Bagdad sacudido por el horror

Dos atentados en Bagdad, en el mes santo de los musulmanes, dejaron un saldo provisorio de 130 muertos y más de 160 heridos. El más sangriento fue reivindicado por el Estado Islámico. Del otro todavía nadie se hace responsable.

 

Unas 130 personas murieron y más de 166 resultaron heridas en dos atentados en Bagdad. El más sangriento, reivindicado por el Estado Islámico (EI), tuvo como objetivo un abarrotado centro comercial, justo cuando cientos de familias salían a la calle a la madrugada tras romper el ayuno diario de Ramadán, el mes sagrado del Islam. El atentado golpeó la zona comercial de Al Karrada después de la medianoche, especialmente la heladería más popular y antigua de la capital iraquí, uno de los puntos más concurridos durante las madrugadas del mes de Ramadán, cuando las calurosas noches de verano se convierten en el principal momento de socialización. Según fuentes policiales y sanitarias, un camión frigorífico lleno de explosivos se estacionó frente a la heladería y estalló, matando al menos a 125 personas, entre ellas niños y mujeres, y unas 150 resultaron heridas.

Poco después, un coche bomba explotó en otro mercado popular, en el barrio de Shaab, en el noreste de Bagdad, otra zona de mayoría chiíta, una de las tres comunidades étnicas o religiosas que componen el país y la que desde la invasión de Estados Unidos en 2003 dirige el gobierno nacional. En ese segundo atentado, que al cierre de esta edición no había sido reivindicado por ningún grupo terrorista, al menos cinco personas fallecieron y otras 16 resultaron heridas, informaron fuentes policiales que se resguardaron en el anonimato, según la cadena de noticias Al Jazeera.

Es difícil establecer una cifra definitiva de muertos por el fallecimiento de personas heridas y por los cuerpos que se encontraban atrapados bajo los escombros, señaló un funcionario del Ministerio del Interior iraquí, que pidió no ser identificado. La mayoría de las víctimas murieron quemadas o sofocadas dentro de un shopping y un centro de entretenimientos de varios pisos, el eje alrededor del cual giraba esa zona comercial. El enorme edificio quedó en pie, pero calcinado casi por completo. Lo mismo sucedió con los autos y todo lo que estaba alrededor. Cuando la policía empezaba a recolectar los cuerpos de los cuerpos que habían quedado calcinados y desparramados en el suelo, el EI reivindicó la autoría del ataque en un comunicado difundido en las redes sociales y páginas web vinculadas a milicias extremistas.

“En el marco de las permanentes operaciones de seguridad de los soldados del califato en la ciudad de Bagdad, el hermano muyahidín (combatiente santo) Abu Maha al Iraqui logró hacer estallar su coche bomba en una concentración de renegados”, señaló la milicia, haciendo referencia a la comunidad chiita. “Con el permiso de Dios proseguirán los ataques de los muyahidines contra los renegados”, advirtió el grupo radical.

El gobierno de Haider al Abadi decretó tres días de duelo nacional y anunció el endurecimiento de las medidas de seguridad, en medio de críticas y cuestionamientos hacia la figura del primer ministro iraquí. El Ejecutivo intentó aplacar el enojo popular por los cada vez más seguidos atentados en la capital atribuyéndolos a una consecuencia del avance en el plano militar contra la milicia. “Están tan desesperados por elevar la moral de sus combatientes, mucho de los cuales abandonan al grupo (el EI) de manera cotidiana, que creo que este tipo de ataques comenzará a crecer”, advirtió el dirigente Mowaffak Baqer al Rubaie en diálogo con Al Jazeera.

“El EI, después de haber sido aplastado en los campos de batalla, comete ataques con explosivos en un intento desesperado”, coincidió Al Abadi al visitar la zona devastada por la explosión, según un comunicado difundido más tarde por su oficina. Al Abadi intentó tranquilizar a la población y vaticinó que la victoria está muy cerca. Esa explicación, sin embargo, no le alcanzó a la población de Bagdad, que recibió al premier con piedras y abucheos en el lugar del atentado.

Lo cierto es que el EI viene sufriendo sucesivos golpes y reveses en el campo militar. En los últimos meses, el Ejército iraquí, con ayuda aérea de la coalición internacional liderada por Estados Unidos y asesores en el terreno de Washington y de Irán –países que no suelen pelear del mismo lado en un conflicto– recuperó mucho del territorio ganado por el EI desde 2014. La última gran derrota de la milicia se registró hace una semana, cuando el Ejército anunció, victorioso, que había recuperado el control de toda la ciudad de Fallujah, una de las localidades más importantes del oeste del país y ubicada a sólo 65 kilómetros de la capital del país, Bagdad.

Actualmente los islamistas del EI sólo controlan una gran ciudad de Irak, Mosul, la más importante del norte y la segunda de todo el país. Desde hace semanas el Ejército comenzó una ofensiva para empezar a recuperar las afueras de esa localidad. Y ayer anunció que tomó el control de tres pueblos al sureste. Mientras el Ejército, con ayuda de sus aliados internacionales, avanza sobre el EI, cercándolo, también es cierto que los atentados, especialmente dentro de Bagdad, se multiplicaron y son cada vez más masivos.

En mayo pasado, el EI mató a 93 personas y dejó más de 160 heridos en tres atentados coordinados en dos barrios de mayoría chiíta y otro sunnita –la misma rama del islam que esa milicia profesa– en Bagdad.

Seis días después, 45 personas fallecieron en otra ola de atentados en la capital iraquí y hace menos de un mes otro ataque suicida provocó una masacre. Los atentados fueron repudiados por un amplio arco que inlucuyó a organismos y a la comunidad internacional

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