Una declaración deshonesta contra Cuba, no fruto de la ignorancia

Los enemigos de la Revolución Cubana necesitan desacreditar a la Isla. Para eso construyen en el aire bases militares chinas y crímenes políticos, para justificar la injusticia y apretar el cerco 

El miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció la falacia presentada en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el que se responsabiliza al Estado de Cuba por la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas. 

En Twitter, el Canciller desmintió «la farsa a la que se ha sumado el secretario de Estado Blinken. Sobran las evidencias sobre las causas de la muerte de Oswaldo Payá, dictaminadas por tribunales de Cuba y España. Su pronunciamiento es deshonesto, no fruto de la ignorancia». 

La CIDH, adscrita a la OEA, desconoció los resultados del proceso judicial realizado en ocasión de los hechos. En consecuencia, emitió un informe en el cual, sin aportar una sola evidencia, determina que agentes del Gobierno cubano provocaron el accidente automovilístico en el que murieron Oswaldo Payá Sardiñas y Harold Cepero Escalante, en la provincia de Granma, hace casi 11 años. 

LA VERDAD DE LOS HECHOS
 

En julio de 2012, Ángel Carromero, ciudadano español, vicesecretario general de la organización Nuevas Generaciones, del movimiento juvenil del conservador Partido Popular (PP) español, y asesor del Ayuntamiento de Madrid, y el ciudadano sueco Jens Aron Modig, líder de la Liga de la Juventud Demócrata Cristiana (KDU), vinculada a la derecha sueca, viajaron a Cuba con visados de turistas. 

La misión encomendada era financiar a miembros de la disidencia interna y elaborar planes contra el Gobierno cubano, actividad ilegal, condenada por las leyes en cualquier lugar del mundo. 

El 22 de julio, los ciudadanos europeos viajaban en un coche con Payá y Cepero, cuando sufrieron un accidente de tránsito cerca de la ciudad de Bayamo. Los cubanos, que se encontraban en el asiento trasero del auto, sin cinturón de seguridad, perdieron la vida. Carromero y Modig sobrevivieron. 

En su declaración a la Policía, en el hospital de Bayamo, Carromero, conductor del auto, dijo que no vio la señal que indicaba una zona de obras y perdió el control del vehículo, estrellándose contra un árbol. La agencia de prensa española EFE confirmó esta versión: «no llegó a ver una señal de tráfico de reducción de velocidad». 

Tres personas que se encontraban en la zona, en el momento del accidente, José Antonio Duque de Estrada Pérez, Lázaro Miguel Parra Arjona y Wilber Rondón Barreroont, corroboraron que el vehículo iba a alta velocidad y se estrelló contra el árbol al resbalar en la carretera. 

Modig explicó a El Nuevo Herald, de Miami, que ningún otro vehículo estuvo implicado en el accidente, lo cual fue confirmado por Carromero en una entrevista con EFE: «Ningún vehículo nos golpeó por detrás», y rechazó las teorías del complot de la familia Payá que ya circulaba en los medios de comunicación. 

En una información brindada al diario de Estocolmo, el padre de Modig, Lennart Myhr, explicó que habló con su hijo después del incidente. «En ningún momento se refirió a otro vehículo ni a una persecución de los servicios de inteligencia cubanos». 

El contrarrevolucionario Elizardo Sánchez declaró a la Agencia Francesa de Prensa que no creía la tesis del complot. 

En aquel entonces, el diario español El País puso en tela de juicio la versión de la familia Payá: «La tesis de una tenebrosa conspiración para matar a Payá, que la familia y parte de la oposición sugirió al principio, se desvanece luego de las declaraciones del propio Carromero y Modig confirmando que todo fue un accidente fatal». 

El conductor del auto fue enjuiciado por homicidio imprudente. Según los especialistas, el vehículo transitaba a una velocidad superior a los 120 kilómetros por hora, violando el límite de 60 kilómetros establecido, y frenó repentinamente en una carretera resbaladiza, sin asfalto. 

Para que tengan más elementos de juicio, el vehículo realizó el recorrido de La Habana a Bayamo, de 800 kilómetros, en menos de ocho horas, con tres paradas. 

Según estableció el Ministerio del Interior de Cuba, la «falta de atención al control del carro, el exceso de velocidad y la decisión errónea de frenar en una superficie resbaladiza fueron las causas del trágico accidente que costó las vidas de dos seres humanos». 

No era el primer delito de tránsito del homicida. Estábamos en presencia de un peligroso reincidente, al que le retiraron el carné de conducir en mayo de 2012 por exceso de velocidad. Había acumulado 45 multas por delitos de tránsito, desde marzo de 2011, por lo que tuvo que pagar un total de 3 700 euros. 

Tras un juicio de varias semanas, el Tribunal condenó a cuatro años de cárcel a Ángel Carromero por homicidio imprudente, en octubre de 2012. Sin embargo, en diciembre de 2012, tras cuatro meses de prisión, se le autorizó a cumplir el resto de su condena en su país de origen por un acuerdo entre Madrid y La Habana. 

 

SE VUELVE A ARMAR EL CIRCO
 

Carromero Barrios, quien había dicho sentirse apenado por lo sucedido, y suplicó no se politizara el ominoso suceso, una vez fuera de Cuba, se desmintió a sí mismo y se convirtió en paladín de la calumnia contra el Gobierno de la Isla. 

Ahora, los actores del circo y sus tarugos obvian, sin pudor, las declaraciones del entonces cónsul general de España en Cuba, Tomás Rodríguez Pantoja, quien calificó el juicio celebrado en la ciudad de Bayamo como un proceso «correcto, limpio y procesalmente impecable». 

Desconocen la opinión del abogado defensor, José María Viñals, quien declaró que el procesado Sr. Carromero no se quejó del trato en prisión y que él, como letrado, pudo trabajar de forma independiente con su defendido. 

Un elemento muy importante a tener en cuenta fue que la Audiencia Nacional de España, en voz del juez Eloy Velasco Núñez, magistrado y director general de Justicia, inadmitió la querella interpuesta por la familia Payá contra dos oficiales de altos cargos de la Seguridad cubana, a quienes acusaban de los homicidios. 

La Justicia española asumió el criterio de la Fiscalía cubana, al entender que el relato de la querella contradecía la versión de los hechos declarados probados en la sentencia cubana, que condenó al conductor del vehículo accidentado a una sentencia por homicidio imprudente, pena que fue aceptada por él sin apelar. 

Los enemigos de la Revolución Cubana necesitan armar de nuevo el circo de Carromero y la CIA, necesitan desacreditar a la Isla. Para eso construyen en el aire bases militares chinas y crímenes políticos, para justificar la injusticia y apretar el cerco. 

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