“El Jardín de Flores”, rehén digital de Estados Unidos

 

Miguel Carranza Mena

En pleno desarrollo del Siglo XXI, el “Jardín de Flores” como les llamó Josep Borrell a los países miembros de la Unión Europea, continúa siendo rehén de las grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos EE.UU. tales como Alphabet, Apple, Microsoft y Amazon.

A pesar de su distanciamiento con el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, los europeos han hecho poco o casi nada para romper esa dependencia tecnológica con EE.UU. que lejos de proporcionarles seguridad digital los convierte automáticamente en blanco fácil de agrupaciones de hackers altamente capacitados por Washington.

Y es que el 90 por ciento de los datos procedentes de toda Europa, está siendo administrado, almacenado y controlado por las llamadas Big Tech estadounidenses. El Jardín de Flores ha rechazado la construcción de su propio espacio digital por acomodarse a la tecnología norteamericana, confiándose en la inerte Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión TTIP.

Como resultado de esta esclavitud tecnológica, las redes sociales, las plataformas de información en la nube, los motores de búsqueda, los sistemas operativos móviles e incluso la infraestructura digital crítica de los países europeos, están siendo controlados por estas grandes corporaciones tecnológicas que se encuentran jurídicamente en territorio de EE.UU. y que son manejadas por el Gobierno estadounidense.

Este control que ejerce Washington no es pura casualidad, sino que forma parte de los objetivos trazados por la Casa Blanca para apoderarse de la información y el ciberespacio de otros países sin importarles incluso que sean sus grandes aliados.

“Guerreros cibernéticos”

Actualmente, el Ejército gringo cuenta con un programa de entrenamiento para sus “guerreros cibernéticos” en el Centro de Excelencia Cibernética (Cyber Center of Excellence) en Fuerte Gordon, Georgia, hoy conocido como “Fort Eisenhower”. Este programa forma parte del USCYBERCOM (Comando Cibernético de los Estados Unidos) establecido en 2009 para realizar nada más y nada menos que ataques cibernéticos contra los países a los que la Casa Blanca desea desestabilizar.

Estas fuerzas tecnológicas, junto a la cada vez más impopular y despreciada Agencia Central de Inteligencia (CIA), ya han llevado a cabo operaciones ofensivas contra infraestructura crítica de países hermanos.

Venezuela, por ejemplo, ha denunciado en varias ocasiones a EE.UU. por atacar su infraestructura crítica con ciberataques. En marzo de 2019, más de 20 venezolanos murieron en los hospitales por falta de energía eléctrica tras el cobarde ataque perpetrado por Washington y sus lacayos venezolanos a la central hidroeléctrica Simón Bolívar “El Guri”.

Estos ataques cibernéticos que afectaron las comunicaciones y energía del país sudamericano, señalaron al U.S. Cyber Command USCYBERCOM y al U.S. Space Command (USSPACECOM) de ser los responsables.

El secuestro del presidente Nicolás Maduro en enero de este año fue posible también, según el New York Time, gracias a las capacidades cibernéticas de EE.UU. Durante este asalto violatorio al derecho internacional y humano, los “guerreros cibernéticos” estadounidenses dejaron sin luz la ciudad de Caracas mofándose después de volver a conectar el suministro eléctrico sin mayor preocupación.

En un comunicado, el portavoz del Comando Cibernético de EE.UU. admitió que la organización “estaba orgullosa de apoyar la Operación Resolución Absoluta”.

A los hackers estadounidenses también se les señala de coordinar guerras informativas y operaciones en redes sociales para desestabilizar a los Gobiernos Soberanos de Nicaragua y Cuba. Los especialistas estadounidenses utilizan cuentas falsas en las redes sociales, así como clubes de supuestos seguidores de determinadas “causas justas”, que se suman a las campañas contra los países que son blanco de agresiones.

Lo más peligroso, sin embargo, es que los norteamericanos han integrado las operaciones digitales en su doctrina militar de espectro completo, combinando defensa, inteligencia y capacidades ofensivas, sobre todo.

Europa en la mira

Con el distanciamiento entre europeos y estadounidenses y el control casi absoluto de los datos por parte de Washington, el Viejo Continente corre el peligro de que hackers norteamericanos puedan fácilmente infiltrarse en sus redes y robar toda la información necesaria para los intereses de la Casa Blanca, si es que no lo han hecho.

Sin duda, los aranceles, las presiones comerciales de Donald Trump y las amenazas de tomar Groenlandia, parecen haber socavado esa alianza que mantuvieron por muchos años como socios los europeos y estadounidenses.

Por ello en algo que no se debe confiar Europa, es que el USCYBERCOM y el USSPACECOM pueden sabotear sus fuentes de energía, su sistema financiero o realizar campañas de desinformación para apoderarse de Groenlandia o simplemente para cumplir cualquier capricho de Donald Trump.

Ante este funesto e inseguro escenario de la era digital, Rusia y China proponen construir un sistema global de seguridad de la información basado en el diálogo y mecanismos internacionales, dentro de asociaciones como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shangai.

Proponen establecer reglas globales de comportamiento en el ciberespacio para evitar conflictos, ciberataques y desestabilización política, así como el respeto a la soberanía digital de los Estados. Cada país tiene derecho a regular su propio espacio informático e Internet.

Plantean la prohibición del uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación, TIC, para la desestabilización de otros países mediante campañas de desinformación, ataques cibernéticos o interferencia política. Y, sobre todo, esta iniciativa propone la protección de infraestructuras críticas como electricidad, telecomunicaciones, banca, transporte y otras estructuras vitales para la tranquilidad y paz de nuestros pueblos.