ONU: El mundo enfrenta su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial

Al presentar un informe sobre la pandemia global, Antonio Guterres llamó a los líderes internacionales a responder de manera más fuerte y efectiva ante la crisis y abordar «las dramáticas consecuencias» para la población.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, advirtió este martes que el mundo enfrenta su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Las declaraciones las hizo este martes en el marco del informe sobre el impacto socioeconómico de la pandemia a nivel global.

El alto funcionario señaló que el brote del nuevo coronavirus traerá una recesión «que probablemente no tenga paralelo en el pasado reciente». Además, explicó que el impacto económico de la enfermedad puede contribuir a «una mayor inestabilidad, mayor descontento y un mayor conflicto».

Bajo este escenario, Guterres hizo un llamado a los líderes internacionales para responder de manera más fuerte y efectiva ante la crisis. «Estamos lejos de tener un paquete global para ayudar al mundo en desarrollo a crear las condiciones para suprimir la enfermedad y abordar las dramáticas consecuencias en sus poblaciones», agregó.

«Crisis humanitaria»

Asimismo, el representante de la ONU mencionó que muchos trabajadores han perdido sus empleos, que las pequeñas empresas corren el riesgo de desaparecer y que las personas que viven de la economía informal ahora «no tienen oportunidad de sobrevivir».

Guterres se refirió a los efectos de la pandemia como una «crisis humanitaria» e instó a los países a olvidarse de «los juegos políticos» para contrarrestarla.

«Enfrentamos una crisis de salud global como ninguna en los 75 años de historia de las Naciones Unidas, una que está matando gente, extendiendo el sufrimiento humano y cambiando la vida de las personas», dijo al presentar el informe.

Cifras

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en 2020 se perderán entre 5 millones y 25 millones de empleos.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) prevé una caída del 30 % al 40 % en los flujos mundiales de inversión extranjera directa este año.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reevaluado la perspectiva de crecimiento para 2020 y 2021, declarando que hemos entrado en una recesión tan mala o peor que la de 2009.

Muertes por covid-19 en EE.UU. marcan un nuevo récord con 865 víctimas en las últimas 24 horas

El número total de personas fallecidas por el nuevo coronavirus en el país norteamericano asciende a 3.873.

Las muertes en EE.UU. por covid-19 han marcado un nuevo récord, con 865 víctimas reportadas en las últimas 24 horas. Tras este informe, el número total de personas fallecidas por el nuevo coronavirus en el país norteamericano asciende a 3.873.

Según los datos del Centro de Ciencia e Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins, hasta el martes 31 de marzo se han registrado 188.172 casos confirmados y 7.024 pacientes se han recuperado.

Las cifras se publicaron poco después que el presidente Donald Trump advirtiera que el país se prepara para un aumento de casos de coronavirus y que se prevén «dos semanas muy, muy dolorosas». Asimismo, advirtió que este periodo será «difícil» e instó a la población a colaborar durante la emergencia.

Además, el presidente señaló que su Administración está reservando la entrega de 10.000 ventiladores a los hospitales del país en vistas a un aumento de los casos de covid-19.

Durante esta jornada, la Casa Blanca estimó que entre 100.000 y 240.000 personas morirán en EE.UU. a causa de la pandemia del nuevo coronavirus si se preservan las actuales políticas de distanciamiento social.

 

Ecuador: Guayaquil tiene más muertos por covid-19 que todos los países Latinoamericanos

A las miles de imágenes de ciudades vacías y hospitales colapsados impresas alrededor del mundo por la pandemia de coronavirus, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se multiplicaron en la última semana videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.

La provincia del Guayas, donde se encuentra Guayaquil, tiene según los últimos datos oficiales más víctimas del covid-19 que naciones latinoamericanas enteras: 1.615 infectados y 52 muertos.

El colapso del sistema funerario producto de esta crisis es de tal magnitud que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, debió conformar una fuerza de tarea conjunta para poder enterrar a todas las personas fallecidas.

BBC Mundo se comunicó con algunos de los familiares y vecinos de las víctimas y los testimonios coinciden con aquellas dos palabras que Joseph Conrad destacó en su obra «El corazón de las tinieblas»: el horror, el horror.

«Mi tío murió el 28 de marzo y nadie viene a ayudarnos. Vivimos al noroeste de la ciudad. Los hospitales le decían que no tenían camillas y falleció en casa. Nosotros llamamos al 911 y nos pidieron paciencia. El cuerpo sigue ahí en la cama donde falleció, porque nadie lo puede tocar ni nada de esas cosas», cuenta Jésica Castañeda, sobrina de Segundo Castañeda.

