Estados Unidos, ¿el policía de América?

200 años de presión hegemónica sí han calado profundo en la conciencia de lo que significan las políticas estadounidenses de cara al continente americano en el camino hacia la flagelación.

Doscientos años no han sido suficientes para que, en su crueldad, el imperialismo entienda que la soberanía de los pueblos es inviolable y clave en el equilibrio mundial. Sin embargo, 200 años de presión hegemónica sí han calado profundo en la conciencia de lo que significan las políticas estadounidenses de cara al continente americano en el camino hacia la flagelación.

Justamente, el tema Estados Unidos y el sistema de dominación continental a 200 años de la Doctrina Monroe, fue presentado por el doctor Jorge Hernández Martínez, del Centro cubano de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos, durante la V Conferencia Internacional Por el equilibrio del mundo, con sede en La Habana, hasta el 28 de enero.

Hernández Martínez señaló las raíces de la conducta yanqui hacia naciones cercanas en los aportes de Theodore Roosevelt, quien legitimó el «derecho» de EE. UU. a ejercer como «policía internacional», en América o en cualquier parte del mundo donde se relajasen «las reglas de una sociedad civilizada».

También tuvo un impacto en el diseño de sus políticas hacia la región, la «buena vecindad», iniciativa presentada por la administración de Franklin D. Roosevelt en 1933, y precedida por la diplomacia del dólar, las cañoneras y el Gran Garrote.

En el caso de la Doctrina Monroe, esta política tuvo un momento importante de expresión institucional con la aparición de la Junta Interamericana de Defensa y la Organización de Estados Americanos (OEA), instancias que han develado el yugo del país norteño en el hemisferio como un sistema de dominación múltiple.

En el siglo XX hay un primer ajuste de este sistema después de la gran depresión de 1929 a 1933, cuando el imperio británico fue desplazado en el proceso progresivo que se suscitaba desde la Primera Guerra Mundial, y EE. UU. se afianza en el diseño del imperialismo, resaltó Hernández Martínez.

Un segundo ajuste se produce con el triunfo de la Revolución Cubana, contexto en el cual aparece la Alianza para el Progreso, impulsada por John F. Kennedy con el propósito de «asesorar» a los pueblos latinoamericanos para que no se repitiera el ejemplo de Cuba.

Los efectos del desplome del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la Unión Soviética, llevaron nuevamente a un reacomodo de la dinámica internacional, agregó. EE. UU. se veía ante la necesidad de construir un nuevo enemigo.

Se redefinieron, entonces, los cuatro pilares del imperialismo: el económico (modelo neoliberal), el político (democracia neoliberal); el militar a partir de golpes de Estado y el cultural/ideológico fortalecido en el espacio digital.

REVOLUCIONES CONTRA EL EQUILIBRIO

El análisis de la lógica del capital y su transformación revolucionaria para el cambio social en el mundo también concentró los análisis del evento.

A través del panel Democracia y participación ciudadana vs. globalización, la máster en ciencias Rosario Pentón Díaz, rectora de la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba Ñico López, compartió la influencia del pensamiento de grandes intelectuales en líderes transformadores como el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien asumió a José Martí como ejemplo de creador y humanista.

El doctor en Ciencias Frédéric Boccara, de La Sorbona, histórica universidad francesa, explicó que en la actualidad se manifiesta una nueva forma de dominación del capital, con excesos para obtener ganancias y colonizar a los pueblos.

Esta crisis permanente, explicó, no se puede solucionar dentro de los límites del sistema capitalista, certeza ante la cual el imperio coloniza mediante cinco aristas: la información, la ecología, las finanzas, la demografía y la fuerza militar.

Robson Santiago da Silva, de la Pontificia Universidad de São Paulo, llamó a la integración regional, pues la unidad alcanzada con la Unasur, el Mercosur y la Celac, reveló que era posible incluir, en las agendas de los mecanismos de cooperación, los problemas de nuestros pueblos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *