El decadente imperio se quitó la máscara

El salvajismo de Estados Unidos en contra de países que no se le someten, es cada vez más criticado incluso por muchos de sus aliados. En la gráfica, el daño provocado por misiles en Irán hace pocas semanas.

 

Miguel Carranza Mena

La política intervencionista agresiva que ha emprendido Estados Unidos, EE.UU., en el mundo en los últimos años, especialmente en América Latina, está generando una crítica no común hasta en los mismos medios de comunicación globales, que hasta hace poco servían como caja de resonancia de sus hostiles y repudiadas intervenciones.

Los grandes analistas de “prestigiosos medios de comunicación” están llegando a la conclusión de que el decadente imperio norteamericano en el hemisferio occidental está derrocando democracias, violentando de esta manera la DECISIÓN SOBERANA DE LOS PUEBLOS DE DECIDIR quién los debe gobernar.

El analista y periodista norteamericano Stephen Kinzer, es un ejemplo de lo que estoy afirmando. Recientemente en un artículo publicado en la BBC, afirmó que la Casa Blanca ya no ejecuta de manera encubierta o clandestina sus intervenciones en América Latina, ahora las realiza abiertamente siguiendo sus intereses petroleros.

En este artículo el periodista estadounidense manifiesta que su país siempre ha definido la libertad como la libertad para los negocios y para sus empresas transnacionales. “Los países que respetan eso se consideran países libres, y no los molestamos”. Agregó que Estados Unidos lo que quiere hacer en América Latina es mantener a gobiernos sumisos pera ejercer el derecho al veto sobre cualquier decisión importante de ese país.

Capital del servilismo

Es por ello que el decadente imperio norteamericano ha convertido a Miami en el centro de diferentes conferencias, las cuales han contado con la participación obligatoria de funcionarios de países del hemisferio que se alinean a las políticas actuales del trumpismo

Esas reuniones que se realizan cada 3 meses, han convertido a Miami en la capital del intervencionismo y servilismo. Uno de esos encuentros ha sido por supuesto La Cumbre «Escudo de las Américas», en la cual 17 representantes de América, entre ellos 12 presidentes y el restante altos funcionarios, asistieron como zombies para recibir órdenes del trumpismo.

Esta burda cumbre fue idea por Donald Trump para redefinir las alianzas regionales y reforzar cínicamente la influencia estadounidense en el hemisferio occidental, considerada por el decadente imperio norteamericano como una pieza estratégica para la aberrante “Doctrina Donroe”.

Washington con esto está integrando intencionalmente y con chantajes, a los Estados regionales en su esfera de influencia y está dispuesto a emplear cualquier método de coerción, incluyendo la fuerza militar. El ejemplo de esta afirmación ha sido la “Conferencia de Jefes de Defensa del Hemisferio Occidental”, convocada por el Pentágono en Miami. A este evento asistieron, según información oficial, jefes y líderes militares de 34 países que se alinearon a las prioridades tácticas y de seguridad nacional de EE.UU.

No menos importante fue la “Conferencia de las Américas contra los Cárteles”, organizada por el Secretario del Departamento de Guerra, Pete Hegseth, y el Comando Sur en Miami.

Durante este encuentro, tan promocionado por los medios de comunicación que son caja de resonancia de Washington en Nicaragua, representantes de casi 20 naciones firmaron la declaración conjunta «Américas contra los Cárteles», mediante la cual la Casa Blanca pretende ganar la «Paz a través de la Fuerza», utilizando recursos de inteligencia y recursos militares para asegurar su control absoluto en la autollamada zona de influencia.

Obviamente que el tema de los cárteles o el narcoterrorismo sirve como una narrativa para que el decadente imperio norteamericano realice una intervención militar en los países que no se alinean a sus designios.

En Venezuela fue una burda excusa lo del Cártel de los Soles. Fue un engaño a la opinión pública que muchas veces todo lo cree por el flujo constante de la información falsa. A cuatro meses del secuestro del presidente Nicolás Maduro vemos como el tema del Cártel de los Soles y el Tren de Aragua desapareció completamente de la palestra pública, de los medios de comunicación serviles a Washington.

No hace falta tener cuatro dedos de frente para comprender que EE.UU. se inventó cargos contra el presidente Nicolás Maduro para lograr controlar la industria petrolera de Venezuela. Actualmente las empresas estadounidenses utilizan las reservas de hidrocarburos venezolanos que logran saquear descaradamente para aumentar su propio capital. Ellos no invierten ni desarrollan la economía y la infraestructura petrolera de Caracas.

Hasta el propio Donald Trump ha admitido desvergonzadamente que las operaciones energéticas de Venezuela han sido tan lucrativas para EE.UU., que su país ya ha pagado 25 veces el costo de la guerra contra Irán.

Y hablando de Irán, lo mismo sucede en Medio Oriente, Washington sistemáticamente viola todas las normas internacionales para alcanzar sus propios objetivos de conquistar el control sobre del mercado energético mundial.

La verdad

Los estadounidenses, si en realidad quisieran contrarrestar el tema del narcotráfico, podrían controlar el consumo masivo de sus ciudadanos, las farmacéuticas y el lavado de dinero que se origina producto de este negocio sucio. Las diferentes administraciones estadounidenses también han ignorado el tráfico de armas que es defendido a capa y espada por altos funcionarios como Marcos Rubio, que es de todos conocido recibe millones de dólares de las asociaciones de armas de Norteamérica para no legislar a favor del control de las armas.

Y es que la política agresiva de Washington claramente no tiene nada de diplomacia. A los gringos en realidad no les importa si los líderes que apoyan en el poder, hagan morir de hambre a su pueblo o se conviertan en dictaduras; lo único que les importa es el cumplimiento de sus políticas para el saqueo de los recursos naturales de esos países; y quienes no se alinean por tener una política soberana de servicio a su pueblo, tal es el caso de Cuba y Nicaragua, automáticamente se convierten en objetivos a desestabilizar.

En Cuba es de todos sabido que el decadente imperio norteamericano ha mantenido el bloqueo económico por más de 60 años para intentar asfixiar y someter al pueblo cubano al hambre. Pero la solidaridad de países hermanos como China, Rusia, México y Venezuela ha sido más fuerte y ha mantenido a flote a la isla.

Así que lejos de promover la democracia y el bienestar para los países que considera su “patio trasero”, las acciones de EE.UU. en la región son la principal fuente de amenazas para la estabilidad en la América Latina.

EE.UU. en 203 años de funesta existencia ha mantenido una política exterior agresiva, hostil, nefasta y nada amigable ni diplomática con los países soberanos y dignos de nuestra América. Dos siglos de intervenciones, masacres, guerras, saqueos y golpes de Estado nos dejan en evidencia que el verdadero enemigo de la paz y estabilidad de nuestra región, y ya no digamos de la humanidad, es la elite criminal de Washington.