Otra joven guayaquileña que vive en el sureste de Guayaquil y quien pidió que no se difunda su nombre, relató que su padre murió en sus brazos y estuvo 24 horas en la casa.

«Nunca le hicieron la prueba del coronavirus, solo nos decían que nos podían agendar una cita y que tome paracetamol. Tuvimos que retirar el cuerpo por medio de particulares porque no tuvimos respuesta del Estado. Uno siente impotencia al ver a su padre así y tener que salir a pedir ayuda».

Pero esta situación no afecta solamente a los muertos por el virus. Wendy Noboa, quien vive en el norte de Guayaquil, cerca de la terminal de autobuses, cuenta la historia de su vecino Gorky Pazmiño, quien murió el domingo 29 de marzo:

«Él se cayó y del golpe en la cabeza murió. Yo llamé al 911 y nunca vinieron. Él vivía con su papá, que tiene más de 96 años, por eso mi angustia. Permaneció en el piso todo un día, hasta que vinieron familiares con la caja para sepultarlo. Pero no lo pudieron sepultar porque no había médico que firmara el certificado de defunción».

Los casos son tantos que la periodista Blanca Moncada, del diario Expreso, ha comenzado una cadena en Twitter solicitando información de familiares y vecinos de personas que se encuentren en esta situación.

«Tomé esta decisión por el grito desesperado de muchos ciudadanos que tienen que esperar hasta 72 horas e incluso más para que las autoridades recojan los cadáveres que permanecen en las casas; busco cuantificar la magnitud de esta tragedia porque, en cuestión de cifras, Guayaquil es en este momento una gran nube gris».

Enfrentamiento político

El comandante de la Armada Nacional, Darwin Jarrín, quien asumió el 30 de marzo la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, indicó a BBC News Mundo que hasta el jueves 2 de abril, a más tardar, estarán enterrados todos los fallecidos en Guayaquil.

«El Ministerio de Salud entrega en los hospitales el acta de defunción, Policía y CTE (Comisión de Tránsito del Ecuador) trasladan los cadáveres a los dos cementerios -Parques de La Paz en la Aurora y el Panteón Metropolitano en la vía a la costa- y las fuerzas armadas los entierran», señaló Jarrín.

Pero lo ocurrido en la última semana de marzo en la ciudad -donde más de 300 cadáveres fueron recogidos en distintos domicilios por la policía ecuatoriana, según informa el diario El Comercio- puede tener serias consecuencias.

Para comenzar, la crisis ha enfrentado a la alcaldesa de Guayaquil con el gobierno nacional. Cyntia Viteri, quien se encuentra en cuarentena por haberse infectado con el coronavirus, reclamó el 27 de marzo a las autoridades nacionales por las falencias del sistema público:

«No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger. ¿Qué pasa con nuestros enfermos? Las familias deambulan por toda la ciudad tocando puertas para que los reciba un hospital público, donde ya no hay camas».

Además de los muertos en los hogares, la ciudad ha tenido que enfrentarse a la pesadilla de muertos en sus calles. Jésica Zambrano, periodista del diario El Telégrafo, le contó a BBC News Mundo su experiencia desde el centro de Guayaquil.

«Mi pareja salió a hacer las compras y se encontró una persona muerta, en las calles Pedro Carbo y Urdaneta. Más temprano nos dijeron que había otro muerto unos cuantos metros más allá. Aquí estamos acostumbrados a ver a mendigos durmiendo en las calles, pero como resultado de esta crisis personas desahuciadas mueren en el centro de la ciudad».

 

 

 

El Pentágono rechaza evacuar tripulación de un portaaviones tras un brote de coronavirus a bordo

El USS Theordore Roosevelt fue retirado de servicio la semana pasada después de que varias decenas de tripulantes enfermaran de covid-19.

 

El secretario de Defensa de EE.UU., Mark Esper, ha declarado que es demasiado pronto para evacuar al portaviones donde 150 marineros se han infectado con coronavirus, a pesar de la petición del capitán del buque de poner en cuarentena a toda la tripulación en tierra.

«No creo que estemos en ese punto», señaló Esper en una entrevista con CBS News respecto al posible desembarco de más de los 4.000 marineros del USS Theordore Roosevelt, el primer buque de guerra estadounidense en servicio en reportar un brote de covid-19 a bordo.

El jefe del Pentágono informó que actualmente se está trasladando «una gran cantidad de suministros y asistencia médica al portaaviones», que se encuentra en la isla Guam, en el Pacífico Occidental. El funcionario agregó que ninguno de los miembros de la tripulación se encuentra enfermo de gravedad.

