Tiempos de resistencia ética

En días pasados estalló un secreto a voces: la existencia de corrupción en la FIFA, tras el proceso abierto en EE.UU. a altos dirigentes de esta entidad supuestamente implicados en un sinnúmero de irregularidades y actos delictivos, a partir de investigaciones realizadas por el FBI. Paradójicamente, con golpes de pecho y discursos moralizantes han tratado de capitalizar este evento, directa o indirectamente, corporaciones comprometidas con tales jugarretas, como las grandes cadenas mediáticas y sus bifurcaciones. Las mismas que condenaron a grandes figuras del fútbol cuando con anterioridad formularon denuncias de este tipo.

 La resonancia de este acontecimiento, sin duda, tiene que ver con el hecho de que se trata de una de las expresiones más indicativas de la globalización en términos mercantilistas: el fútbol, uno de los deportes más populares del orbe, tiene a la FIFA como su instancia máxima con estatus de ONG sin fines de lucro, pero en sus arcas cuenta con cifras monetarias como cualquiera de las grandes empresas transnacionales, pero superando a la mayoría de ellas en la capacidad de influencia política.

No se trata de una excepción. Para limitarnos a los últimos acontecimientos, días atrás se había revelado la participación de políticos y empresarios de diversos países en movimientos financieros fraudulentos operados por el banco HSBC. Y si pasamos al plano de los organismos internacionales, basta mirar lo que sucede en el seno del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyos tres últimos dirigentes han sido investigados por actos de corrupción.

Estos hechos no son fortuitos. Como sostiene el sociólogo francés Alain Touraine, autor de la obra El fin de las sociedades, son expresión más bien del dominio del capitalismo financiero, que está anulando las construcciones sociales del pasado. Quien, por lo mismo, asume que lo que queda es confiar en la resistencia ética. Y en esta línea destaca la presencia del Papa Francisco en el escenario internacional, por su trayectoria y vocabulario.

A diferencia de sus antecesores, desde el inicio de su misión Francisco asume claramente un rol de estadista, colocando en su agenda los problemas del mundo y de la sociedad, a partir de una postura autocrítica respecto a la propia Iglesia (reforma de los organismos vaticanos, correcciones en la administración económica, punición a los actos de pedofilia, etc.), para que ésta se torne de puertas abiertas.

Rescatando la concordancia entre la palabra y los hechos, su compromiso con la paz y la solución de los conflictos internacionales ha tenido múltiples expresiones, desde la denuncia de que “una tercera guerra mundial puede haber empezado de a poco, con crímenes, masacres y destrucciones”, hasta acciones mediadoras específicas (Israel y Palestina, EE.UU. y Cuba, Siria, etc.).

El Papa acaba de publicar la Encíclica «Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común» (1), convocando a una conversión ecológica. Al año pasado, con su exhortación apostólica Evangelii Gaudium expuso su pensamiento social y dejó en claro sus cuestionamientos al neoliberalismo, reivindicando la primacía del ser humano sobre el capital y la necesidad de recuperar pautas éticas en la vida personal y colectiva. En esta línea, propició el Encuentro Mundial de Movimientos Populares -Roma-Vaticano, 27-29 octubre 2014- (2), para vislumbrar conjuntamente “nuevos caminos de inclusión social”. Y desde entonces ha quedado abierto un espacio de diálogo, al tenor de las palabras de Francisco en este cónclave: “Queridos hermanas y hermanos: sigan con su lucha, nos hace bien a todos”.

1) http://www.alainet.org/es/articulo/170482 (18/06/2015)

2) Movimientos populares en el Vaticano: Articulando alianzas, http://www.alainet.org/es/active/78763 (13/11/2014)

* Artículo publicado en la edición 505 (junio 2015) de la revista América Latina en Movimiento, sobre “Francisco y los movimientos populares: Tierra, Techo y Trabajo”. http://www.alainet.org/es/revistas/170627

http://www.alainet.org/es/articulo/170820

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