Las mascarillas, claves para evitar una segunda oleada de la pandemia

Su uso masivo combinado con restricciones puntuales evitaría el rebrote del coronavirus, según modelos matemáticos

Una simulación con 60 millones de personas muestra que si todas llevaran mascarilla la mayor parte del tiempo no se producirían segundas o terceras oleadas de la pandemia de coronavirus. Incluso con porcentajes mucho menores, la propagación de la covid bajaría de su índice de reproducción (número básico de reproducción o R0) sin necesidad de las medidas más extremas de confinamiento. Según los autores de este estudio, a falta de herramientas más tecnológicas y avanzadas, cubrirse la cara de forma masiva daría el tiempo necesario para encontrar la vacuna. Sin embargo, aún hay científicos escépticos.

El sentido común dice que llevar mascarilla protege de cualquier partícula o patógeno aerotransportados. Pero la ciencia no lo tenía tan claro. Hasta la emergencia de la actual pandemia, han sido pocos los estudios sobre la eficacia de cubrirse boca y nariz para frenar la propagación de virus. La mayoría de los más recientes están relacionados con la gripe o el brote de SARS de 2003. Quizá por eso la Organización Mundial de la Salud (OMS) y muchos Gobiernos, como el español, han tardado tanto en recomendar u obligar a usarlas.

Ahora, un par de modelos matemáticos elaborados por investigadores británicos muestran que algo tan poco sofisticado como varias capas de tejido de algodón puede ser la primera línea de defensa contra el coronavirus. Su trabajo, que usa a la población del Reino Unido para su simulación, se alimenta de datos reales de infectados y un ritmo de contagio previo a las mascarillas similar al máximo alcanzado por una decena de países europeos. Con estos y otros parámetros epidemiológicos, intentan responder a la siguiente pregunta: ¿qué grado de adopción de las mascarillas haría falta para rebajar el R0 a menos de uno? Bajar de esa cifra implica la desaparición de la epidemia en un mayor o menor lapso.

“Nuestros análisis respaldan la adopción inmediata y universal de las mascarillas”, dice el principal autor del estudio, Richard Stutt. Hasta ahora, este investigador de la Universidad de Cambridge modelaba la propagación de enfermedades entre los cultivos vegetales, un conocimiento que ha aplicado a la actual pandemia humana. “Si combinamos el uso masivo de las mascarillas con la distancia física y cierto grado de confinamiento, se podría gestionar de forma asumible la pandemia al tiempo que se recupera la economía mucho antes de que haya una vacuna efectiva”, añade.

Los resultados del estudio, publicados en la revista científica Proceedings of the Royal Society A, señalan que si al menos la mitad de la población llevara mascarilla en público, el ritmo de contagio bajaría de ese R0 = 1. Como se ha demostrado, la curva de la pandemia no tira hacia abajo hasta que se logra ese umbral. Con porcentajes cada vez mayores de gente cubriéndose la cara, el modelo indica que ese R0 se acercaría cada vez más al cero.

Según esta investigación, en la situación ideal de que toda la población se pusiera la mascarilla, aquel R0 se mantendría bien por debajo de 0,5. Más importante aún: se evitaría una segunda o tercera oleada si las máscaras se complementan con confinamientos puntuales y parciales al menos durante 18 meses, tiempo que se cree suficiente para la obtención de la vacuna. El problema, como reconocen los autores, es que estos escenarios son una simulación que parte de una serie de suposiciones.

“Realizar estudios científicos para medir directamente la efectividad de las mascarillas es muy complicado”, recuerda Stutt. “Podemos ver la reducción del material exhalado por un infectado con o sin máscara, pero lo más difícil es calcular el efecto que esto tiene sobre los susceptibles de contagio”, detalla. Para saberlo con exactitud, habría que exponer a voluntarios al patógeno de forma deliberada, algo que plantea varios dilemas éticos.