El USS Theordore Roosevelt fue retirado de servicio la semana pasada después de que varias decenas de tripulantes se contagiaran de coronavirus, obligando al barco a desviarse de su misión en el mar de la China Meridional y atracar en Guam, donde todo el personal a bordo fue sometido a pruebas de detección del SARS-Cov-2. Al menos 150 de ellos dieron positivo.

 

El brote llevó al capitán del buque, Brett Crozier, a escribir una carta al Departamento de Defensa pidiendo que todo el personal pudiera desembarcar y ponerse en cuarentena en tierra. «Se requiere una acción decisiva ahora para… prevenir resultados trágicos«, escribió el oficial, sosteniendo que en lugar de pruebas adicionales para el virus, el «enfoque ahora debe estar en la cuarentena y el aislamiento».

 

Durante la entrevista, Esper indicó que aún no había leído la misiva de Crozier en profundidad y evitó hacer comentarios directos sobre la solicitud del capitán, más allá de cuestionar la necesidad de una evacuación.

«No he tenido la oportunidad de leer esa carta en detalle. Voy a confiar en la cadena de mando de la Marina para evaluar la situación y asegurarme de que brinden al capitán y a la tripulación todo el apoyo que necesitan para que los marineros estén sanos y que el barco vuelva a la mar», aseveró el secretario de Defensa.

Mientras tanto, se han reportado al menos otros tres brotes menores a bordo de buques de guerra de la Marina estadounidense: el USS Boxer, el USS Colorado y el USS Ralph Johnson, todos ellos atracados en la costa oeste del país norteamericano, aunque ninguno de ellos está actualmente desplegado.

El trágico desenlace: Ensayo de coro fue foco de un brote de coronavirus con 2 muertos y decenas de infectados

El golpe del coronavirus puede afectar prácticamente a cualquiera, y eso lo constataron de modo especialmente rudo los miembros de un coro en el área de Mount Vernon, Washington.

A principios de marzo, el estado de la costa oeste donde viven los integrantes del Coro de Skagit Valley, que canta en la Iglesia Presbiteriana Mount Vernon, comenzaba a ver un rápido crecimiento de la epidemia de coronavirus, sobre todo en el área de Seattle. Pero en Mount Vernon no se había registrado aún ningún caso.

Los líderes del coro discutieron el asunto y decidieron continuar con sus ensayos. Así, de acuerdo al relato del periódico Los Angeles Times, el pasado 6 de marzo los 121 integrantes del coro recibieron un mensaje de correo electrónico en el que se les comunicó que pese “al estrés y a la fuerza de las preocupaciones sobre el virus”, el ensayo seguiría de acuerdo a lo previsto.

No todos asistieron a la siguiente cita. Pero 66 cantantes acudieron y dada las circunstancias evitaron abrazos, usaron abundante desinfectante de manos y mantuvieron cierta distancia entre uno y otros al cantar.

Tras dos horas y media de música, el ensayo terminó. Todo parecía normal.

Pero, de acuerdo al LA Times, unos días después el escenario se volvió perturbador: 45 de los integrantes del coro fueron diagnosticados con coronavirus o presentaron síntomas, varios debieron ser hospitalizados y dos han fallecido.

Unos días después del ensayo, varios de los presentes comenzaron a sufrir problemas físicos: escalofríos y fiebre, dolor corporal y fatiga, algunos incluso diarrea, náusea y algunos pérdida del sentido del gusto y el olfato. Todos síntomas que, en mayor o menor medida, se han registrado en personas infectadas de coronavirus.

Varios miembros del coro se sometieron a pruebas y el diagnóstico fue claro: el suyo fue un “superbrote” de COVID-19.

En su página de Facebook, el Coro de Skagit Valley relató el rudo golpe que les propinó el COVID-19, y la tragedia de la muerte de dos de sus integrantes.

El contagio tan rápido y extenso que se dio en ese coro causó gran sorpresa, pues al parecer ninguno de los presentes mostró síntomas el día que se congregaron y por lo general mantuvieron distancia y evitaron el contacto físico.

Ruth Backlund, copresidenta del Coro de Skagit Valley, dijo a The New York Times que pidieron a sus integrantes que nadie que tuviera algún síntoma, así fuese leve, asistiera al ensayo. Y que todos los presentes lucían sanos.

“Nadie estaba enfermo. Nadie tocó a nadie ni se dio la mano. Nadie abrazó a nadie, como uno haría en un grupo. No hubo nada de eso”, comentó Blacklund al Times.

