Ucrania e Israel: Unión entre neonazismo y nacionalsionismo

 

Pablo Jofre Leal | Hispantv

La operación militar iniciada por la federación rusa en Ucrania tiene dos propósitos bien precisos y dados a conocer profusamente: desnazificar y desmilitarizar aquel país convertido en punta de lanza y testaferro de Washington y la Organización del Tratado del Atlántico Norte – OTAN – contra Rusia.

Una federación rusa que ha sido cercada desde el fin de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS – rodeándola con bases militares e incorporando en esa conducta belicista, no sólo ex repúblicas soviéticas al seno de la organización Militar occidental, sino también a países que alguna vez formaron parte del llamado bloque socialista, generando un desbalance en el poder de esa zona del mundo.

Una clarísima provocación que ha sido alertada y denunciada por Rusia, exigida en su freno mediante el compromiso de garantías de seguridad incumplidas por occidente. Provocaciones permanentes a través del apoyo occidental a procesos desestabilizadores en Georgia, sino que en la propia Ucrania donde se alentó, apoyó y concretó el Golpe de Estado de febrero del año 2014, que significó nazificar el país.

Las palabras textuales del presidente ruso Vladimir Putin aquella madrugada del jueves 24 de febrero del año 2022 fueron “he tomado la decisión de llevar a cabo una operación militar especial. Su objetivo será defender al pueblo que durante ocho años ha sufrido persecución y genocidio por parte del régimen de Kiev. Para ello, apuntaremos a la desmilitarización y desnazificación de Ucrania».

Palabras de Putin que refrendan la necesidad de recordar y siempre contextualizar pues resulta una conducta contumaz el utilizar el relato, por parte de Washington y los suyos, que presenta el inicio de la historia de los procesos políticos desde el momento que le es útil para su visión de mundo, cuando ellos dan el punto de partida.

En Ucrania los hechos para Washington y los suyos partieron en febrero del año 2022, no en febrero del año 2014 e incluso antes con la política de cerco y máxima presión contra la federación rusa tras la disolución de la ex URSS. En el caso de Palestina, los medios occidentales transmiten en forma pertinaz, que los hechos del 7 de octubre con la operación de la resistencia palestina denominada Tormenta Al Aqsa “obligó” la respuesta supuestamente autodefensiva del régimen sionista israelí,

La estricta verdad es que la legítima acción de la resistencia palestina es producto de 75 años de ocupación, colonización y exterminio llevado a cabo por el nacionalsionismo contra Palestina y su pueblo. Proceso que ha implicado la usurpación y robo de sus territorios, el asesinato de decenas de miles de palestinos entre ellos miles y miles de niños con la idea de hipotecar el futuro del pueblo palestino.

La construcción de un muro de segregación en Cisjordania, el bloqueo total de la Franja de Gaza desde el año 2006 a la fecha. La demolición de viviendas, destrucción de cultivos, el impedir el retorno de los refugiados, la construcción de asentamientos con 650 mil colonos extranjeros afincados en Cisjordania.

Tener presente los hechos, tener contexto y análisis permite no dejarse seducir por la manipulación y desinformación, permite tener opinión propia y así desmentir y desmantelar el aparataje comunicacional de aquellos que desean seguir manteniendo la unipolaridad del mundo impidiendo el concretar un mundo multilateral.

La pregunta que surgió tras el inicio de las operaciones militares rusas en defensa del Donbás, fundamentalmente, es si correspondía hablar de desnazificación en un país apoyado por Washington y una Europa que había tenido participación en el combate al nacionalsocialismo y que en el caso de algunos países europeos sufrió en carne propia las políticas de exterminio del Tercer Reich, nunca como la ex Unión Soviética que entregó la sangre generosa de 27 millones de sus hijos e hijas para derrotar al nazismo.

La respuesta es más que evidente: un sí rotundo frente a una Ucrania, que como una sociedad de borregos está siendo conducida en el camino de una ideología de crimen y desprecio por todo aquello que no respondería a sus cánones sociales y políticos. No es casualidad que la figura de uno de los referentes del nacionalsionismo, aliado del régimen hitleriano y cómplice en los crímenes llevados a cabo por el Tercer Reich sea Stepan Bandera.