Para Ellen Brooks, investigadora en salud pública de la Universidad de Bristol (Reino Unido), “aunque las mascarillas podrían reducir la transmisión en algunos entornos, como tiendas o transporte público, es poco probable que impidan la transmisión de contactos sociales cercanos y sostenidos, como en el hogar”. Mientras, el profesor Keith Neal, epidemiólogo de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), acepta la lógica de que cuanta más gente lleve mascarilla, más impacto tendrá en la propagación de la enfermedad, “pero depende mucho de la efectividad de las que vayan a usar”.

Otro temor de algunos científicos es que el uso generalizado de las máscaras genere una aparente sensación de seguridad. “No hay pruebas de que llevar mascarilla lleve a una relajación de otras medidas”, rechaza en un correo la profesora de atención primaria de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Trish Greenhalgh. Para ella, el estudio apoya la idea de que “los beneficios de cubrir la cara para reducir la infección entre la población superan a los potenciales daños del uso incorrecto”.

Entonces, ¿por qué la OMS y la mayoría de los Gobiernos occidentales no han recomendado (u obligado) al uso de las mascarillas hasta ahora? El catedrático de epidemiología del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), el español Juan Jesús Carrero, señala que pudo deberse a un cúmulo de circunstancias generadas por una pandemia no vista en tiempos recientes.

“La primera es interpretar la ausencia de estudios científicos como falta de efectividad”, explica Carrero. Inicialmente, las autoridades anteponían el principio de prevención. Otro motivo fue el miedo a un desabastecimiento que dejara al personal sanitario y contagiados sin sus máscaras. “La tercera es que al usar mascarillas, la gente relajase otras medidas tanto o más importantes, como el distanciamiento físico y la higiene”, apunta el científico español. Un cuarto miedo es que no basta con recomendarlas, hay que saber ponérselas. “El mal uso (cómo ponérselas, cómo quitárselas) también puede propiciar el contagio”. Y hay un quinto, que incluso alegó Donald Trump, recuerda Carrero: “Algunos (Trump incluido) pueden no querer usar las máscaras por razones estéticas o sensación de sofoco”.

Trump luego de salir del bunker: «Fue muy fácil contener a los manifestantes, agitadores y anarquistas que rodeaban la Casa Blanca»

El mandatario estadounidense estima que todos los que protegieron su residencia oficial realizaron «un gran trabajo».

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha comparado el operativo policial que se desplegó para proteger la Casa Blanca de «los manifestantes, agitadores y anarquistas (Antifa)» que se encontraban en las proximidades con «un paseo por el parque».

Este mandatario ha asegurado en Twitter que los miembros de la «magnífica Guardia Nacional» estadounidense que cuidaron la zona apenas podían creer lo fácil que les resultó.

«¡Un gran trabajo!», ha afirmado Trump al destacar que tanto a la Guardia Nacional como a la Policía de Washington D.C. y el Servicio Secreto les resultó «muy sencillo» tratar con esas personas.

Este comentario habría hecho referencia la desmovilización de una protesta en el parque Lafayette el pasado 1 de junio, antes de que el presidente de EE.UU. se dirigiera a la vandalizada iglesia de San Juan para fotografiarse con una Biblia en la mano.

En ese operativo se informó que los oficiales estadounidenses emplearon gases lacrimógenos y balas de goma, aunque la Casa Blanca desmintió ese hecho posteriormente.

 

Pionyang insta a Washington a «callarse la boca”

Kwon Jong Gun, del Ministerio de Exteriores norcoreano, aconsejó a EE.UU. «arreglar primero su propia casa».

Corea del Norte ha aconsejado este jueves a Washington que «mantenga la boca cerrada» sobre los asuntos intercoreanos si quiere una elección presidencial exitosa, según se expresó el jefe del departamento de asuntos estadounidenses del Ministerio de Asuntos Exteriores norcoreano, Kwon Jong Gun, informa KCNA.

La declaración se produce después de que el Departamento de Estado de EE.UU. dijera que estaba decepcionado con Corea del Norte después de que este martes suspendiera las líneas directas de comunicación con Corea del Sur.

