000 millones de dólares) en bienes al bloque en 2025, continuando una tendencia en la que sus exportaciones a Europa aumentaron drásticamente tras la pandemia.
También está realizando inversiones de ‘nearshoring’ (relocalización cercana) en países cercanos a la UE, como Marruecos, que tienen acuerdos de libre comercio con la UE y podrían ofrecer una forma de eludir futuros aranceles de la UE.
Mientras tanto, las exportaciones europeas a China han ido disminuyendo. En 2025, las exportaciones cayeron a poco menos de 200.000 millones de euros (unos 232.000 millones de dólares).
A principios de junio, Bloomberg informó que Bruselas se prepara para advertir a ciudadanos y empresas del riesgo de una posible guerra comercial con China, mientras el bloque estudia nuevas medidas restrictivas contra Pekín.
China advierte a Europa sobre los riesgos
En medio del creciente deterioro de las relaciones comerciales y de las medidas proteccionistas adoptadas por la Unión Europea, la agencia estatal china Xinhua publicó un análisis en el que un grupo de investigadores sostiene que el principal problema de Europa no proviene de China.
«La verdadera amenaza para la UE no es el ‘exceso de capacidad’ de China, sino la propia falta de innovación de Europa y sus mercados cerrados», señala el informe.
El artículo también descarta cualquier comparación entre China y la Unión Europea en cuanto a necesidad de reducir la deuda. «La estructura de esa deuda sugiere que la resiliencia de China es mayor que la de la Unión Europea», sostienen los autores.
Asimismo, advierten que apostar por el proteccionismo solo puede acelerar la desindustrialización de Europa, mientras que China seguirá consolidando su posición en los nuevos sectores de alta tecnología, desde los vehículos eléctricos hasta la inteligencia artificial.
«Lo que Europa debe reconocer es que la fragilidad económica de China es un desafío de transición, no un colapso sistémico», afirman los autores, argumentando que los cimientos de la economía china son mucho más sólidos de lo que se cree en Bruselas.
El peligro de un golpe autoinfligido
En este contexto, los expertos advierten de que las nuevas restricciones impuestas por China podrían generar dificultades para los fabricantes europeos orientados a la producción de alta tecnología.
China domina la producción mundial de metales como el galio y el germanio, además de varios elementos de tierras raras, indispensables para la optoelectrónica y la fabricación de semiconductores. En algunos de estos materiales, el país concentra más de la mitad de la producción mundial, mientras que las empresas europeas disponen de pocas alternativas a corto plazo.
«Entre las compañías europeas que podrían verse afectadas por las restricciones figuran los fabricantes de productos industriales de alta tecnología, para los que China sigue siendo uno de los principales mercados de exportación. En primer lugar, se trata de empresas de los sectores de la microelectrónica, la fotónica, las tecnologías láser y la ingeniería mecánica de alta precisión», afirma el estratega ruso de inversiones Alexánder Bajtín.
«Para estas empresas, China no solo representa un mercado de ventas, sino también un eslabón clave de sus cadenas de suministro. Las restricciones podrían provocar la pérdida de contratos, retrasos en las entregas y la necesidad de buscar alternativas más costosas», concluye el experto.