¿Cómo se dio entonces ese contagio de coronavirus a tan larga escala? Las circunstancias del caso sugieren a expertos médicos, según el LA Times, que el COVID-19 puede esparcirse vía aerosoles, micropartículas que pueden flotar en el aire hasta por cinco minutos o más, una posibilidad que hasta ahora la Organización Mundial de la Salud ha minimizado, al señalar que el contagio de coronavirus requiere contacto con secreciones de un enfermo mucho más grandes, que por lo mismo caen pronto al suelo y no quedan suspendidas por mayor tiempo en el aire.

Existen estudios que han hallado, como el publicado hace unas semanas en el New England Journal of Medicine, que el coronavirus sobrevive en aerosoles por un cierto tiempo (tres horas en el laboratorio y quizá media hora en condiciones reales). Así, comenta que, quizá, el acto de cantar, que implica un importante esfuerzo de respiración, pudo haber producido una expulsión extraordinaria de microsecreciones en aerosol que, al difuminarse en el lugar del ensayo del coro de Mount Vernon en gran cantidad, habían sido suficientes para difundir el coronavirus e infectar a muchos de los cantantes.

El hecho de que una proporción importante de los miembros del coro son adultos de edad pudo ser un factor de vulnerabilidad que hizo al grupo más susceptible ante el coronavirus.

Y si a eso se añade la posibilidad de que las personas que portan el virus pero no presentan síntomas puedan contagiarlo, el conjunto creó las condiciones para un contagio en masa en ese coro.

En todo caso, el alto índice de contagios en ese grupo resultó ciertamente extraordinario. Y es una señal de alerta a la población sobre la imperiosa necesidad de evitar concentraciones de personas para reducir el riesgo de expansión de la epidemia. Grupos que parecen no tener enfermos ni realizan interacciones considerables entre sí pueden catalizar la difusión del coronavirus.

El distanciamiento social es por ello de importancia crítica.

En el caso del superbrote de coronavirus en el coro de Mount Vernon aún no se ha identificado a la persona que fue la fuente original de contagio, pero la dinámica de expansión de la enfermedad en esa comunidad amerita un mayor estudio, de acuerdo a testimonios recabados por el LA Times. Tanto sobre cómo se dieron los contagios como sobre la razón por la que 15 miembros del coro no han enfermado ni mostrado síntomas.

Varios miembros del coro que sí enfermaron han comenzado a recuperarse, pero los fallecimientos, las hospitalizaciones y los padecimientos que han enfrentado han dejado su marca. Pero ellos esperan, presumiblemente, poder volver en el futuro a reunirse para entonar una canción a todo pulmón.

Italia: “Abuela, te quiero, pero no te pondría en cuidados intensivos” entrevista a un médico de cuidados intensivos de la región italiana más afectada por el covid-19

“En 10 años de carrera como reanimador me tocó ver muchas cosas, pero nunca algo parecido a esto”.

Cuando atiende mi llamada, el doctor Antonio Messina (Regio de Calabria, Italia, 1981) acaba de terminar su turno como anestesiólogo y reanimador de la unidad de cuidados intensivos (UCI) del hospital IRCCS Humanitas de Milán, en el norte de Italia.

Para él hoy han sido 8 horas, mañana serán 12 y, me cuenta, antes de tomarse un día de descanso con su pareja y dos hijos pequeños habrán pasado dos semanas.

Esta es la rutina de muchos médicos italianos que la pandemia de Coronavirus que afecta el país europeo les impuso desde hace más de un mes.

Milán, la ciudad donde vive y trabaja el doctor Messina, es la capital de la Lombardía, la región más afectada por el covid-19 en Italia.

Cuando acabemos de conversar, el virus habrá afectado en esta región a 35.000 personas, casi la mitad de todos los casos del país, y habrá causado la muerte de más de 5.000. Aunque mantener esta triste contabilidad en estos días es tarea complicada.

Varios centenares de enfermos por covid-19 están internados en hospital donde trabaja el doctor Messina, quien atiende con otros 60 colegas a los 35 pacientes en cuidados intensivos.

En esta entrevista con BBC Mundo, Messina explica qué es lo más difícil de estar en una UCI, cuáles son sus miedos y cuáles han sido los momentos que le han hecho llorar.

Pero también cuenta qué es lo más gratificante y cómo de importante le hace sentir su hijo de 6 años.

Y finalmente recuerda por qué publicó una emotiva carta a su abuela diciéndole cuánto la quería y explicándole por qué, si se contagiara de coronavirus, no la pondría en cuidados intensivos.