Kwon Jong Gun ha comentado que está harto de «la doble cara de EE.UU.», en el sentido de que parece «ansioso por detener las relaciones intercoreanas cuando muestran signos de progreso», pero «actúa cuando parece que las relaciones empeoran».

«EE.UU. podría enfrentar cosas insoportablemente nefastas si interfiriera inútilmente en los asuntos Norte-Sur sin pensar en sus propios asuntos domésticos en un momento con la situación más desordenada que nunca», recoge la agencia surcoreana Yonhap.

«Si EE.UU. no quiere enfrentar cosas terribles, debe callarse la boca y trabajar para arreglar su propia casa primero».

Grupo de Puebla pide a OEA reconocer elecciones en Bolivia tras revelarse uso de datos incorrectos

El Grupo de Puebla expresa su preocupación frente a la nueva evidencia que aclara lo apresurada e intencionada de la declaración de la OEA, al establecer la consumación de fraude electoral en las elecciones realizadas en Bolivia el 20 de octubre de 2019.

Este nuevo estudio, demuestra que la evidencia estadística proporcionada por la OEA carece de fundamento, por lo que las acusaciones de fraude electoral no tienen sustento.

Comunicado:

El Grupo de Puebla, hace un llamado a la comunidad internacional, a partir de las dramáticas consecuencias que tuvo la observación electoral de la OEA, considerándolas como un elemento que derivó en la radicalización de la oposición política boliviana, teniendo como consecuencia un golpe de estado en contra del Presidente de Bolivia, Evo Morales.

En lo planteado por los investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Tulane, Rodríguez, Idrobo y Kronick, referenciado por el New York Times, la OEA no ofreció evidencias de fraude en las elecciones.

Los investigadores demuestran que no hubo variaciones en los patrones de votación, dentro de los recintos electorales después de la interrupción por conteo preliminar. Incluso, las trayectorias en las tendencias de votación no varían con respecto a patrones de elecciones anteriores.

Esta publicación, se suma a otros estudios como los de los investigadores del Laboratorio Electoral del MIT, publicado en el Washington Post, y a los varios estudios del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR).

Las acciones cometidas por la OEA en el caso boliviano, son absolutamente repudiables, puesto que, si se comprueba la discrecionalidad de estas, permitiría a la comunidad internacional presumir que el organismo multilateral fue cómplice del derrocamiento de un gobierno democrático.

Instamos a la OEA a aclarar de forma inmediata cada uno de los elementos que han sido controvertidos por el estudio de Rodríguez, Idrobo y Kronick. A su vez, solicitamos la presencia de una comisión independiente a la Secretaria General de la OEA, que se encargue de restablecer la legitimidad democrática en Bolivia.

Por otra parte, llamamos al gobierno de facto en Bolivia, liderado por Jeanine Áñez Chávez, a entregar inmediatamente el poder del Estado, a causa del retraso sistemático e inexplicable de las elecciones en dicho país.

Firmado el 10 de junio 2020

1.Celso Amorim
2. Ernesto Samper
3. Aloizio Mercadante
4. Fernando Lugo
5. Dilma Rousseff
6. Camilo Lagos
7. Mónica Xavier
8. Rafael Correa
9. Jorge Taiana
10. Guillaume Long
11. Marco Enríquez-Ominami
12. Fernando Haddad
13. Esperanza Martínez
14. Gabriela Rivadeneira
15. Clara López
16. Daniel Martínez
17. Carlos Ominami

 

Descubren factores de riesgo que provocan casos graves de covid-19

Los investigadores consideran que el hallazgo puede ayudar a los médicos a identificar y priorizar a los pacientes con alto riesgo desde la etapa inicial de la enfermedad.

Un grupo de investigadores surcoreanos ha determinado las afecciones que pueden provocar que los pacientes con covid-19 se vean gravemente afectados por la enfermedad, informa Reuters.

