El Chapo presumió de su poder

Durante la cena con el actor Sean Penn, el jefe del Cartel de Sinaloa acepta lo que siempre había negado: “Suministro más heroína, metanfetamina, cocaína y marihuana que ninguna otra persona en el mundo”.

 

Pocos países y aún más pocos seres humanos pueden encarnar una historia cuyos rasgos son genuinamente cinematográficos. México y el narcotraficante Joaquín Guzmán Lorea, El Chapo Guzmán, han firmado una escenografía digna de las más espectaculares producciones del imperio del séptimo arte. Después de haber sido capturado en 2014 y encarcelado en una prisión de máxima seguridad, El Chapo se fugó hace seis meses a través de un túnel de un kilómetro y medio. Pero ahora, el jefe del Cartel de Sinaloa fue capturado nuevamente en su región natal gracias, según la curiosa versión oficial, a los contactos que mantuvo con actores y productores a quienes quería encargarles que hicieran una película sobre él. El reparto de la captura tiene como protagonistas al ejército mexicano, a la marina, a la policía federal, a la DEA norteamericana y a dos actores: el norteamericano Sean Penn, con quien se encontró en secreto antes de ser detenido, y la mexicana Kate del Castillo, quien arregló los términos de la entrevista entre El Chapo y Sean Penn. Pocos horas después de ser detenido, las autoridades mexicanas revelaron que lograron seguirle la pista porque habían pinchado sus comunicaciones con sus interlocutores encargados de explorar la realización de la película. No se sabía entonces quiénes eran estos “productores”. No es Star Wars, sino la Narco Stars. La identidad de uno de los principales contactos con El Chapo la reveló el mismo actor Sean Penn en un artículo publicado ayer por la edi- ción norteamericana de la revista Rolling Stone.

Primero, la procuradora general de la República, Arely Gómez, contó que los servicios de seguridad dieron con El Chapo luego de que identificaron los contactos entre los abogados de El Chapo y los actores. Cuando fueron a buscarlo, el narcotraficante logró escaparse por unos desagües fluviales pero la policía federal, sin saber quién era, lo detuvo junto a su hombre de confianza, Orso Iván Gastélum. De allí los trasladaron al Motel Doux, situado en el kilómetro tres que conduce a la localidad de Navojoa. La Federal mantuvo detenidos a los hombres en la habitación número 51 hasta que llegaron otros efectivos y los identificaron. Ya esta parte de la historia es rocambolesca. Por enésima vez, El Chapo, sitiado por centenas de hombres, habría logrado huir bajo tierra y emerger a un kilómetro y medio del lugar donde estaba sitiado. El hombre túnel no pudo esta vez burlar el cerco. Los pormenores del rastreo de El Chapo son esta vez más suculentos que su misma captura. Las versiones oficiales muestran que sin su apetito por agrandar su leyenda, no lo hubiesen vuelto a capturar tan fácilmente. Sean Penn y los demás intermediarios son la clave. En el artículo de Rolling Stone, el dos veces ganador del Oscar cuenta que se entrevistó con el jefe del Cartel de Sinaloa en octubre de 2015, en un lugar de la selva mexicana “montañoso y selvático”. La revista estadounidense también hizo circular un video de dos minutos ilustrado con la foto de El Chapo y del mismo Penn dándose la mano. Abajo de la foto aparece escrito: “después de una larga cena y conversación, El Chapo aceptó el pedido de Sean Penn de realizar una entrevista formal”.

Guzmán dice en la entrevista que “el hecho de que la droga destruye es una realidad, pero lamentablemente, como ya lo he dicho, allí donde crecí no había otra posibilidad de sobrevivir, y tampoco sigue habiéndola”. Cuando el actor norteamericano le pregunta si se siente responsable de los altísimos porcentajes de toxicómanos, El Chapo alega: “No, eso es falso, porque el día en que yo no exista, no mermará el tráfico de droga”.

Según él, la responsabilidad les incumbe a quienes consumen la droga: “Sin consumidores no habría venta”, afirma. Todo el episodio resulta surrealista, tanto más cuanto que el relato de Rolling Stone tiene dos niveles: uno, el video, donde El Chapo se muestra con una humildad y una sencillez muy alejadas de su imagen de delincuente, donde dice “yo jamás ando buscando problemas, sólo me defiendo”, y el relato de la conversación escrito por Penn, donde surge una imagen más acorde con la fama del entrevistado. En esa parte, El Chapo es El Chapo. Surge sin máscara, como cuando, durante la cena con Sean Penn, el mexicano acepta lo que siempre había negado: “No quiero ser retratado como una monja. Suministro más heroína, metanfetamina, cocaína y marihuana que ninguna otra persona en el mundo. Tengo flotas de submarinos, aviones, barcos y camiones”. En total, la reunión entre ambos hombres duró siete horas. Debió haber habido otro encuentro, donde estaba planeado filmar un video más largo, pero no se pudo concretar porque en ese mismo mes de octubre México ya lo había localizado sirviéndose de los contactos con los actores y productores. Pero, una vez más, El Chapo consiguió escaparse. La justicia mexicana quiere interrogar ahora al actor por su “mediación”. A su vez, Estados Unidos espera que el gobierno de Peña Nieto acceda al pedido de extradición, lo que no es nada evidente.

El expediente sobre El Chapo que elaboró el Departamento de Estado norteamericano le contabiliza a Guzmán Loera causas abiertas en unos seis Estados: Arizona, California, Texas, Illinois, Nueva York y Florida. Lo otro que también está pendiendo consiste en saber qué hará el Estado mexicano con la actriz Kate del Castillo, la heroína de La Reina del Sur y, en esta caso, verdadera heroína en la realidad –al menos para El Chapo– porque fue ella la principal operadora por medio de la cual se armó la entrevista y la cena con Sean Penn. De hecho, la actriz mexicana se convirtió en una suerte de “amiga” de El Chapo cuando, en enero de 2012, dijo en su cuenta de Twitter que tenía más confianza en el mismo Chapo que en el gobierno. “¿No sería maravilloso que usted empezase a traficar con amor?”, dijo en Twitter dirigiéndose al narcotraficante. El Chapo le mandó flores y allí empezó la relación. Ambos cruzaron cartas y llamados telefónicos con el blackphone, un teléfono que encripta las llamadas. Fue ella quien tomó contacto con un productor para organizar el rodaje de la vida de El Chapo. Un tal Espinoza y otro personaje apodado El Alto se encargaron de proponerle a Sean Pean la entrevista con El Chapo. Pean, según cuenta en Rolling Stone, no dudó un instante. Todos parecen haber atravesado la fronteras de los espejos y haber hecho de la realidad algo muy parecido a la ficción. Detalle que se agrega a otras incongruencias, en el video de la entrevista con El Chapo, la productora de Castillo figura como la propietaria de los derechos. El diario Universal asegura en su edición de este domingo que la Justicia mexicana tiene pruebas de que Kate del Castillo estaba ligada con El Chapo con un contrato.

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