Icono reverenciado por el nazismo del siglo XXI en Ucrania. Mitificado como un héroe por aquellos que forman parte del llamado batallón Azov, Dnipro, entre otros, criticados por mostrar, exhibir y portar símbolos nazis, como el Wolfsangel, utilizado por la 2ª División SS Das Reich, y el Sol Negro. Sumemos grupos como el Partido Svoboda, el C-14 y el Pravyi Sektor – sector derecha – que han creado sus propias fuerzas de camisas pardas y que se han sumado a lo que son las fuerzas regulares del ejército ucraniano.

“Una docena de milicias identificadas desde 2014 se nutren de un antisemitismo rastreable a comienzos del siglo XX. Supremacistas, homofóbicos, etnocentristas, antirusos por excelencia”. Un Stepan Bandera que a la luz de la historia fue simplemente un oportunista ultraderechista, convertido en un colaboracionista del agresor nazi durante la invasión a la URSS, que facilitó el dominio de Ucrania y que luego cuando vio que había sido engañado en su traición y deseos de ver destruida a la URSS y sobre todo a Rusia y se volvió infructuosamente contra sus amos del Tercer Reich convencido que su plan de independencia no llegaría a buen puerto.

Lo paradójico es que un régimen como el kievista, donde predominan los sectores más ultranacionalistas, vinculados a la ideología nacionalsocialista tanto en discursos como en simbología, esté estrechando lazos con el régimen sionista cuya esencia es aferrarse al judaísmo – aunque ello sea oportunista – al semitismo y una ideología que sustenta mitos fundacionales del orden de auto considerarse pueblo elegido a quien se le habría otorgado un territorio por obra y gracia de una divinidad al parecer agente inmobiliario exclusivo y excluyente.

Un régimen cuya narrativa permanente es el recuerdo de lo que denomina el holocausto a manos precisamente del Tercer Reich cuya ideología nacionalsocialista llevó a la muerte, no sólo a millones de europeos de creencia judía, sino también 27 millones de soviéticos, prisioneros de guerra, políticos opositores al nazismo, discapacitados mentales y gitanos.

Hoy, el oportunismo político de un Zelensky – de una familia creyente en el judaísmo – con miembros del gabinete y un sector del ejército, desea ganarse la simpatía y el apoyo de Benjamín Netanyahu, no por un tema religioso, sino para confrontar a Rusia e incluso tratar de confundir a la voluble sociedad internacional, para que se vincule a Moscú con HAMAS.

Un Volodimir Zelensky que, al inicio de su mandato presidencial señaló que, entre sus prioridades, no estaba su condición de creyente judío “El hecho de que sea judío está en la posición 20 de la lista de mis rasgos”. Hoy, el otrora comediante se prodiga en mensajes de apoyo incondicional a Israel, tras lo acontecimientos del 7 de octubre pasado, cuando la resistencia palestina concretó una operación militar, que en pleno uso del derecho internacional le otorga el aval para el logro de su autodeterminación y el fin de 75 años de crímenes contra el pueblo palestino.

Zelensky, el día 11 de octubre pasado, en una de sus numerosas reuniones de coordinación entre Ucrania y la OTAN sostuvo que las democracias occidentales deben secundar la respuesta militar israelí en Gaza y no abogar por salidas negociadas. “A veces pensamos en cómo resistir o en cómo detener la guerra, cómo conseguir el diálogo con Irán o con Rusia, pero pienso que tenemos que hacer lo contrario”, dijo Zelensky, “no tenemos que dar ni siquiera la posibilidad al agresor de pensar en una tercera guerra mundial, en una nueva ola de agresiones, en una nueva tragedia”.

Mismo tenor de las palabras de Netanyahu y su gabinete de extremistas, que han amenazado incluso con exterminar a la población palestina, expulsarla de su territorio en Gaza y que hoy les niegan el agua, la electricidad, el acceso a alimentos y fármacos. La política de solución final en interpretación israelí -un remake de la Conferencia de Wannsee nacionalsocialista hoy en versión telemática entre Washington y Tel Aviv –.

Incluso si ello significa lanzar artefactos nucleares como lo sostuvo el ministro israelí de Patrimonio, el ultraderechista extremista Amichai Eliyahu, quien sostuvo y revelo de paso lo que Israel ha negado respecto a poseer artefactos nucleares “el lanzamiento de una bomba atómica contra la Franja de Gaza podría ser una de las opciones en la guerra” según señaló Eliyahu y dado a conocer por el diario The Times of Israel el domingo 5 de noviembre pasado.

