Ascenso y caída de un oligarca ruso

El oligarca y traidor ruso Yevgeny Prigozhin, venía siendo investigado de cerca por los servicios de inteligencia de su país.

 

M K Bhadrakumar

* El hecho de que el motín del traidor Yevgeny Prigozhin se produzca en medio de la ofensiva ucraniana, cuando la guerra se acerca a un punto de inflexión a favor de Rusia, debe sopesarse cuidadosamente.

Los líderes del Kremlin han actuado con decisión para hacer frente a la amenaza de una insurrección armada por parte del oligarca ruso y autoproclamado ‘fundador’ del Grupo Wagner de contratistas militares, Yevgeny Prigozhin.

En una serie de videos publicados el viernes, Prigozhin alegó que las justificaciones del gobierno ruso para la intervención militar en Ucrania se basaban en mentiras. Acusó al Ministerio de Defensa ruso bajo el mando del ministro Sergei Shoigu de «tratar de engañar a la sociedad y al presidente y decirnos que como hubo una agresión loca de Ucrania, planeaban atacarnos con toda la fuerza de la OTAN». Afirmó que las fuerzas armadas rusas regulares habían lanzado ataques con misiles contra las fuerzas de Wagner, matando a un número «enorme».

Prigozhin declaró: «El consejo de comandantes de la PMC Wagner ha tomado una decisión: se debe detener el mal que trae el liderazgo militar del país». Prometió marchar sobre Moscú y pedir cuentas a los responsables.

El Servicio Federal de Seguridad o FSB (antes KGB) lo ha llamado «una rebelión armada»; el cuartel general de Wagner en San Petersburgo ha sido precintado; la Fiscalía General de la Nación dijo que «este delito es sancionado con pena privativa de libertad de 12 a 20 años».

En un discurso a la nación a las 10:00 hora de Moscú el sábado, el presidente Vladimir Putin condenó enérgicamente los acontecimientos describiéndolos como «un motín armado» y llamando a la «consolidación de todas las fuerzas». Putin trazó un paralelo con el levantamiento en Petrogrado en febrero de 1917 que condujo a una guerra civil prolongada con una intervención militar occidental a gran escala, incluido EEUU, «mientras todo tipo de aventureros políticos y extranjeros se beneficiaron de la situación desgarrando el país para dividirlo».

Prometió: «se tomarán medidas decisivas para estabilizar la situación en Rostov del Don (700 km al sur de Moscú, donde se encontraba Prigozhin con los combatientes de Wagner). Porque la situación sigue siendo difícil, el trabajo de las autoridades civiles y militares en realidad está bloqueado».

Putin señaló que aquellos «que organizaron y prepararon un motín militar, que tomaron las armas contra sus camaradas, traicionaron a Rusia» y serán castigados. En su corta intervención Putin nunca mencionó el nombre de Prigozhin.

Este enfrentamiento ha estado gestándose durante varios meses y se puede atribuir a las tensas relaciones de trabajo entre las fuerzas de Wagner y el Ministerio de Defensa ruso, la antipatía personal de Prigozhin hacia el Ministro de Defensa Shoigu y los altos mandos rusos, su ego hinchado, su ambición política y, sin duda, sus intereses comerciales.

Prigozhin cruzó la línea roja que Putin trazó al comienzo de su gobierno en el verano de 2000 en una reunión con 21 de los hombres más ricos de Rusia. Los rapaces «oligarcas», los llamó burlonamente, surgidos aparentemente de la nada y acumulando fortunas espectaculares mientras el país se sumía en el caos a través de negocios turbios, corrupción, asesinatos. En pocos años habían tomado el control de gran parte de la economía de Rusia. Bueno, en esa reunión a puertas cerradas, Putin les dijo, cara a cara, quién estaba realmente a cargo en Rusia.

Putin ofreció a los oligarcas un trato: «Dóblense a la autoridad del estado ruso, manténganse alejados del gobierno de Rusia o de la política interna, y podrán quedarse con sus mansiones, superyates, jets privados y corporaciones multimillonarias». En los siguientes años, los oligarcas que incumplieron este acuerdo pagaron un alto precio. Mikhail Khodorkovsky, con una fortuna de US$15 mil millones, que una vez ocupó el puesto 16 en la lista de multimillonarios de Forbes, es el caso más célebre: este famoso oligarca albergaba ambiciones políticas y ahora vive en el exilio en los EEUU.

