USA: El desempleo y la crueldad de “empezar de nuevo”

 

Ernesto Estévez Rams | Granma

Dice el título de una noticia destacada en un medio hegemónico: «¿Por qué ser despedido puede ser lo mejor que te ha pasado nunca?». La idea es que, según el entrenador de carreras Marlo Lyons, ser despedido es la oportunidad de un nuevo comienzo. Un nuevo comienzo de estar sin trabajo, agregaría yo.

Pregúntenles a los padres de varios críos si ser despedido es una oportunidad. Díganselo a los 1,64 millones de personas que en 2023 fueron despedidas en Estados Unidos; 1,64 millones de personas que dejaron de tener trabajo de un día para el otro, y que según CNN se les está dando la oportunidad de comenzar de nuevo.

De acuerdo con la revista Forbes, el 40 % de los estadounidenses ha sido despedido alguna vez, lo cual, señala el medio, puede ayudar al recién desempleado a superar sus propios sentimientos y a no sentirse solo. Mi abuela decía que pobreza de muchos, consuelo de tontos.

La solución a ser despedido no es, en ningún caso, la lucha colectiva. Ni siquiera apelar a un sindicato que proteja los derechos que le han sido violados, que, como hemos visto, son intereses colectivos. La solución, de acuerdo con el canal CNBC, es que el sobrante laboral mejore su presencia en las redes, pula su resumen online, cree un perfil en una red profesional como Linkedin y, no faltaba más, evite criticar a su antiguo empleador; ese que le despidió sin razón alguna, salvo que los dueños ya no se estaban haciendo tan millonarios como antes, y por eso el nuevo desempleado sobraba.

El Buró de Estadísticas Laborales de Estados Unidos ha calculado que el tiempo medio de desempleo de las personas que han sido declaradas sobrantes en su anterior empleo, es estadísticamente superior al del resto de las personas desempleadas. Como promedio, tardan 1,6 veces más en conseguir un nuevo empleo. La presión económica por ser nuevamente empleado hace que este sector acepte, en promedio, ser nuevamente contratado por salarios más bajos. Parece que la oportunidad del nuevo comienzo es, digamos, más precaria.

La lógica del capital no falla. Lo peor es cómo esta se asimila como el orden «natural» de las cosas. Si te quedaste sin trabajo por la ambición del uno por ciento, no seas un perdedor, no te quejes, búscate otro trabajo. De esta manera, si mañana estás en el otro extremo del garrote, no dudarás en despedir a otros si te lo ordenan; al fin y al cabo, para entonces habrá aprendido que así es la vida y de lo que se trata es de estar en el lado correcto de esa ecuación.

En 2020, la NBC hizo un estudio sobre el origen de los apoyos al entonces presidente Donald Trump. En aquellos distritos en los que el desempleo había subido, el apoyo por el magnate había aumentado de manera sostenida. En el 70 % de los distritos más golpeados por el desempleo, el apoyo a Trump había subido. En Miami Dade, por ejemplo, donde el desempleo en aquel año se había incrementado un brutal 10,7 puntos porcentuales, el porciento de votos por Trump tuvo un incremento de 12 puntos. Todo ello a pesar de que, durante su presidencia, el Departamento de Trabajo reportó la pérdida neta de tres millones de puestos de trabajo. Y varios estudios apuntan a que, en las propias empresas de Trump o su familia, el número de despedidos no es para nada pequeño.

Hay una parte no despreciable de los humildes en Estados Unidos que ven a Trump como una especie de salvador; algo que sorprendería a quienes no han mirado con detalle lo que ocurrió, en términos ideológicos y culturales, en el capitalismo global después de la debacle del espacio soviético: la exacerbación del egoísmo como única salida individual a la selva en la que se vive, y la anulación cultural de cualquier horizonte colectivo. En otras palabras, el fin de la historia.

Sin duda, el expresidente de ese país refleja bien esa filosofía de vida. Lamentablemente, esa visión hegemónica no se ha quedado circunscrita al país del Norte, y si alguien piensa que no estamos influidos por ella, nos permea como un cáncer en busca de la metástasis.

Por ello, si no quieres ser aislado y aplastado, no menciones nunca, nunca, ¿has oído bien? ¡nunca!, la lucha de clases, eso es anatema. Te volverás un apestado por estar atizando a unos contra otros. Así, todos juntos, homogenizados en el imaginario popular, todos son uno en el mismo saco de la sociedad (no) ideal, juntos el muerto de hambre y el rico.

La aspiración que nos venden, continuamente, desde el Norte, aupada por los compinches de la restauración, es aspirar al american way of life, aunque le quitemos lo de american y, si somos muy quisquillosos, lo tropicalicemos en español. Que así sea, aunque hoy el american way of life, en su país de origen, ponga buena cara cuando te despidan, y te obliguen a salir a buscar, resignado, un trabajo en el que te pagarán menos.

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