Este hallazgo podría ayudar al personal sanitario a identificar y priorizar a los pacientes de alto riesgo en una etapa temprana de la enfermedad respiratoria causada por el nuevo coronavirus, dijo el profesor de medicina interna del Centro Médico de la Universidad de Yeungnam, Ahn June-hong.

Los médicos y epidemiólogos están investigando los factores de riesgo para los pacientes que desarrollan casos graves de covid-19, que ha matado a más de 400.000 personas en todo el mundo desde su aparición a finales del año pasado en China.

En un estudio publicado recientemente, Ahn y sus colegas expusieron que la diabetes, la temperatura corporal alta, la baja saturación de oxígeno y las lesiones cardíacas preexistentes son factores pronósticos de una patología grave de covid-19.

En dicha investigación, los autores observaron durante dos meses a 110 pacientes contagiados con coronavirus, de los cuales 23 desarrollaron un cuadro clínico grave. Los convalecientes que presentaban al menos tres de los cuatro factores pronósticos desarrollaron afecciones de gravedad, detalló Ahn.

 

Dos reos se fugan de una prisión en Italia, pero dejan una nota: «Volveremos en 15 días»

Los presos aseguran en la carta que acudieron en socorro de sus hijos, que estarían presuntamente en problemas relacionados con drogas.

Davad Zukanovic y Lil Ahmetovic escaparon el pasado 2 de junio de la prisión Rebibbia, en Roma (Italia) tras aserrar los barrotes de la celda y descender con ayuda de una soga hasta el patio.

Antes de abandonar su celda, los reclusos, que son primos, dejaron una inusual nota en la que la prometían regresar al cabo de 15 días, después de resolver unos asuntos personales, informaron medios locales.

Según explican en la nota, dirigida a los directores de la instalación penitenciaria, lo que les motivó a tomar esta decisión fue la necesidad de proteger a sus hijos, que se habían metido con malas compañías (presumiblemente problemas relacionados con drogas) y que no podían contar con la ayuda de sus esposas, ya que estas se encuentran igualmente encarceladas. 

Ambos reclusos se encontraban cumpliendo penas de cárcel hasta 2029 por delitos contra la propiedad y contra la administración pública. En particular, habrían intentado hacerse pasar por funcionarios públicos falsificando insignias policiales.

EE.UU. con 2 millones de positivos por coronavirus

Las muertes en el país norteamericano por covid-19 han alcanzado las 112.924.

El total de infectados en EE.UU. por coronavirus desde el inicio de la pandemia ha superado los 2 millones, según los últimos datos de la Universidad Johns Hopkins, que monitorea las estadísticas a nivel internacional.

Hasta la fecha, se han registrado en el país norteamericano 2.000.464 contagios, mientras que la cifra de muertes por covid-19 se sitúa en 112.924. Entretanto, los recuperados suman 533.504.

El mayor número de contagios se registra en el estado de Nueva York (380.156), seguido por los estados de Nueva Jersey (165.364), California (139.715), Illinois (129.837) y Massachusetts (104.156).

De momento, Estados Unidos es el país con mayor número de contagios, seguido por Brasil (772.416) y Rusia (493.023).

La «complacencia», la mayor amenaza

Por su parte, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha advertido este lunes que, aunque la situación del coronavirus en Europa está mejorando, empeora a escala mundial.

En este sentido, Ghebreyesus ha advertido que la «complacencia» es la mayor amenaza. «Continuamos instando a la vigilancia activa para asegurar que el virus no se recupere, especialmente a medida que las reuniones masivas de todo tipo están comenzando a reanudarse en algunos países», ha enfatizado.

Ante las protestas contra la brutalidad policial que han estallado en EE.UU. y han tenido su reflejo en diferentes países, Ghebreyesus ha subrayado que la OMS «apoya plenamente la igualdad y el movimiento mundial contra el racismo» y «rechaza la discriminación de todo tipo», pero «alienta a todos los que protestan en todo el mundo a que lo hagan de manera segura».

