
* Estados Unidos no tiene ningún interés en que el conflicto armado termine, ya que sus objetivos, al igual que los de Europa, son que la nación que lidera Putin sufra el mayor daño posible y que ceda el control de sus recursos naturales a sus enemigos.
La semana pasada publicamos las declaraciones de Lavrov afirmando que Estados Unidos ya no era un intermediario fiable en las negociaciones sobre la Guerra de Ucrania. Trump se había comprometido a desempeñar ese papel en las negociaciones de Alaska. Debía presionar a Zelensky para que se retirara del Donbas, a cambio de un alto el fuego declarado por Putin.
Ahora Trump y Rubio niegan que asumieran ninguna clase de compromiso y los rusos se lo reprochan. “Hubo una propuesta en Alaska, pero no se llegó a ningún acuerdo. Si hubiera habido un acuerdo, la guerra habría terminado”, dice Rubio.
Lavrov dice otra cosa. En Alaska, Putin repasó una por una las propuestas de Steve Witkoff, estando presentes tanto Trump como Rubio, que dieron su aprobación. Pero no se firmó nada, por lo que los rusos hablan del “Espíritu de Anchorage”, mientras Rubio se atiene al formalismo de la falta de rúbrica.
En cualquier caso, las posiciones de ambas partes están claras. Rusia quiere asegurarse el control total del Donbas antes de aceptar un alto el fuego, mientras Estados Unidos quiere que Ucrania inflija el mayor daño posible a Rusia durante el periodo intermedio.
Es exactamente la misma estrategia seguida por las potencias occidentales en Europa cuando se produjo el ataque alemán a la URSS. El objetivo era que el III Reich causara el mayor daño posible a la URSS.
El objetivo de Estados Unidos en Rusia es el mismo que en Venezuela: lograr que el Kremlin ceda participaciones mayoritarias de sus empresas públicas de recursos naturales.
El “Espíritu de Anchorage” tiene pocas posibilidades de prosperar, por no decir ninguna, y si alguna vez en el Kremlin se hicieron ilusiones al respecto, la realidad ha puesto de relieve su ingenuidad.
Fuente: mpr21