¿Cómo es la situación que está viviendo?

Humanamente, es una experiencia extremadamente difícil.

Nunca me habría imaginado, ni yo ni nadie, vivir en mi vida profesional algo parecido a esta pandemia. Tanto por el número de afectados como por las dificultades que conlleva trabajar en un entorno donde es fundamental no contagiarse.

Sin embargo, me siento muy orgulloso con nuestra respuesta como profesionales. Creo que todo el personal sanitario está dando una respuesta entre impensable y conmovedora.

Todos están dando lo mejor de sí y hay un clima de profunda colaboración y empatía, tanto con los enfermos como entre nosotros.

¿Hubo momentos en que se sintió abrumado por la situación?

Al principio, la parte más difícil fue adaptarse a trabajar durante tantas horas adentro de esos monos protectores.

Es muy duro, física y mentalmente, e incluso la dimensión del tiempo cambia radicalmente.

Además, tardamos unos 20 minutos para vestirnos. Y, una vez acabado el turno, para salir de la UCI tardamos 30, 40 minutos o incluso una hora.

Porque para desvestirse hace falta la ayuda de una persona externa que no esté contaminada, y este proceso solo se puede hacer con una persona a la vez. Si somos 10 los que acabamos de trabajar, tenemos que esperar nuestro turno para salir.

¿Cuáles son las mayores dificultades adentro de la UCI?

Por ejemplo, hablar con los enfermos es complicado. Ellos llegan con dificultades respiratorias y les ponemos un casco con oxígeno y nosotros estamos detrás de una máscara con visera.

Y luego está la relación con sus familiares. Nosotros los llamamos por teléfono todos los días, una vez por día, para explicarles cuál es la situación clínica.

Una vez, poco antes de entubar a un paciente y de que lo durmiéramos, lo último que me dijo fue: `Doctor, avise a mi mujer’.

En ese momento yo me pongo en su lugar y pienso cuál sería la última cosa que le diría a mi mujer o a mi hijo.

Eso es muy duro, pero es algo que nos ha pasado siempre en esta profesión. Lo que ahora lo hace diferente es la cantidad de pacientes.

¿Ha tenido que comunicar el fallecimiento de algunos de ellos a sus familiares?

¡Claro! Pero en nuestra profesión la relación con la muerte es algo cotidiano.

Lo que sí es muy difícil es comunicar por teléfono la muerte de una persona a un familiar que probablemente nunca hayas visto cara a cara.

¿Tuvo que aguantar las lágrimas en algunas ocasiones?

Creo que no es correcto aguantar las lágrimas, pero tampoco lo es llorar delante de un paciente. A mí también me entran ganas de llorar y si tengo que hacerlo, espero a estar solo o hacerlo en casa.

Siempre intenté no llevarme a casa los problemas del trabajo, pero lamentablemente en los últimos tiempos se volvió difícil, porque al estar confinados, es en casa donde rezuman todas las tensiones.

¿Cuándo le pasó por la última vez?

Fue hace unos días, porque estaba agotado.

Los italianos en las últimas semanas están saliendo al balcón a aplaudir vuestra labor. ¿Les ayuda en esta situación?

¡Esta es una de las cosas más lindas de todo este periodo! En la puerta de nuestro hospital han colgado una pancarta con el dibujo de un arcoíris y la frase “Andrà tutto bene” (irá todo bien, en castellano).

También hay una pizzería cerca que nos manda pizzas gratis y en los cartones nos escriben mensaje de apoyo.

Creo que la población está asustada y que se aferra a la sanidad pública como algo valioso. Esto es hermoso, así como creo que es hermoso que todos lo que lo necesitan sean tratados y gratuitamente.

¿Hay alguna muestra de afecto que lo haya impactado especialmente?

Mira, lo más lindo es lo que me transmite mi hijo de 6 años. Él percibe que algo está cambiando e intenta racionalizar lo que está pasando. A su manera, me hace entender que estoy haciendo algo importante. ¡Eso para mí es lo más bello!

También tengo el apoyo de mi entorno familiar y de mis amigos. Piensa que justo nos íbamos a mudar de casa y la persona que iba a entrar en la nuestra me dijo: ‘Sé lo que estás haciendo, tómate todo el tiempo que necesites’.

Hasta hoy han muerto en Italia más de 60 médicos. Más de 6.200 sanitarios se han contagiado, el 7,5% del total de casos. ¿Usted tiene miedo?

