
Augusto Zamora R.
Para responder a esta pregunta debemos partir del hecho dominante en nuestra época actual: la sociedad internacional vive un cambio sistémico como no se ha visto desde el descubrimiento del continente que se llamará América.
A partir de aquel lejano episodio, el planeta Tierra no sólo demostró su redondez, sino que supuso el inicio de la expansión mundial europea y occidental, convertida en menos de un siglo en hegemonía global.
Del siglo XVI al siglo XX, el mundo pasó a girar en torno a las potencias europeas occidentales que, luego de la II Guerra Mundial, pasaron el testigo a las dos superpotencias triunfantes, la Unión Soviética y EEUU. No obstante, aunque la URSS fuera un país euroasiático y EEUU uno americano, ambos compartían un similar patrón: eran, con sus profundas divergencias, potencias de cultura occidental europea, de modo que, aunque divididos por su distinta cosmovisión del mundo, las dos superpotencias prolongaron la hegemonía occidental en el mundo. Esa hegemonía es la que termina.
Resultaría imposible explicar el papel de las nuevas grandes potencias -China, Rusia, India- y de potencias medias emergentes -Brasil, Irán, Indonesia, Paquistán, Sudáfrica-, sin asumir que son ellas las principales protagonistas del cambio sistémico que se vive hoy.
Por vez primera en cinco siglos, los países que lideran los grandes cambios en el mundo, además de no ser ya potencias occidentales, todos ellos, con la excepción de Rusia, eran, al término de la II Guerra Mundial, colonias o neocolonias de potencias europeas y de EEUU. Por esa sumisión forzada, además de no pintar nada en la política mundial, eran territorios expoliados y atrasados a causa del saqueo que sufrían.
En este año 2026, la guerra de agresión de EEUU e Israel contra Irán está sirviendo de ejemplo del choque -brutal, ilegal, inmoral-, entre ese mundo que muere y que tan bien representa EEUU, y el mundo que emerge y que, también, Irán está representando con dignidad y resistencia inesperados. EEUU, con Donald Trump, encarna el imperialismo voraz, violento y brutal que dominó el mundo los últimos doscientos años. Irán, la tenacidad y el rechazo a esa forma de ver y entender las relaciones interestatales.
No estamos únicamente ante una nueva y simple guerra entre Estados, sino ante dos formas distintas y contrapuestas de ver y entender el mundo. Esa división se refleja en la posición de las grandes y las medianas potencias ante la agresión armada, que es como un anticipo del mundo que viene. Rusia y China apoyan a Irán. Países de la OTAN, a EEUU. Paquistán y Egipto intentan mediar. Pero casi nadie se ha apuntado a sumarse a la guerra contra Irán, algo que habría sido impensable hace apenas una década.
En este breve análisis no puede faltar el factor económico. En términos de Paridad por Poder Adquisitivo (PPA), las cinco mayores economías mundiales, según el FMI, son las siguientes: 1.- CHINA: 43.5 billones; 2.- EEUU: 31.8 billones; 3.- INDIA: 19.1 billones; 4.- RUSIA: 7.3 billones; 5.- JAPÓN: 6.9 billones.
China, India y Rusia son los países fundadores de los BRICS. Haciendo suma de las diez mayores economías del mundo, encontramos que los BRICS generan 75.1 billones de dólares, conformando el primer grupo en la economía mundial. EEUU, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido, que son la espina dorsal del atlantismo, producen 54.3 billones de dólares. China cerró 2025 con un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares. EEUU cerró 2025 con un déficit comercial de 901.500 millones de dólares. La deuda pública de EEUU es de 38,3 billones de dólares; la de China, de 18,7 billones de dólares.
Comparando la mayor economía europea, que es Alemania, con Rusia, los resultados son aleccionadores. Alemania, en 2025, obtuvo un superávit comercial de 169.400 millones de dólares. Rusia, con una guerra que lleva cuatro años y sometida a más de 26.000 medidas sancionadoras, logró un superávit de 101.700 millones de dólares.
Otro dato ilustrativo son las reservas de divisas. Las reservas de Rusia alcanzaron, en 2025, un máximo histórico de 833.572 millones de dólares, por 562.209 millones las reservas internacionales de Alemania, sin guerra ni sanciones. A las reservas rusas deben sumarse los 300.000 millones de dólares que los países atlantistas tienen congelados a Rusia.
Los datos económicos lo dicen casi todo. El siglo XXI será el siglo de Asia. Sin duda.