Palestina ha sido tema también en la fuerte disputa entre el ente sionista y Rusia por el tema Ucrania, que tuvo su momento más tenso cuando el ex primer ministro sionista Yair Lapid sostuvo que Moscú estaba cometido crímenes de guerra en Ucrania. Para la cancillería rusa los comentarios de Lapid no sólo eran antihistóricos, sino que explican “en gran medida por qué el actual Gobierno israelí apoya al régimen neonazi de Kiev».

Esto, a pesar de que la defensa de Zelensky argumenta que la creencia judía del mandatario ucraniano lo excluiría de alianza con el nazismo. La realidad indica que la religión de Zelensky no significa, en modo alguno, que Ucrania no esté dominada por neonazis y que la religión sea aprovechada en forma oportunista por los extremistas, tanto de Ucrania como de Israel para acercar posiciones y objetivos comunes.

Moscú sostiene que “El antisemitismo en la vida cotidiana y en la política no se detiene y, por el contrario, se alimenta en el país europeo” cuestión que trae aparejado el peligro del crecimiento de esta animadversión expresada en pogromos, ataques y generación de un ambiente de odio y exclusión en el conjunto de Europa, precisamente por la acción entre Kiev y Tel Aviv.

No se queje Europa después del avance y peligro que significa reflotar la bestia del nazismo en sus distintas variantes, como lo vemos en varios países de una Europa comunitaria, que más parece el patio trasero de Washington que una mancomunidad soberana de naciones. Traigo a colación en este tema del reflotar neonazi en Europa, un interesantísima escrito del Embajador de Rusia en Chile, Sergei N.Koshkin publicado en diversos medios, donde puntualiza el hecho que “nazismo está siendo glorificado en Ucrania a nivel de Estado.

Efectivamente, una breve arqueología de decisiones tomadas por Kiev tras el golpe de estado del año 2014, que derrocó al ex presidente Viktor Yanukovich nos señal esta tendencia nazista y de consolidación del antisemitismo “el año 2015 fueron nombrados «luchadores por la independencia de Ucrania en el siglo XX» los combatientes de las unidades militares pronazi de la Segunda Guerra Mundial – la Organización de Nacionalistas Ucranianos y el Ejército Insurgente Ucraniano, así como sus líderes Stepán Bandera y Román Shujévich.

El último sirvió en los destacamentos armados del Tercer Reich, el llamado batallón Nachtigal, 201.º batallón de la Schutzmannschaft (Legión Ucraniana).
El año 2018, la Rada Suprema, parlamento ucraniano, aprobó para sus militares y policías el saludo de los colaboracionistas de la OUN ¡Gloria a Ucrania! y la respuesta ¡Gloria a los héroes!, el cual copia el infame saludo del Tercer Reich.

Desde el año 2019 el cumpleaños del colaboracionista con el ocupante nazi de Ucrania, Stepán Bandera se festeja a nivel de Estado: se llevan a cabo demostraciones con antorchas a estilo nazi en Kiev y otras ciudades de Ucrania. El 14 de octubre de 2022, Zelenski otorgó el título de Héroe de Ucrania a Miroslav Simchich. Tras la Segunda Guerra Mundial, fue condenado por la masacre de la aldea Pistyn, región de Ivano-Frankovsk, poblada por polacos.

El 6 de diciembre de 2022, el Tribunal Supremo de Ucrania declaró que los símbolos de la división de las SS “Galicia” ya no se consideran nazi en Ucrania. Una decisión que va en contra de las decisiones del Tribunal de Núremberg
Zelensky, apoyado por el régimen israelí y los políticos más fanáticos de una sociedad de por si extrema, exige a la OTAN y en especial a Washington que el maná de dinero y armas siga fluyendo a pesar de los crímenes de guerra y lesa humanidad que Israel comete contra el pueblo palestino.

El mandatario ucraniano afirma que, tanto Ucrania como Israel llevan a cabo una política de autodefensa frente a Rusia y la resistencia palestina y, por tanto, se infiere que el apoyo occidental no debe cesar. Unidad de propósitos y beneficios recibidos generosamente entre un régimen neonazi y el régimen nacionalsionista israelí.