No, no tengo miedo. Me siento en el lugar y en el momento correctos. Si no lo hacemos los profesionales como yo, ¿quién más lo podría hacer?”.

Pero sí es verdad que hay posibilidad de que me contagie. Y lo que me asusta es justamente las posibles repercusiones sobre mi entorno familiar. Considera que mis padres tienen más de 60 años y claramente viven encerrados en casa.

Pero lo que me realmente me da miedo es la vuelta a la normalidad. No sé cuánto tiempo pasará antes de que podamos abrazarnos, estrecharnos la mano o mirarnos de cerca como hacíamos antes.

Creo que durante un tiempo quedará el miedo a contagiarnos.

Esto es lo que más extraña en este momento, ¿un abrazo?

Yo no puedo no abrazar a mi pareja o a mis niños. Sé que otros médicos han decidido vivir aislados de sus familias, pero soy consciente de que las posibilidades de ellos se infecten o que les pase algo grave son muy bajas.

Hace unos días publicó en su perfil de Facebook una carta que decía: ‘Abuela, te quiero mucho, pero si tuvieras coronavirus no te pondría en la UCI, y espero que no lo hiciera ningún otro médico’. ¿Qué quería decir con esto?

Mi abuela tiene 86 años, es lúcida, tiene buena salud, pero es muy probable que no saliese viva de un tratamiento de cuidado intensivos.

Pero no creas que es algo raro. Nosotros elegimos a diario y en equipo qué tratamiento aplicar según las condiciones de los pacientes y su expectativa de vida. Se llama proporcionalidad de los tratamientos. Es decir, en medicina se pueden hacer muchas cosas y las máquinas se pueden usar en muchos ámbitos.

Pero hay un momento en que lo que estamos haciendo ya no es funcional para la supervivencia del paciente y en que la aplicación de la técnica prevalece sobre las expectativas de curación.

Además hay que tener en cuenta la voluntad del paciente, y estoy seguro de que mi abuela tampoco querría entrar en cuidados intensivos.

¿Qué es lo primero que hará cuando la pandemia se acabe?

Sinceramente, una de las cosas que más extraño ahora es la normalidad: poder sentarme con mis amigos alrededor de una mesa y tomar una copa de vino y comer juntos algo rico.

Poco después acabamos la entrevista y nos despedimos. Pero, al cabo de unas horas, el doctor Messina me manda un mensaje de WhatsApp.

“Non molliamo e ne usciremo. Dobbiamo”. («No nos rendimos y saldremos de esta. Tenemos que hacerlo», en castellano).

 

Las muertes por coronavirus en Europa superan las 30.000

* Ya son más de 42.000 los fallecidos por covid-19 en el mundo, mientras que los casos de infectados superan los 860.000.

La cifra de muertes por el coronavirus SARS-CoV-2 en Europa supera ya las 30.000, según un balance de la agencia AFP.

Según la agencia, en Europa se han registrado un total de 30.063 muertes y 458.601 casos de contagio, siendo el continente más afectado por covid-19. Italia y España concentran más de las tres cuartas partes de los fallecimientos en Europa.

Italia sigue siendo el país europeo más afectado por la pandemia, con más de 105.000 casos confirmados y 12.428 fallecidos, según los últimos datos proporcionados por la Agencia de Protección Civil del país.

En España, el covid-19 ha dejado 8.189 muertos, mientras que en Francia 3.523 personas han fallecido debido a la infección, precisa AFP, citando cifras oficiales. Mientras tanto, según la Universidad Johns Hopkins, ya son casi 8.500 los muertos por el coronavirus en España.

A escala global, EE.UU. sigue concentrando el mayor de número de contagios confirmados, acercándose a los 190.000, con más de 4.000 casos letales. Ya son más de 42.000 los fallecidos por covid-19 en el mundo, mientras que los casos de infectados superan los 860.000.

Zizek: “A elegir entre el comunismo global o la ley de la jungla»

* Ante la propagación del covid-19, necesitamos decidir si promulgamos la lógica «más brutal de la supervivencia del más apto» o algún tipo de «comunismo reinventado», sostiene el filósofo esloveno.

A medida que el pánico por el coronavirus se extiende por el mundo, tenemos que decidir si promulgamos la «ley de la jungla» —la lógica «más brutal de la supervivencia del más apto»— o algún tipo de «comunismo reinventado» que incluya coordinación y colaboración global para afrontar la pandemia, sostiene el filósofo esloveno Slavoj Zizek en un reciente artículo de opinión para RT.

