La descarada ambición de Trump por la Ruta Marítima del Ártico

 

Miguel Carranza Mena

Hay dos razones por las que el involucrado en el caso Epstein, Donald Trump, quiere tomar la Isla danesa de Groenlandia. Por muchos años, esta zona casi inhóspita de la Tierra pasó desapercibida para los estadounidenses porque la “súper potencia” del norte, junto a sus aliados europeos, han sido incapaces de desarrollar embarcaciones marítimas que rompan el hielo del Océano Ártico.

Mientras los gringos y sus aliados esperaban que estas aguas se descongelaran, la Federación de Rusia ha puesto en marcha más de 34 rompehielos diésel y 8 buques de propulsión nuclear, convirtiéndose en amos y señores de la zona.

El Ártico ha sido, por lo tanto, el escenario de la Ruta Marítima del Norte, RMN, que la Federación de Rusia ha usado para su comercio con Asia y Europa por considerarse una vía más rápida que el Canal de Suez. Mientras que por el canal de Suez los buques comerciales tardan 40 días, por el Ártico, ese mismo recorrido dura entre 18 y 20.

Y es que desde los tiempos de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS y hasta más reciente en 2007, el Kremlin mantiene una presencia histórica en esta zona, en la cual se destaca por ser líder de su exploración. En declaraciones recientes, el presidente Vladimir Putin ha prometido continuar desarrollando la región independientemente de los pronósticos del tiempo: por si el Ártico entra en una fase de enfriamiento en lugar de sufrir un calentamiento global.

Lo cierto es que el Ártico ha cobrado notoriedad, tras el interés del inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump de querer apoderarse mediante la compra o toma militar de la Isla de Groenlandia, cuya soberanía le pertenece al Reino de Dinamarca, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.

Analistas coinciden en que el verdadero interés de EE.UU. sobre la compra o toma militar de Groenlandia representa el intento del país norteamericano de obtener una base estratégica que le asegure el control de la ruta ártica. En palabras sencillas, afirman que Washington desea internacionalizar la Ruta Marítima del Norte de Rusia, sin ningún derecho legal que le ampare.

Ese interés descarado de Washington por el Ártico busca impedir que sus enemigos imaginarios como Rusia y China dominen la zona. Por tanto, la Casa Blanca pretende debilitar el control de Rusia sobre la Ruta Marítima del Norte, la cual el país euroasiático considera como arteria de su transporte nacional.

La paranoia norteamericana le ha llevado a referir la supuesta incapacidad de Dinamarca para defender adecuadamente la Isla de Groenlandia de la imaginaria amenaza rusa y china, lo que le ha generado un conflicto de interés con sus antiguos socios europeos y hasta con la propia OTAN.

La presión de Washington ha llevado a sus antiguos socios como Alemania, Francia, Noruega y Reino Unido, a desplegar contingentes militares para defender la soberanía de uno de sus miembros frente la amenaza de un aliado que hasta hace poco era clave. “Los analistas aseguran que, con este movimiento bélico en Groenlandia, Europa quiere proyectar una “unidad”, la cual es frágil ante el poderío militar de la Casa Blanca.

Lo que sí se ha hecho evidente en este conflicto de intereses entre estadounidenses y europeos por el Ártico, es la inclinación de la OTAN hacia Europa. La organización trasatlántica le está dando la espalda a su principal creador y financiador, como son los norteamericanos.

Este desaire de los dirigentes de la OTAN y sus socios europeos con Washington, ha llevado a Donald Trump a considerar seriamente la posibilidad de una retirada estadounidense de la alianza. El inquilino de la Casa Blanca considera esta decisión por muchos motivos, entre ellos la agresión a la República Islámica de Irán.

En esta guerra por más de un mes con Teherán, la OTAN y Europa han prestado oídos sordos a las peticiones de Donald Trump de sumarse a los esfuerzos bélicos de EEUU. e Israel para “acabar con Irán”, demostrando por segunda ocasión sus desacuerdos y desprecios con la administración del involucrado en el aberrado caso Epstein.

Ya no es solamente por Groenlandia, ahora también por la guerra en Irán, que la OTAN y Europa han patentado su desplante y humillación con Washington. Lo cierto es que, en esta historia de ambiciones y desacuerdos entre los antiguos socios, Rusia se alza hasta por la naturaleza como la nación más dominante del Ártico.

Los casi 30 mil kilómetros de costas que posee Rusia en El Ártico, su liderazgo en la exploración y comercio en esta zona intransitable, convierten al Kremlin hasta por derecho histórico en el país con el mayor dominio de esta región septentrional de la Tierra.