La ambición, el mantener el sostén financiero y militar occidental, seguir mamando de la teta imperial, aunque las contradicciones políticas e históricas sean patentes es muestra indesmentible que nos encontramos ante dos gobiernos donde el elemento ético fulgura y brillará por su ausencia.

El pordiosero, el mendicante presidente de Ucrania no ha tenido pudor en poner la mano para recibir los miles y miles de millones de dólares para seguir prolongando una guerra que tiene perdida, pero al mismo tiempo incrementa la corrupción desatada en el país de Europa oriental y que ha generado severas críticas en la política europea y estadounidense.

Ante medios europeos que le preguntaron a Zelensky en Bruselas si le preocupa que la situación de agresión de Israel a Gaza diluya o desvíe la atención de Occidente de la defensa de Ucrania, el presidente ucraniano señaló que «Por supuesto que es una situación peligrosa, en primer lugar, para la gente en Ucrania que está en esta larga guerra.

Todo el mundo está preocupado de que, si hay otras tragedias peores en el mundo (con todo respeto a esas personas) y un volumen fijo de ayuda militar, ¿qué es lo que los socios, especialmente Estados Unidos, ¿pero también la Unión Europea nos podrán enviar?” La mano menesterosa de Kiev está abierta en espera de las dádivas mortales de occidente y de pasada un empujón a Israel, para que siga su política de exterminio del pueblo palestino.

70 mil millones de dólares es la cifra que sumerge la conciencia y el respeto a los derechos humanos en un barril de ácido. El nazismo y el sionismo unidos en la recepción de armas y dinero para seguir sus guerras. La retórica demencial de Zelensky no para, al sostener que “terroristas como Putin o Hamas buscan convertir en rehenes a naciones libres y democráticas. Y quieren poder sobre quienes buscan la libertad. Los terroristas no cambiarán. Simplemente deben perder. Y eso significa que debemos ganar».

Desde el parlamento sionista y en especial del partido gobernante – el Likud – se han elevado voces en que piden que Israel amplíe con ayuda militar su apoyo a Ucrania. El jefe de la Comisión de Exteriores y Defensa de la Knesset y diputado del gobernante Likud, Yuli Edelstein, ha dicho que es necesario ir más allá de la ayuda humanitaria a Ucrania y poner a su servicio el resto de las áreas tecnológicas y estratégicas, incluidas las militares.

Idea que no ha tenido como complemento ninguna referencia el carácter nazista del gobierno ucraniano y con ello la posibilidad cierta que el temido antisemitismo que tanto alerta Israel en su Hasbará y lavado de imagen ante el mundo, se coinvierta en una realidad allí, en las puertas de la Europa que sólo hace 78 años frenó al nacionalsocialismo.

Pero, tal recuerdo no perjudica los lazos, al estilo Haavara entre el régimen nazi y la federación sionista el año 1933 y que hoy se replica en la conjunción de intereses entre la Ucrania de Zelensky y el Israel de Netanyahu y su gabinete extremista. Una relación que se extiende desde el año 2019 cuando ambos políticos estrecharon lazos apelando su condición de creyentes judíos, aunque bien sabemos que si de algo carecen es de fe y más bien utilizan su religión para fines políticos oportunistas.

Hoy los pasos de matizar el avance del nazismo y el sionismo han llevado a parte del mundo – en especial el Donbás, Palestina, Siria, Irak, fundamentalmente, a sufrir los horrores del exterminio masivo a manos de la nueva alianza entre el nazismo de Kiev y el nacionalsionismo israelí.

Las acciones destructivas de occidente dirigidas a apoyar en forma irrestricta tanto al régimen ultraderechista ucraniano y al nacionalsionismo israelí están llevando, lo expliciten o no, al crecimiento y a la intensificación de conductas antisemitas, que arrastran también acciones de islamofobia.

Son las consecuencias de las políticas hegemónicas de un occidente, que tuvo responsabilidad en el desarrollo del nacionalsocialismo alemán y que hoy atiza el fuego destructor de un alianza neonazi y sionista que ha significado decenas de miles de muertos, heridos y destrucción sin que esto tenga visos de terminar.

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