Para definir el comunismo que tiene en mente, el filósofo recuerda las declaraciones del director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien indicó la semana pasada que «esta epidemia se puede retrasar, pero solo con un enfoque colectivo, coordinado e integral que involucre a toda la maquinaria del Gobierno».

Zizek enfatiza que este enfoque integral «debería ir mucho más allá de la maquinaria de los gobiernos individuales», abarcando «la movilización local de personas fuera del control estatal, así como una coordinación y colaboración internacional fuerte y eficiente».

Si miles de personas son hospitalizadas, se necesitará «un número enormemente mayor de máquinas respiratorias», y para obtenerlas, el estado debe «intervenir directamente» de la misma manera que lo haría en condiciones de guerra «cuando se necesitan miles de armas», así como «confiar en la cooperación de otros estados», explica el autor del artículo. «Al igual que en una campaña militar, la información debe compartirse y los planes deben coordinarse por completo», detalla el filósofo.

«Se acabó lo de ‘EE.UU. (o quien sea) primero'»

La pandemia de coronavirus no solo pone de manifiesto el límite de la globalización del mercado, sino también el límite «aún más fatal del populismo nacionalista que insiste en la soberanía estatal plena», asegura Zizek, agregando que «se acabó lo de ‘EE.UU. (o quien sea) primero’, ya que EE.UU. solo puede salvarse a través de coordinación y colaboración global».

Lejos de apelar «a una solidaridad idealizada entre las personas», el analista argumenta que la crisis actual «demuestra claramente que la solidaridad y la cooperación global están en el interés de la supervivencia de todos y cada uno de nosotros, que es la única cosa egoísta racional que se puede hacer».

Dejar atrás el punto de vista «cínico vitalista»

Desde un punto de vista «cínico vitalista», uno «estaría tentado a ver el coronavirus como una infección beneficiosa» que permite a la humanidad «deshacerse de los viejos, débiles y enfermos, como sacando la hierba medio podrida, y así contribuir a la salud global», apunta el filósofo, para destacar que el enfoque comunista amplio que está defendiendo «es la única manera» de «dejar atrás un punto de vista vitalista tan primitivo».

Entretanto -alerta- los signos de reducción de la solidaridad incondicional «ya son perceptibles en los debates en curso». En este sentido, recuerda las recientes informaciones sobre el llamado protocolo de los ‘tres sabios’ en el Reino Unido, según el cual, tres consultores de alto nivel en cada hospital «se verían obligados a tomar decisiones sobre el racionamiento de la atención, como ventiladores y camas, en caso de que los hospitales estuvieran abrumados con pacientes», negando la atención vital a una parte de enfermos.

¿En qué criterios se basarán? ¿Sacrificar a los más débiles y mayores? ¿No abrirá esta situación espacio para una «inmensa corrupción»? ¿No indican tales procedimientos que nos estamos preparando «para promulgar la lógica más brutal de la supervivencia del más apto»? Estas son las cuestiones que se hace el filósofo, antes de reiterar que «la elección final es: esto o algún tipo de comunismo reinventado».

Putin ofrece a Trump ayuda médica y la acepta «con agradecimiento»

El presidente de EE.UU., Donald Trump, elogió a Rusia, China y «otros países» por enviar a territorio estadounidense equipamiento médico para minimizar la propagación de la pandemia de covid-19… a pesar de que las autoridades rusas no anunciaron nada al respecto.

Este mandatario aseguró que EE.UU. mantiene «excelentes relaciones con muchos países» y destacó el papel de Rusia, que habría enviado «un avión muy, muy grande cargado con equipamiento médico», algo que estimó «muy agradable».

Sin embargo, Trump no especificó qué tipo de ayuda habían proporcionado Moscú o Pekín ni nombró a los demás países que habrían colaborado con Washington.

Los orígenes industriales y neoliberales del Covid-19 (alias Sars 2.0)

Yasha Levine

A principios de este mes, destaqué el trabajo de Rob Wallace y escribí un poco sobre los orígenes industriales y neoliberales del virus de la corona-alias Covid-19 alias Sars 2.0. Como expliqué entonces:

El verdadero impulsor de la corona no es sólo China – es nuestro oligárquico e hiper-industrial modo de producción de alimentos. Este sistema monopolizado e integrado verticalmente fue perfeccionado aquí en América y luego exportado a todos los rincones del mundo. Se pavimenta sobre todo y prioriza la concentración de la riqueza y la máxima rentabilidad para una pequeña élite, mientras descarga la muerte y la destrucción que causa a todos los demás.