Pero, por otro lado, los «leales» que se quedaron atrás se volvieron asquerosamente ricos y vivían de lujo como si no fuera asunto de nadie. Prigozhin, un hombre de origen humilde, estuvo entre ellos y logró amasar una gran riqueza. En cierto modo, simboliza todo lo que ha ido terriblemente mal en la era postsoviética de Rusia.

Sin embargo, la línea divisoria de «la lealtad» a menudo es borrosa, ya que los que se quedaron en Rusia se preocuparon por mantener una parte significativa de su botín en países occidentales, en bóvedas de bancos o como bienes muebles e inmuebles fuera del alcance de la ley rusa. Lo que significa que los oligarcas también son muy vulnerables al chantaje occidental. Como era de esperar, las capitales occidentales han pensado que los oligarcas podrían echar una mano para socavar el régimen del Kremlin desde dentro o crear una implosión social para desestabilizar a Rusia y desbaratar el esfuerzo bélico en Ucrania.

Los antecedentes de Prigozhin son una incógnita. Pero es concebible, que este hombre al que se le atribuye una gran influencia en los pasillos del Kremlin, haya estado en la mira y en las planillas de pago de la inteligencia occidental. Prigozhin tiene al menos US$ 1,2 mil millones en riqueza personal.

Prigozhin también fue una especie de pionero, ya que entró en una profesión enormemente lucrativa, la de administrar una empresa casi estatal de mercenarios que están entrenados y equipados para actuar como contratistas militares en puntos críticos en el extranjero, en países donde Rusia tiene intereses comerciales, políticos o militares vitales.

Moscú ya no promueve los movimientos de liberación nacional como en la era soviética. Pero tampoco puede ser impermeable a los cambios de régimen que sus principales oponentes occidentales promueven rutinariamente para servir a sus intereses geopolíticos en el llamado Sur Global (o en las ex repúblicas soviéticas).

Por tanto, Rusia ha encontrado una ingeniosa tercera vía al crear un ala militar formada al estilo de las legiones extranjeras o los contratistas estadounidenses. El Grupo Wagner ha demostrado ser extremadamente eficaz en la región del Sahel y en otras partes de África como proveedor de seguridad para los gobiernos establecidos. Las antiguas potencias coloniales ya no tienen un día de paseo cuando intentan dictar términos a los gobiernos africanos.

Baste decir que la domesticación de Prigozhin resultó ser difícil. Aunque la inteligencia rusa sabía hace tiempo que los servicios occidentales estaban en contacto con él, su postura pública ha sido cada vez más desafiante. El mandamás del grupo Wagner se ha estado convirtiendo en una seria distracción para el Kremlin. Una posibilidad es que la inteligencia rusa le haya dado cuerda larga para que se ahorque solo, al mismo tiempo que el Kremlin buscaba pacificarlo y cooptarlo en el esfuerzo de guerra.

En su discurso a la nación, Putin no llegó a alegar ninguna «mano extranjera» en los acontecimientos actuales, y señaló que «las ambiciones excesivas y los intereses personales [han] llevado a la traición». Pero, de manera bastante explícita, más de una vez, Putin destacó que serán las potencias extranjeras enemigas de Rusia las que se beneficiarán de la actividad de Prigozhin.

Significativamente, el FSB ha acusado directamente a Prigozhin de traición, lo que solo es posible sobre la base de información concreta de inteligencia y con la aprobación de Putin. El hecho de que el motín de Prigozhin se produzca en medio de la ofensiva ucraniana cuando la guerra se acerca a un punto de inflexión a favor de Rusia, también debe sopesarse cuidadosamente.

En el análisis final, este macabro intento de motín no prosperará. Los oligarcas son un grupo detestado en la opinión rusa. Cualquier esperanza occidental de organizar una insurrección en Rusia y un cambio de régimen bajo la bandera de un oligarca es una idea absurda, por decir lo menos.

El desafío inmediato será aislar a Prigozhin y sus socios incondicionales del grueso de los combatientes de Wagner. Putin ha elogiado la contribución de estos combatientes en la guerra de Ucrania. El carismático comandante en Ucrania, el general Sergey Surovikin, ha hecho un llamamiento público a las tropas de Wagner para que se sometan a las autoridades «antes de que sea demasiado tarde», regresen a sus cuarteles y aborden sus quejas de forma pacífica. Esto se explica porque a corto plazo, se necesita un enfoque sistémico para integrar el Grupo Wagner, que después de todo demostró su valor en la guerra de desgaste en Bakhmut.

observatoriocrisis.com

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/ascenso-y-caida-de-un

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