«En la medida de lo posible, manténgase al menos a 1 metro de los demás, lávese las manos, cúbrase la tos y use una mascarilla si asiste a una protesta», ha recomendado el jefe del organismo.

Su uso masivo combinado con restricciones puntuales evitaría el rebrote del coronavirus, según modelos matemáticos

Una simulación con 60 millones de personas muestra que si todas llevaran mascarilla la mayor parte del tiempo no se producirían segundas o terceras oleadas de la pandemia de coronavirus. Incluso con porcentajes mucho menores, la propagación de la covid bajaría de su índice de reproducción (número básico de reproducción o R0) sin necesidad de las medidas más extremas de confinamiento. Según los autores de este estudio, a falta de herramientas más tecnológicas y avanzadas, cubrirse la cara de forma masiva daría el tiempo necesario para encontrar la vacuna. Sin embargo, aún hay científicos escépticos.

El sentido común dice que llevar mascarilla protege de cualquier partícula o patógeno aerotransportados. Pero la ciencia no lo tenía tan claro. Hasta la emergencia de la actual pandemia, han sido pocos los estudios sobre la eficacia de cubrirse boca y nariz para frenar la propagación de virus. La mayoría de los más recientes están relacionados con la gripe o el brote de SARS de 2003. Quizá por eso la Organización Mundial de la Salud (OMS) y muchos Gobiernos, como el español, han tardado tanto en recomendar u obligar a usarlas.

Ahora, un par de modelos matemáticos elaborados por investigadores británicos muestran que algo tan poco sofisticado como varias capas de tejido de algodón puede ser la primera línea de defensa contra el coronavirus. Su trabajo, que usa a la población del Reino Unido para su simulación, se alimenta de datos reales de infectados y un ritmo de contagio previo a las mascarillas similar al máximo alcanzado por una decena de países europeos. Con estos y otros parámetros epidemiológicos, intentan responder a la siguiente pregunta: ¿qué grado de adopción de las mascarillas haría falta para rebajar el R0 a menos de uno? Bajar de esa cifra implica la desaparición de la epidemia en un mayor o menor lapso.

“Nuestros análisis respaldan la adopción inmediata y universal de las mascarillas”, dice el principal autor del estudio, Richard Stutt. Hasta ahora, este investigador de la Universidad de Cambridge modelaba la propagación de enfermedades entre los cultivos vegetales, un conocimiento que ha aplicado a la actual pandemia humana. “Si combinamos el uso masivo de las mascarillas con la distancia física y cierto grado de confinamiento, se podría gestionar de forma asumible la pandemia al tiempo que se recupera la economía mucho antes de que haya una vacuna efectiva”, añade.

Los resultados del estudio, publicados en la revista científica Proceedings of the Royal Society A, señalan que si al menos la mitad de la población llevara mascarilla en público, el ritmo de contagio bajaría de ese R0 = 1. Como se ha demostrado, la curva de la pandemia no tira hacia abajo hasta que se logra ese umbral. Con porcentajes cada vez mayores de gente cubriéndose la cara, el modelo indica que ese R0 se acercaría cada vez más al cero.

Según esta investigación, en la situación ideal de que toda la población se pusiera la mascarilla, aquel R0 se mantendría bien por debajo de 0,5. Más importante aún: se evitaría una segunda o tercera oleada si las máscaras se complementan con confinamientos puntuales y parciales al menos durante 18 meses, tiempo que se cree suficiente para la obtención de la vacuna. El problema, como reconocen los autores, es que estos escenarios son una simulación que parte de una serie de suposiciones.

“Realizar estudios científicos para medir directamente la efectividad de las mascarillas es muy complicado”, recuerda Stutt. “Podemos ver la reducción del material exhalado por un infectado con o sin máscara, pero lo más difícil es calcular el efecto que esto tiene sobre los susceptibles de contagio”, detalla. Para saberlo con exactitud, habría que exponer a voluntarios al patógeno de forma deliberada, algo que plantea varios dilemas éticos.