Ha creado las condiciones perfectas para producir patógenos mortales. Saca las enfermedades mortales de las profundidades de los bosques y selvas destruyendo los hábitats, construye granjas industriales de «carne» integradas verticalmente y llenas de animales clonados que crían los patógenos más virulentos, y luego engancha ambas fábricas de enfermedades a una cadena de suministro global que extiende el material por todo el mundo y a todos nosotros.

Si DARPA quisiera subcontratar un laboratorio de investigación y desarrollo para la producción de la pandemia, no podría haber encontrado una máquina de patógenos mejor.

Hay un par de artículos que salieron en los últimos días que amplían este tema – y que creo que vale la pena leer.

El primero es de Rob Wallace y su equipo. Publicaron un largo y algo técnico artículo sobre los complejos sistemas industriales globalizados que bombean patógenos como la corona hacia adentro de nuestra sociedad y lo que podemos hacer para evitar que esto suceda en el futuro.

Entre otras cosas, mira cómo la agroindustria de China es parte de un sistema globalizado impulsado por y conectado a los centros occidentales de poder financiero – y eso incluye a Nueva York, que ahora está en el extremo receptor de un patógeno mortal que este sistema ayudó a engendrar.

La segunda es una pieza del Guardian, que también se basa en gran parte en el trabajo realizado por Rob Wallace y su equipo. Naturalmente explora temas similares, incluyendo las prácticas neoliberales de agronegocios de China y su conexión con el capital financiero mundial, incluyendo Goldman Sachs.

A partir de la década de 1990, como parte de su transformación económica, China elevó sus sistemas de producción de alimentos a escala industrial. Un efecto secundario de esto, como han documentado los antropólogos Lyle Fearnley y Christos Lynteris, fue que los pequeños agricultores fueron socavados y expulsados de la industria ganadera. Buscando una nueva forma de ganarse la vida, algunos se dedicaron a cultivar especies «salvajes» que antes sólo se consumían para la subsistencia.

Los alimentos silvestres se formalizaron como un sector, y fueron cada vez más marcados como un producto de lujo. Pero los pequeños propietarios no sólo fueron expulsados económicamente.

A medida que las empresas agrícolas industriales ocupaban más y más tierras, estos pequeños agricultores también fueron expulsados geográficamente, más cerca de zonas no cultivables. Más cerca del borde del bosque, es decir, donde acechan los murciélagos y los virus que los infectan. La densidad y la frecuencia de los contactos en esa primera interfase aumentaron, y por lo tanto, también lo hizo el riesgo de un derrame.

Es cierto, en otras palabras, que la expansión de la población humana, que se adentra en ecosistemas previamente no perturbados, ha contribuido al aumento del número de zoonosis (infecciones humanas de origen animal) en las últimas décadas. Eso ha sido documentado para el Ébola y el VIH, por ejemplo. Pero detrás de ese cambio ha habido otro, en la forma en que se producen los alimentos. Los modelos modernos de la agroindustria están contribuyendo a la aparición de zoonosis.

Por ejemplo, la gripe, una enfermedad que se considera de alto potencial pandémico, que ha causado unas 15 pandemias en los últimos 500 años. «Existe un claro vínculo entre la aparición de los virus de la gripe aviar altamente patógena y la intensificación de los sistemas de producción avícola», afirma el epidemiólogo espacial Marius Gilbert, de la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica).

…China es uno de los principales exportadores mundiales de aves de corral, pero su industria avícola no es totalmente de propiedad china. Por ejemplo, después de la recesión de 2008, el banco de inversiones Goldman Sachs, con sede en Nueva York, diversificó sus explotaciones y se trasladó a las granjas avícolas chinas.

Por lo tanto, si China tiene su parte de responsabilidad en los acontecimientos que se extienden por todo el mundo, no es la única. Por eso Wallace insiste en hablar de geografías relacionales en lugar de geografías absolutas, cuando se trata de identificar las causas de las enfermedades. O como él lo dice: «Sigue el dinero».

Como a Rob y a otras personas que estudian las pandemias les gusta señalar, las pandemias no son sólo calamidades naturales al azar. Los tipos de patógenos que se seleccionan, cómo se propagan y cómo arrasan con la civilización, todas estas cosas son una expresión de nuestra política, nuestros valores y la forma en que nuestras sociedades están organizadas. Estamos viendo eso ahora.

Puede ser genial pensar que COVID-19 fue cocinado en un laboratorio de armas, pero la verdad es probablemente mucho más banal – y en última instancia mucho más peligrosa. Fue creado por nuestra sociedad hiper-industrializada y neoliberal. Es el producto de las prácticas comerciales «normales» de todos los días.