
mpr21.info
Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, ha amenazado a Estados Unidos e Irak, asegurando que intervendrá militarmente en la guerra actual si las organizaciones kurdas participan en operaciones contra Irán, según informa el portal de noticias Türkiye.
Desde el inicio de los ataques contra Irán, el Mosad, el servicio de inteligencia israelí, presiona al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y su rama iraní, el PJAK. El objetivo es utilizarlos como carne de cañón en la invasión del territorio iraní.
Durante una conversación telefónica con Trump, Erdogan se opuso inequívocamente a la participación kurda y advirtió de que Ankara intervendrá militarmente “independientemente de los procesos en curso, como lo hizo en Siria”.
“No escucharemos ningún discurso sobre las operaciones en curso. Atacaremos. Han visto lo que ocurrió en Siria, haremos lo mismo aquí. Cualquier intento de avivar las tensiones en la región dará lugar a medidas apropiadas”, dijo Erdogan.
El mes pasado, el ex primer ministro israelí Naftali Bennett viajó a Estados Unidos para dirigirse a los sionistas y les instruyó para que demonizaran a Turquía, calificándola como “el próximo Irán”.
La intervención turca en la guerra actual ampliaría la escalada bélica en Oriente Medio con más protagonistas. Se suma a las presiones de Israel para que los yihadistas de Damasco realicen el trabajo sucio en Líbano.
Si Estados Unidos no puede con Irán contando con sus propias fuerzas, lo mismo le ocurre a Israel con Hezbollah.
El seguidismo kurdo es ya una constante
El apoyo a la insurgencia kurda dentro del territorio iraní sigue el mismo guion visto en otros escenarios, como Siria. Su papel sería más bien propagandístico, para consumo de los medios occidentales porque las milicias kurdas no tienen fuerza para enfrentarse a Irán en una guerra convencional. A diferencia de la guerra de guerrillas, un choque directo con Teherán significaría enfrentar un aparato militar y una estructura política muy organizada.
En Siria, las milicias kurdas ganaron prominencia durante la guerra contra el gobierno de Bashar Al Assad y recibieron un amplio apoyo militar de los imperialistas. Sin embargo, la asociación resultó extremadamente frágil. Cuando los intereses estratégicos de Washington cambiaron, las fuerzas kurdas quedaron expuestas a ofensivas externas y presiones regionales que no pudieron contener, como se vio recientemente en los ataques del gobierno yihadista contra las regiones kurdas.
En términos prácticos, cualquier intento de lanzar una insurgencia armada dentro de Irán sería rápidamente neutralizado. El resultado predecible sería la destrucción de las milicias involucradas y el sufrimiento de las poblaciones kurdas locales. De hecho, experiencias recientes en otros países ya demuestran los límites de ese tipo de aventuras.
Los imperialistas no adiestran a las milicias kurdas para la defensa de sus propios intereses con métodos propios, adecuados para un movimiento popular, sino como extensiones de proyectos políticos ajenos. Si el verdadero objetivo es lograr la autodeterminación, el primer paso es desembarazarse de su subordinación a Estados Unidos y emprender otro camino.