Para Ellen Brooks, investigadora en salud pública de la Universidad de Bristol (Reino Unido), “aunque las mascarillas podrían reducir la transmisión en algunos entornos, como tiendas o transporte público, es poco probable que impidan la transmisión de contactos sociales cercanos y sostenidos, como en el hogar”. Mientras, el profesor Keith Neal, epidemiólogo de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), acepta la lógica de que cuanta más gente lleve mascarilla, más impacto tendrá en la propagación de la enfermedad, “pero depende mucho de la efectividad de las que vayan a usar”.

Otro temor de algunos científicos es que el uso generalizado de las máscaras genere una aparente sensación de seguridad. “No hay pruebas de que llevar mascarilla lleve a una relajación de otras medidas”, rechaza en un correo la profesora de atención primaria de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Trish Greenhalgh. Para ella, el estudio apoya la idea de que “los beneficios de cubrir la cara para reducir la infección entre la población superan a los potenciales daños del uso incorrecto”.

Entonces, ¿por qué la OMS y la mayoría de los Gobiernos occidentales no han recomendado (u obligado) al uso de las mascarillas hasta ahora? El catedrático de epidemiología del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), el español Juan Jesús Carrero, señala que pudo deberse a un cúmulo de circunstancias generadas por una pandemia no vista en tiempos recientes.

“La primera es interpretar la ausencia de estudios científicos como falta de efectividad”, explica Carrero. Inicialmente, las autoridades anteponían el principio de prevención. Otro motivo fue el miedo a un desabastecimiento que dejara al personal sanitario y contagiados sin sus máscaras. “La tercera es que al usar mascarillas, la gente relajase otras medidas tanto o más importantes, como el distanciamiento físico y la higiene”, apunta el científico español. Un cuarto miedo es que no basta con recomendarlas, hay que saber ponérselas. “El mal uso (cómo ponérselas, cómo quitárselas) también puede propiciar el contagio”. Y hay un quinto, que incluso alegó Donald Trump, recuerda Carrero: “Algunos (Trump incluido) pueden no querer usar las máscaras por razones estéticas o sensación de sofoco”.

Espionaje a periodistas y dirigentes, práctica ilegal del gobierno de Macri

Javier Tolcachier

Bajo el gobierno de Mauricio Macri, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) organizó un espionaje masivo de periodistas, académicos, dirigentes de organizaciones de la sociedad civil, fundaciones, cámaras empresariales y otras instituciones.

La información, dada a conocer por diversos medios, se desprende de la presentación judicial realizada el último viernes (5) por la actual interventora y responsable de la reorganización del organismo, Cristina Caamaño.

La acción develada ahora tuvo como objetivo escudriñar y exponer en fichas datos personales de quienes se acreditaron para cubrir o participar de la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) – celebrada en el país en Diciembre de 2017 – y la del Grupo de los Veinte (G20), que tuvo lugar en Argentina el 31 de Noviembre y el 1 de Diciembre de 2018.

Tales eventos debían servir a la administración macrista para catapultarse al escenario mundial como fiel vasallo de los mandatos del neoliberalismo, por lo que nada debía empañar tan preciado propósito.

Para la ocasión, los espías organizaron información detallada sobre 403 periodistas, 28 personalidades académicas y 59 referentes empresariales e integrantes de organizaciones de la sociedad civil.

De manera ilegal, la agencia revisó los perfiles de redes sociales para establecer preferencias ideológicas, pero también bases de datos del Estado para recopilar datos laborales, financieros o filiaciones de parentesco.

La información recogida sobre las y los trabajadores de prensa incluyó no solamente a posibles voces críticas, afines a la oposición o al movimiento antiglobalista, sino a muchos periodistas de los medios que blindaron comunicacionalmente al gobierno de Macri, como los del grupo Clarín, La Nación o Infobae.

Lo cual revela un móvil indudable: el temor de una administración elitista, sus resortes y asesores de seguridad, a que alguna voz disonante pudiera interferir en los glamorosos eventos.

Junto a la causa ahora iniciada, la Justicia investiga a Macri y varios de sus funcionarios en otras cuatro causas en curso por diversas violaciones a la Ley de Inteligencia.

Entre ellas, la causa por espionaje ilegal que tuvo como blanco principal a la expresidenta y ahora vicepresidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner junto a numerosos dirigentes sociales, referentes sindicales y políticos.

Los expedientes contienen informes sobre infiltración de espacios opositores al macrismo, intercepción de correos electrónicos, grabaciones, fotografías y archivos armados por el órgano de inteligencia, el que según la legislación vigente tiene vedado el almacenamiento de información sobre personas que realicen actividades lícitas, por ejemplo, pertenecer a una corriente política o verter información y expresar opiniones.

En las acciones de espionaje, reveló este martes (9) Página 12 en una nota de Sofía Caram y Raúl Kollman, estuvo involucrado un conjunto de “policías, agentes, abogados, periodistas, policías bonaerenses, narcos y barras bravas”, lo cual, más allá de la manifiesta ilegalidad de las acciones, expone la cercanía del gobierno de Macri a entornos delincuenciales.

Presión y extorsión contra jueces, filtraciones y operaciones de prensa, espionaje masivo e ilegal a periodistas y opositores; el repertorio mafioso de acciones que fuera denunciado repetidas veces en los cuatro años de desgracia neoliberal, comienza a quedar expuesto con abundante material probatorio ante la Justicia.

Justicia que espera a su vez por su propio proceso de depuración y regeneración. Más allá de los necesarios veredictos, la historia ya sentenció. El pueblo argentino eleva su voz y exige “Nunca Más” a estas prácticas y a estos personajes.

La OMS vuelve a meterse en un lío

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha apresurado a «aclarar» las afirmaciones de uno de sus altos responsables, que un día antes había provocado la perplejidad del mundo científico al calificar de «muy raros» los casos de transmisión del Covid-19 por parte de personas asintomáticas. Este nuevo episodio se suma a la ya difícil situación de la agencia internacional, acusada por Donald Trump de falta de transparencia y una mala administración de la pandemia del coronavirus.

«Utilicé la expresión ‘muy raros’ refiriéndome a los resultados de un reducido número de estudios que se ocupan de la transmisión del Covid-19 por parte de personas asintomáticas», explicó ayer María Van Kerkhove, responsable de la célula de enfermedades emergentes y zoonosis de la OMS. «Fue un malentendido afirmar que las transmisiones asintomáticas son globalmente muy raras», agregó.

El día antes, en respuesta a la pregunta de un periodista durante una conferencia de prensa virtual desde la sede de la organización en Ginebra, la epidemióloga había declarado: «Tratamos de recibir la mayor cantidad de información de los países miembros para responder realmente a esa cuestión. Pero parece raro que una persona asintomática transmita» la enfermedad.

Esa misma noche, Maria Van Kerkhove, había aportado a través de Twitter precisiones sobre sus declaraciones: «Los estudios completos realizados en personas asintomáticas son muy difíciles de realizar. Pero las pruebas disponibles a partir de testeos provenientes de los Estados miembros (de la OMS) sugieren que las personas contaminadas y asintomáticas son mucho menos susceptibles de transmitir el virus que aquellas que presentan síntomas», escribió.

Sus propósitos, ampliamente repetidos por las redes sociales, provocaron una viva reacción de la comunidad científica.

«Contrariamente al anuncio de la OMS, es imposible afirmar científicamente que los portadores asintomáticos del SARS-CoV-2 son poco contaminantes», afirmó en Twitter el profesor Gilbert Deray, especialista en el célebre hospital parisino de la Pitié-Salpetrière.

El profesor Liam Smeeth de la London School of Hygiene and Tropical Medicine se declaró «sorprendido».

«Existen algunas incógnitas. Pero las infecciones asintomáticas podrían representar entre 30% y 50% de los casos. Hasta ahora, los mejores estudios científicos sugieren que hasta la mitad de los casos resultaron infectados por personas asintomáticas o pré-asintomáticas», indicó en un comunicado.

Según los expertos, si la teoría sugerida por Van Kerkhove resultara cierta, las implicaciones en términos de gestión de la pandemia serían «enormes». En un informe publicado en 1° de abril, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) advertía sobre «la potencial transmisión asintomática» como justificación para imponer la distanciación social.

«Los resultados sugieren que, para controlar la pandemia, es posible que no baste con que las personas con síntomas limiten el contacto con los demás, porque los asintomáticos también pueden transmitir la infección», afirmaba el estudio del CDC.

Ante el revuelo desatado, Van Kerkhove aseguró ayer que sus declaraciones no significaban «en ningún caso, una posición oficial de la OMS». Lo mismo afirmó su colega Mike Ryan, director del departamento de Programas de Emergencia de la organización: «Los propósitos vertidos en conferencia de prensa no estuvieron destinados a sugerir que existe una política nueva o diferente en la institución», dijo. «Todavía hay cantidad de incógnitas sobre el virus y sobre la dinámica de su transmisión», precisó.

Este es, en todo caso, un nuevo y lamentable episodio en la larga serie de tropiezos que protagonizó la OMS desde que comenzó la pandemia. Al punto, que muchos comienzan a preguntarse si la agencia de Naciones Unidas logrará sobrevivir al virus.

En abril, Donald Trump anunció su decisión de suspender la contribución financiera de Estados Unidos a esa organización, responsable de coordinar los esfuerzos mundiales en tiempos de pandemia. El presidente norteamericano culpó a la OMS de una «terrible» gestión de la crisis y la acusó de complacencia -incluso de complicidad- con China, que habría tardado más de lo debido en anunciar al planeta la aparición del virus.

Las críticas a esa decisión no se hicieron esperar. Más allá de las sospechas de colusión política, el retiro de esa financiación en plena crisis apareció como un auténtico despropósito, que privará a numerosos países sin recursos de una preciosa ayuda.

Para coordinar los esfuerzos que requiere la salud mundial, el presupuesto bianual de la OMS asciende a 6000 millones de dólares. En comparación, el CDC norteamericano cuenta con un presupuesto de 11.000 millones de dólares por año. Estados Unidos financia la OMS con 550 millones de dólares por año, la suma más importante acordada por uno de los 194 países miembros de la organización.

La contribución de los Estados comprende sumas fijas y voluntarias. Las primeras son establecidas en función de los ingresos y la población de cada país. Las contribuciones voluntarias están libradas a la discreción de los Estados, que pueden así financiar proyectos acordes a sus prioridades.

«El problema es que las contribuciones fijas han declinado significativamente en los últimos años, representando actualmente menos de un cuarto de la financiación de la organización. Esa escasez de medios fragiliza las capacidades de la OMS, incluso en tiempos de crisis. Por ejemplo, cuando se trata de asistencia técnica o asesoramiento a los países», explica Carine Milcent, economista y especialista en sistemas de salud.

Por otra parte, si bien la organización cuenta con un amplio mandato que debería permitirle responder correctamente a una globalización que aumenta los riesgos sanitarios, carece de los medios necesarios para forzar la ejecución de esas normas, que reposan en gran parte sobre la voluntad de los Estados.

«La OMS solo puede intervenir para evaluar in situ el nivel de riesgo que representa una epidemia para la salud pública internacional cuando un país la autoriza. Es por eso que tuvo que transmitir una solicitud a China para que ‘la invite’ a investigar sobre el origen del virus», precisa Milcent para quien, en todo caso, «nada de esto exime a la OMC de rendir cuentas».

A su juicio, para sobrevivir, «la organización debe ser transparente en su gestión y demostrar una total ausencia de conflicto de intereses»